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12 enero 2026

Invitan a la Catequesis para quienes se van a casar

Desde la Pastoral Familiar, invitan a las parejas de novios que deseen recibir el Sacramento del Matrimonio, a participar de los encuentros de la Catequesis de Inmediatamente Preparación al Matrimonio (IPM) o Catequesis prematrimonial. Los mismos se realizarán el sábado 7 de febrero, de 17.00 a 22.00, y el domingo 8, de 8.00 a 13.00, en el salón Mama Achachita, ubicado en la calle Almafuerte N° 130.

Inscripciones: https://forms.gle/yevAcaPTMQnfdyit5

 Imagen: facebook Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat

Cierre del Tiempo de Navidad y Apertura del Tiempo Jubilar

Con la fiesta del Bautismo del Señor en el Jordán, la comunidad parroquial de San Jorge, junto con toda la diócesis, comenzó a vivir el Jubileo por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú.

En la celebración se despidió el Tiempo de la Navidad adorando al Niño Dios, y se abrió el Tiempo Jubilar entronizando en la sede parroquial la imagen del Beato Esquiú, que quedó expuesta a la veneración de los fieles en un sitial especialmente preparado para este acontecimiento.

El párroco, padre Héctor Moreno, hizo referencia a las propuestas pastorales a las que adhieren todas las comunidades que integran la parroquia, para la vivencia del Jubileo. Estas son:

* Misa mensual en honor del Beato Esquiú, los 11 de cada mes;

De marzo a mayo, los encuentros de Catequesis en torno a la vida y obra del Beato.

Novena del 2 al 11 de mayo.

• Entronización de la imagen del Beato en cada capilla de la jurisdicción parroquial;

Peregrinación al Convento San Pedro de Alcántara, Iglesia Parroquial San José de Piedra Blanca, Casa Natal, Santuario Señor de los Milagros y Posta de El Suncho;

Misiones hogareñas con la imagen del Beato Mamerto Esquiú.

La celebración culminó con el rezo de las Letanías y la Oración pidiendo su pronta canonización.

 Fotos: facebook Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat

 

11 enero 2026

Catamarca comenzó a transitar el Año Jubilar por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú

“Hemos querido comenzar este Año Jubilar en este solar, porque acogió a nuestro Beato Esquiú, la mayor parte de su vida”, dijo el Obispo y rogó que “como fray Mamerto pongamos toda nuestra confianza en la Virgen del Valle, pues es nuestra Madre y está con nosotros para fortalecer nuestra esperanza”.

 

En un clima de mucha alegría y espíritu sinodal, durante la noche del sábado 10 de enero, vísperas de la Fiesta del Bautismo del Señor, el templo San Pedro de Alcántara de la comunidad franciscana en Catamarca fue el escenario elegido para la ceremonia de Apertura del Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú, que se extenderá hasta el 11 de mayo de 2027.

Bajo el lema “Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de unidad”, la Iglesia Diocesana de Catamarca comenzó a vivir un tiempo de gracia en torno a la figura de este fraile franciscano y obispo que dio este suelo bendecido por la presencia maternal de la Virgen del Valle, a quien tanto amó.

La fiesta se enmarcó en el 143º aniversario del fallecimiento del Beato Mamerto Esquiú y coincidió con el lanzamiento del Año Jubilar concedido por el Papa Francisco con ocasión de los 800 años del Nacimiento de San Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, cuyo carisma hizo vida nuestro querido Beato Esquiú.

El recinto sagrado fue colmado por una gran cantidad de devotos y peregrinos, destacándose la presencia de los hermanos que llegaron peregrinando desde Piedra Blanca, su tierra natal, acompañados por su párroco, el padre Carlos Robledo, junto con autoridades municipales locales, encabezadas por la intendenta de Fray Mamerto Esquiú, Prof. Alejandra Benavídez.

A su arribo al templo franciscano, portando la imagen del Beato Mamerto Esquiú, se inició la celebración de la Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el vicario general de la diócesis, P. Julio Murúa; el provincial de la Provincia Franciscana de la Asunción, Fr. Emilio Andrada; el guardián y rector del templo San Pedro de Alcántara, Fr. Julio Bunader, y numerosos sacerdotes de la diócesis como también de otras provincias hermanas particularmente franciscanos que llegaron especialmente para este acontecimiento especial.

Participaron autoridades civiles encabezadas por el senador por Capital y presidente provisional del Senado, Dr. Ramón Figueroa Castellanos.

