03 abril 2026

Mons. Urbanč: “La Eucaristía no es un mero rito, es el centro, fuente y cumbre de la vida cristiana”

Durante la noche del Jueves Santo 2 de abril, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, presidió la Misa de la Cena del Señor, concelebrada por el rector y el capellán de la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle, presbíteros Juan Ramón Cabrera y Ramón Carabajal, respectivamente, y el padre Bartolomé Centeno.

Con esta celebración eucarística, se dio inicio al Triduo Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y se instituyó la Sagrada Eucaristía y el Sacerdocio ministerial y el mandamiento nuevo del amor fraterno.

En el comienzo de su homilía, Mons. Urbanč explicó que “la celebración que correspondía a la mañana de hoy, acá en Catamarca, la hemos celebrado el martes a la noche, la Misa Crismal, porque también los sacerdotes hemos renovado las promesas que hemos hecho el día de nuestra ordenación. Y ahora en la tarde celebramos la Misa de la Institución de la Eucaristía, que si bien en el relato que hemos escuchado del Evangelio de hoy, no se habla de la Institución de la Eucaristía, sino de un gesto que Jesús hace en esa Última Cena”.

Al reflexionar sobre la lectura del Libro de Éxodo cuando el pueblo judío celebra su partida de Egipto con la fiesta de la Pascua, indicó que “éste es el contexto histórico que Jesús está celebrando con los apóstoles la cena pascual, la última que celebrarán los apóstoles, porque después Jesús instituye la nueva celebración pascual, que es lo que celebramos en la Misa”.

“En esa cena -continuó-, Jesús tomó un poco de pan ácimo, sin levadura, y dijo: ‘Tomen y coman, éste es mi cuerpo que se entrega por ustedes’. Quedaba un poco de vino en una copa, la toma y dice: ‘Ésta es mi sangre que se derrama por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. Desde ese día en adelante se celebra la Pascua cristiana incruenta, ya no hay que matar corderos, porque el único y definitivo Cordero sacrificado por la salvación del mundo es el mismo Jesús”.

 

El hermoso testamento de la Eucaristía

En otro tramo resaltó que “Jesús nos dejó como su hermoso testamento, la Eucaristía, para que tengamos vida plena en Él. No crean que es un mero rito que nos congrega una vez a la semana o con ocasión de un difunto, la Eucaristía es el centro, fuente y cumbre de la vida cristiana. Esto es lo que Jesús dejó. Eso es lo que dijo el apóstol Pablo en el texto que hemos escuchado hoy, el primer texto eucarístico de la Biblia en la Carta a los Corintios… Dice así: Lo que yo recibí del Señor y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, dio gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía’. Del mismo modo tomó la copa y dijo: ‘Ésta es la Copa de la Nueva Alianza que se sella con mi sangre. Siempre que la beban háganlo en memoria mía’”.

Luego exhortó: “Esto hay que cumplirlo, hay que vivirlo, no es sólo para escucharlo, es para celebrarlo. Cada vez que coman este pan y beban esta copa proclamarán la muerte del Señor hasta que vuelva. Éste es el sentido de la Misa de hoy, la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, porque Jesús se va al Cielo y deja a los apóstoles y sus sucesores, para que perpetúen este gesto, esta acción salvífica, que es la Santa Misa. Si eso el católico no lo tiene claro, no entendió absolutamente nada de la fe, porque si no recibe el Cuerpo y la Sangre de Cristo no tiene la capacidad para amar, no tendrá caridad y si no tiene caridad está muerto”.

 

Estar siempre al servicio de los demás

Después señaló que “el gesto que Jesús hace en esa última cena es un anticipo del gran gesto de entregar la vida en la cruz, porque Él ha dicho que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos, y Jesús la dio incluso por los enemigos, así que vale más todavía”. Y describió el pasaje bíblico: “Terminada la cena, Él se levanta, se saca el manto, busca una palangana, una toalla y se pone a lavar los pies a los apóstoles, cosa que a Pedro no le gustó mucho”...  Pero “Jesús para terminar la discusión generada le dice: ‘Pedro, si no te lavo los pies, no tendrás parte en mi suerte’. Pedro le dice: ‘Entonces, Señor, me bañas entero, yo quiero estar contigo`”.