Al comienzo de la Eucaristía, el padre Marcelo Amaya dio lectura al decreto mediante el cual, el Obispo convoca a vivir este Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú.

Luego de la proclamación de la Palabra de Dios, Mons. Urbanč pronunció su homilía comentando que “hemos querido comenzar en este solar, porque acogió a nuestro Beato Esquiú, la mayor parte de su vida, a partir de los 10 años, cuando empezó su formación humanística, y desde los 16 años como postulante de la orden franciscana y formándose en vistas al presbiterado, que recibió a los 22 años. Abocado luego a la docencia, a la predicación y, a partir del famoso sermón de 1853, involucrado en el quehacer político de la Provincia natal, hasta que solicitó a sus superiores que lo apartaran de su terruño para ir a la Misión y poder vivir más a fondo el espíritu de los hermanos menores”.

Refiriéndose a los textos bíblicos expresó que “hoy, la celebración litúrgica nos pone ante el Bautismo de Jesús, situándonos, mental y espiritualmente, en las orillas del río Jordán. Dejamos atrás la calidez del pesebre de Belén y la adoración de los Reyes Magos para encontrarnos con un Jesús adulto. Ya no es el niño en brazos de María; es el hombre que está a punto de comenzar su misión pública”.

Al reflexionar sobre la primera lectura en la que “el profeta Isaías anuncia que el Señor elige a un «siervo», al que envía con el auxilio de su Espíritu para implantar la ley y la justicia”, dijo que las particularidades de este siervo se ven reflejadas “en el ser y quehacer de nuestro querido Beato Mamerto Esquiú. Realmente siervo sufriente con Jesús”.

“La escena que nos presenta el Evangelio es, a primera vista, desconcertante. Vemos a Juan el Bautista, profeta fogoso, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Vemos filas de personas: pecadores, recaudadores de impuestos, soldados, gente quebrantada que busca limpiar su conciencia. Y en esa fila, hombro con hombro con los pecadores, vemos a Jesús”, manifestó, agregando que “esto nos lleva a la gran pregunta teológica de este día, la misma que perturbó a Juan el Bautista: ¿Por qué el Santo de Dios, el que no tiene mancha ni pecado, entra en las aguas turbias del Jordán? ¿Por qué necesita bautizarse quien es la fuente misma de la Gracia?”.

En este sentido destacó tres aspectos: “La Solidaridad de Dios. Jesús no entra al agua para ser santificado por ella, sino para santificar el agua. Al sumergirse, Jesús nos está dando el primer gran mensaje de su ministerio: la solidaridad. Él no es un Dios lejano que nos grita desde el cielo cómo debemos vivir. Es el Dios que ‘se hizo carne’ y que ahora se mete en el barro de nuestra existencia. Al formarse en la fila de los pecadores, Jesús nos dice: ‘No me avergüenzo de ustedes. Estoy aquí para cargar con lo que les pesa, para asumir su humanidad, sus luchas y su anhelo de redención’".

El segundo aspecto: “La Identidad Revelada. En el momento en que Jesús sale del agua, ocurre lo extraordinario. Los cielos se abren y se manifiesta la Trinidad. El Espíritu desciende como paloma y se escucha la voz del Padre: ‘Este es mi Hijo amado; en él me complazco’. Antes de que Jesús hiciera un solo milagro, antes de predicar el Sermón de la Montaña, antes de curar a un solo enfermo, el Padre ya lo había declarado Amado. Esto es crucial para nosotros hoy. A menudo pensamos que Dios nos amará si nos portamos bien, si cumplimos las reglas, si tenemos éxito. Pero el Bautismo nos revela una verdad anterior: Somos amados por lo que somos, no por lo que hacemos”, aseveró.

El tercer punto: “Nuestro Propio Bautismo. Esta fiesta es un espejo de nuestro propio Bautismo. Tal vez la mayoría de nosotros fuimos bautizados de niños y no lo recordamos, pero la realidad espiritual permanece intacta. El día de nuestro bautismo, el cielo también se abrió sobre nosotros. Aunque no escuchamos truenos ni vimos palomas físicas, el Padre pronunció sobre cada uno de nosotros las mismas palabras: ‘Tú eres mi hijo, tú eres mi hija amada’. Ese día fuimos ungidos con tres misiones, al igual que Cristo: Sacerdotes, para ofrecer nuestra vida diaria como una ofrenda de amor a Dios; Profetas, para anunciar la verdad y denunciar la injusticia con nuestra voz y ejemplo; y Reyes, para servir, porque en el Reino de Dios, reinar es servir al prójimo, especialmente al más necesitado”.

“Nuestra fe no puede ser algo privado u oculto”

Asimismo, afirmó que “el Bautismo de Jesús marca el final de su vida oculta en Nazaret y el comienzo de su vida pública. De la misma manera, nuestra fe no puede ser algo privado u oculto. Esto lo entendió muy bien el Beato Esquiú, y lo vivió con coherencia”. En esta línea invitó a que “al recordar hoy el Bautismo del Señor, renovemos las propias promesas bautismales, y nos preguntemos: ¿Vivo con la dignidad de un hijo amado de Dios, o vivo como un esclavo del miedo y del pecado? ¿Estoy dispuesto, como Jesús, como Esquiú a ser solidario con los que sufren, a ‘meterme en el río’ de las dificultades de mis hermanos para ayudarlos?”.

Hacia el final rogó “que el Espíritu Santo, que descendió sobre Jesús en el Jordán, reavive hoy en nosotros la llama de la fe, para que podamos escuchar en el silencio de nuestro corazón la voz del Padre que nos dice: ‘No temas, yo estoy contigo; tú eres mi hijo amado’. También, como fray Mamerto pongamos toda nuestra confianza en la Virgen del Valle, pues es nuestra Madre y está con nosotros para tranquilizarnos en las adversidades y fortalecer nuestra esperanza”.

 

Palabras del Provincial de la Orden Franciscana

Antes de la bendición final, el Provincial de la Orden Franciscana, Fr. Emilio Andrada, agradeció “a Mons. Luis Urbanč por esta iniciativa, toda la diócesis está involucrada en esta celebración jubilar, también a las autoridades civiles provinciales y municipales, pero sobre todo a los fieles devotos, en especial a quienes han peregrinado hoy desde el lugar de nacimiento de Esquiú hasta este templo”.
También recordó el lema elegido: ‘Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de unidad’, considerando que “es muy ilustrativo de la vida de Esquiú”, ya que “verdaderamente fue un apóstol porque se sintió enviado al pueblo de Dios para predicar, para escribir, pero sobre todo dando testimonio con su propia vida de aquello en lo que él cree, en el Evangelio, en el seguimiento de Jesús al modo de San Francisco. También fue un ciudadano porque se preocupó por la unidad y organización de nuestra Patria y su destino; y también fue un servidor de la unidad porque en vez de profundizar las divisiones creó puentes de comunión entre las personas de los pueblos”.

Finalmente pidió oraciones por la pronta canonización de nuestro querido Beato Esquiú “para que podamos verlo coronado como santo de la Iglesia”, dijo.

Al concluir la celebración eucarística, los presentes participaron un acto cultural en la explanada de ingreso al templo.


TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos hermanos Catamarqueños:

 Nos hemos congregado en este templo de la orden franciscana para dar inicio al largo año jubilar que culminará el 11 de mayo de 2027, en el que conmemoraremos los 200 años de nuestro ilustre y querido coterráneo, el Beato Mamerto de la Ascensión Esquiú. Bienvenidos a esta celebración, y que la Virgen del Valle, del que era muy devoto, nos consiga abundantes gracias y bendiciones. Para esta ocasión les he escrito una breve carta pastoral.

Hemos querido comenzar en este solar, porque acogió a nuestro Beato Esquiú, la mayor parte de su vida, a partir de los 10 años, cuando empezó su formación humanística, y desde los 16 años como postulante de la orden franciscana y formándose en vistas al presbiterado, que recibió a los 22 años. Abocado luego a la docencia, a la predicación y, a partir del famoso sermón de 1853, involucrado en el quehacer político de la Provincia natal, hasta que solicitó a sus superiores que lo apartaran de su terruño para ir a la Misión y poder vivir más a fondo el espíritu de los hermanos menores.

Hoy, la celebración litúrgica nos pone ante el Bautismo de Jesús, situándonos, mental y espiritualmente, en las orillas del río Jordán. Dejamos atrás la calidez del pesebre de Belén y la adoración de los Reyes Magos para encontrarnos con un Jesús adulto. Ya no es el niño en brazos de María; es el hombre que está a punto de comenzar su misión pública.

En la primera lectura (Is 42,1-4.6-7) el profeta Isaías anuncia que el Señor elige a un «siervo», al que envía con el auxilio de su Espíritu para implantar la ley y la justicia (cf. Is 42, 1-7). La figura del «siervo» resulta algo enigmática porque Dios lo sostiene, lo elige, en él se complace su alma y ha puesto su espíritu sobre él, y con la misión de llevar el derecho, la justicia a todas las naciones, describiendo su obrar desde lo que no va a hacer: no gritará, no quebrará la caña doblada, no apagará la mecha humeante, etc., pues su accionar será humilde y pacífico, hasta instaurar el derecho y la justicia, pues Dios lo destinó a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

¡Cuánto de esto vemos reflejado en el ser y quehacer de nuestro querido Beato Mamerto Esquiú! Realmente siervo sufriente con Jesús.

La escena que nos presenta el Evangelio es, a primera vista, desconcertante. Vemos a Juan el Bautista, profeta fogoso, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Vemos filas de personas: pecadores, recaudadores de impuestos, soldados, gente quebrantada que busca limpiar su conciencia. Y en esa fila, hombro con hombro con los pecadores, vemos a Jesús.

Esto nos lleva a la gran pregunta teológica de este día, la misma que perturbó a Juan el Bautista: ¿Por qué el Santo de Dios, el que no tiene mancha ni pecado, entra en las aguas turbias del Jordán? ¿Por qué necesita bautizarse quien es la fuente misma de la Gracia?

Podemos destacar tres aspectos:

1. La Solidaridad de Dios. Jesús no entra al agua para ser santificado por ella, sino para santificar el agua. Al sumergirse, Jesús nos está dando el primer gran mensaje de su ministerio: la solidaridad.

Él no es un Dios lejano que nos grita desde el cielo cómo debemos vivir. Es el Dios que "se hizo carne" y que ahora se mete en el barro de nuestra existencia. Al formarse en la fila de los pecadores, Jesús nos dice: "No me avergüenzo de ustedes. Estoy aquí para cargar con lo que les pesa, para asumir su humanidad, sus luchas y su anhelo de redención". Como dijo San Máximo de Turín: "Cristo es bautizado, no para santificarse con el agua, sino para santificar el agua y, por medio de su propia purificación, purificar las corrientes de todas las aguas para los que habrían de ser bautizados después".

2. La Identidad Revelada. En el momento en que Jesús sale del agua, ocurre lo extraordinario. Los cielos se abren y se manifiesta la Trinidad. El Espíritu desciende como paloma y se escucha la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado; en él me complazco". Antes de que Jesús hiciera un solo milagro, antes de predicar el Sermón de la Montaña, antes de curar a un solo enfermo, el Padre ya lo había declarado Amado.

Esto es crucial para nosotros hoy. A menudo pensamos que Dios nos amará si nos portamos bien, si cumplimos las reglas, si tenemos éxito. Pero el Bautismo nos revela una verdad anterior: Somos amados por lo que somos, no por lo que hacemos.

3. Nuestro Propio Bautismo. Esta fiesta es un espejo de nuestro propio Bautismo. Tal vez la mayoría de nosotros fuimos bautizados de niños y no lo recordamos, pero la realidad espiritual permanece intacta.

El día de nuestro bautismo, el cielo también se abrió sobre nosotros. Aunque no escuchamos truenos ni vimos palomas físicas, el Padre pronunció sobre cada uno de nosotros las mismas palabras: "Tú eres mi hijo, tú eres mi hija amada". Ese día fuimos ungidos con 3 misiones, al igual que Cristo:

A)     Sacerdotes: Para ofrecer nuestra vida diaria como una ofrenda de amor a Dios.

B)     Profetas: Para anunciar la verdad y denunciar la injusticia con nuestra voz y ejemplo.

C)      Reyes: Para servir, porque en el Reino de Dios, reinar es servir al prójimo, especialmente al más necesitado.

 

Queridos hermanos, el Bautismo de Jesús marca el final de su vida oculta en Nazaret y el comienzo de su vida pública. De la misma manera, nuestra fe no puede ser algo privado u oculto. Esto lo entendió muy bien el Beato Esquiú, y lo vivió con coherencia. Al recordar hoy el Bautismo del Señor, renovemos las propias promesas bautismales, y nos preguntemos:

  • ¿Vivo con la dignidad de un hijo amado de Dios, o vivo como un esclavo del miedo y del pecado?
  • ¿Estoy dispuesto, como Jesús, como Esquiú a ser solidario con los que sufren, a "meterme en el río" de las dificultades de mis hermanos para ayudarlos? 

Que el Espíritu Santo, que descendió sobre Jesús en el Jordán, reavive hoy en nosotros la llama de la fe, para que podamos escuchar en el silencio de nuestro corazón la voz del Padre que nos