“Después que les lava los pies a todos, les dice: ‘Miren, Yo que soy el Señor y el Maestro les he lavado los pies a ustedes… Ustedes van a hacer lo mismo los unos con los otros’, es decir, la vida cristiana es la vida de servicio. Si uno no se pone al servicio de los demás, vive inútilmente. Esto es lo que deja Jesús como un testimonio concreto de su última cena, la Institución de la Eucaristía y el gesto de estar siempre al servicio de los demás”, manifestó.

“A continuación, vamos a repetir este gesto de Jesús”, señaló, llamando a que “no tengan miedo de cuidar a los enfermos, a los ancianos…hay que cuidar especialmente a los más frágiles. Eso enseña Jesús con este gesto del lavatorio de los pies, servir, servir”.

Hacia el final de su predicación invitó a que “vivamos este Triduo Pascual con la actitud de Jesús, porque entonces sí que será válida y provechosa toda esta participación en esta celebración. Y después podremos también celebrar con alegría el triunfo de la Resurrección sobre la muerte, el triunfo de la verdad sobre la mentira, el triunfo del perdón sobre el odio, el triunfo de la luz sobre las tinieblas”.

 

Lavatorio de los pies

Seguidamente, el Obispo lavó los pies de doce laicos entre niños, jóvenes y adultos, repitiendo el gesto de Jesús con los apóstoles en aquella última cena antes de ser condenado a morir en la Cruz por nuestra salvación.

 

Adoración al Santísimo Sacramento

Luego de la bendición final, Mons. Urbanč, acompañado por los sacerdotes concelebrantes, llevó en procesión el Santísimo Cuerpo de Cristo, presente en la Sagrada Eucaristía, a través de la nave central de la Catedral Basílica hasta el altar lateral norte, donde los fieles lo adoraron con oraciones, reflexiones y cantos.

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Fotos: facebook e instagram Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat

02 abril 2026

Vía Crucis viviente puesto en escena por personal policial

Durante la noche del miércoles 1 de abril, el predio del Polideportivo Policial, ubicado en la Ruta Nacional N° 38, sector sur de Capital, fue escenario del Vía Crucis viviente realizado por efectivos policiales y personal administrativo de distintas dependencias de la Policía de la Provincia.

En un clima de devoción y con una importante participación de miembros de la familia policial, se vivió la puesta en escena de las estaciones del Camino de Cruz que transitó Nuestro Señor Jesucristo para dar su vida por nuestra salvación.

De esta manera, todos los presentes compartieron un momento de oración y reflexión en torno a la gran muestra de amor de Dios, que constituye el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de su amado Hijo, para liberarnos del pecado.

La propuesta de fe estuvo coordinada por la Dirección de Bienestar Policial y Capellanía Policial, contándose con la presencia de los capellanes, Pbros. Héctor Salas, Guillermo Chanquía y Esteban Chaile.

Participaron autoridades policiales, entre ellas, el Jefe de Policía de la Provincia, Crio. Gral. (RE) Marcos Manuel Herrera; el Subjefe de Policía, Crio. Gral. Lic. Omar Gustavo Seiler; el Inspector General, Crio. Gral. Sebastián Eduardo Carrizo, integrantes de la plana mayor, oficiales superiores, jefes, subalternos, suboficiales, agentes, alumnos cadetes y aspirantes a agentes, personal administrativo y retirado de la fuerza de seguridad provincial.

En la oportunidad, se destacó la predisposición de todos los que organizaron, actuaron y colaboraron para realizar este Vía Crucis, en el marco de la Semana Santa.

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María Solidaria visitó la Maternidad Provincial

Como parte de las actividades por el Día del Niño por Nacer, que se celebra el 25 de marzo, Fiesta de la Anunciación del Señor, el martes 31 de marzo, integrantes del grupo de voluntarios María Solidaria, que funciona en el Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica, visitaron la Maternidad Provincial.

En la ocasión, hicieron entrega de un cuadro con la imagen de la Virgen de la Dulce Espera y regalos para cada niño consistente en una bolsita con ropa y una medallita para el coche o la cuna con el Ángel de la Guarda. Por su parte, las mamás recibieron una estampa con un denario. Todos estos elementos fueron bendecidos.

Además, compartieron un momento de oración rogando por la salud de cada una de ellas y sus bebés.

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01 abril 2026

Invitación del Movimiento de la Palabra de Dios

JORNADAS DE PASCUA 2026

“Un encuentro que puede cambiarlo todo”

Esta Pascua te invitamos a vivir algo distinto… a frenar un poco, a encontrarte con vos mismo, con otros y, sobre todo, con Jesús, que te está esperando con algo nuevo para tu vida.

📅 2, 3 y 4 de abril 

🕒 De 14:30 a 20:00 

📍 Parroquia Inmaculado Corazón de María (República 167) 

👥 +18 años (¡podés venir con tus niños!)

Podés traer (opcional): 

📖 Biblia o Nuevo Testamento 

📝 Cuaderno y lapicera 

🧉 Mate o algo para compartir 

Jesús te espera. ¿Te animás? 

📩 Cualquier duda, escribinos  

IG: @mpd.catamarca 

📱 3834 668129

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Mons. Urbanč: “Ponemos en las manos sacerdotales del Señor Jesucristo nuestra propia fragilidad”

En el marco del Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú, durante la noche del martes 31 de marzo, se celebró la Misa Crismal, presidida por el obispo diocesano Mons. Luis Urbanč y concelebrada por los sacerdotes de los cuatro decanatos de la Diócesis: Capital, Centro, Este y Oeste, quienes por la mañana participaron de la Jornada Sacerdotal en la casa de retiros espirituales Emaús.

Una gran cantidad de fieles laicos y consagrados, provenientes de las distintas comunidades parroquiales, se reunió en la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle para participar de esta celebración especial en la que se consagra el Santo Crisma y se bendicen los Óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y los presbíteros renuevan las promesas sacerdotales.

En el comienzo de su homilía, Mons. Urbanč se dirigió de manera particular a los sacerdotes, a quienes inicialmente les dijo: “Una vez más, Dios Padre nos concede la gracia de celebrar, con el Santo Pueblo de Dios, el don inestimable del sacerdocio ministerial para el que nos eligió inmerecidamente el Único y Eterno Sacerdote, mediador entre Dios y la humanidad, Jesucristo, su amado Hijo, que se hizo hombre para redimirnos del pecado y hacernos consortes de la vida divina”.

Luego agradeció “a todos los que han venido a acompañar y a rezar por sus respectivos sacerdotes y a participar de la bendición de los Óleos con los que se harán, a lo largo del año, las unciones correspondientes. El Buen Pastor nos ayude a vivir sinodalmente la tarea evangelizadora que Él ha confiado a su Iglesia”.

En otro tramo de su mensaje indicó que “en esta Misa Crismal, en el marco del Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú, eximio ejemplo de los ungidos por el Espíritu Santo, laicos, consagrados/as, sacerdotes y el obispo, le pedimos al Padre que renueve en nuestros corazones la unción, que todos hemos recibido en el bautismo, la misma unción con que ungió a su Hijo amado -el predilecto- y que Él nos comunicó abundantemente, como lo expresa el libro del Apocalipsis (1,5b): ‘Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre’”.

Dirigiéndose a los sacerdotes expresó: “Mi deseo y oración en esta Eucaristía es que, al renovar las promesas que hicimos el día de nuestra ordenación, nuestro Padre del Cielo nos renueve la gracia de tener los gestos propios de los ungidos, gestos sacerdotales y paternales para ungir a nuestro pueblo en la esperanza. Esperanza puesta sólo en Jesús, para sentir que son Sus manos las que lo libran y sanan, que son Sus labios los que le dicen la única verdad que consuela, que es Su corazón el que goza de habitar en medio de su pueblo y sentirlo carne de su carne”.

 

“Que el Padre renueve en nosotros el

Espíritu de santidad con que fuimos ungidos”

“Somos sacerdotes en lo más íntimo, sagrado y misterioso de nuestro corazón, allí mismo donde somos hijos por el Bautismo y morada de la Trinidad. Nuestro esfuerzo moral consiste en ungir, con esa unción profundísima, nuestros gestos cotidianos y más externos, de manera que toda nuestra vida se convierta, por nuestro servicio, en lo que ya somos por gracia”, afirmó.

Asimismo, rogó: “Que la unción sacerdotal nos vaya convirtiendo en Pan, mientras ungimos el pan cotidiano al consagrarlo en cada Eucaristía, y al compartirlo con nuestros hermanos. Que la unción sacerdotal nos vaya convirtiendo en hombres llenos de ternura, mientras ungimos con bálsamo el dolor de los enfermos. Que el Padre renueve en nosotros el Espíritu de santidad con que fuimos ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de manera tal que la unción llegue a las múltiples periferias, allí donde nuestro pueblo fiel más lo necesita y valora”.

Al meditar sobre el texto de san Lucas para esta Liturgia señaló que “el evangelista ubica a Jesús en la sinagoga de su pueblo, es como si Jesús estuviera en la Iglesia de su barrio, en nuestra parroquia… Ésta es la imagen que hoy quiero poner de relieve: la de Jesús en medio del pueblo fiel de Dios, la de Jesús sacerdote y buen pastor en medio de la Iglesia local, no abstracta o la que uno sueña: la real, la concreta, la que se nos confió, la que nos vio crecer, la que nos hace sufrir. Porque en esta imagen está la fuerza de nuestra identidad sacerdotal. El Señor quiere seguir estando, a través de nosotros, sus sacerdotes, en medio de su pueblo fiel, del que formamos parte”.

“Quiere necesitarnos para hacer la Eucaristía, para caminar sinodalmente en su Iglesia… Sacerdotes capaces de ver y sentir a la Iglesia Católica como una y la misma, tanto en las grandes celebraciones, como en lo escondido del confesionario, siempre con afán de enseñar, consolar, orientar, perdonar y esperanzar”, enfatizó.

Más adelante manifestó: “Como sacerdotes, participamos de la misma misión que el Padre encomendó a su Hijo y por eso, en cada Misa Crismal, venimos a renovar la misión, a reavivar en nuestros corazones la gracia del Espíritu de Santidad que nuestra Madre la Iglesia nos comunicó por la imposición de las manos… Como sacerdotes, queremos poner en las manos sacerdotales del Señor Jesucristo, como una ofrenda santa, nuestra propia fragilidad, la fragilidad de nuestro pueblo, la fragilidad de la humanidad entera -sus desalientos, sus heridas, sus lutos- para que ofrecida por él se convierta en Eucaristía, el alimento que fortalece nuestra esperanza y vuelve activa en la fe nuestra caridad”.

Hacia el final de su reflexión rogó a Nuestra Madre del Valle “para todos nosotros los sacerdotes de tu Hijo un corazón puro y transparente como una fuente, magnánimo en el darse y tierno en la compasión, fiel y generoso que no olvide ningún bien, y que no conserve rencor de ningún mal, tierno y humilde sin exigir reciprocidad, dispuesto a anonadarse ante los demás, grande e indomable, para que ninguna ingratitud lo detenga y ninguna  indiferencia lo canse, un corazón apasionado por la Gloria de Jesucristo y el Bien de los hermanos, cuyos dolores y amarguras desaparezcan recién en el Cielo”.

 

Renovación de las promesas sacerdotales y bendición de los óleos

Concluida la predicación, todos los presbíteros renovaron las promesas realizadas el día de su ordenación sacerdotal para vivificar la gracia del Sacramento.

A continuación, fueron presentados al Obispo los óleos y el perfume para la preparación de Santo Crisma, que luego bendijo para ser distribuidos para la administración de los Sacramentos.

Tras la Comunión, el Obispo entregó los óleos consagrados a cada uno de los párrocos de las parroquias distribuidas a lo largo y ancho del territorio diocesano, como también a los rectores del Santuario y Catedral Basílica y del Santuario de la Gruta, del Obispado y del templo franciscano San Pedro de Alcántara, quienes en esta ocasión fueron acompañados por fieles de sus respectivas comunidades.

Seguidamente, todos juntos saludaron a la Santísima Virgen María, en su advocación del Valle, cantando Salve Regina (La Salve), y recibieron la bendición final.

Fotos: facebook e instagram Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat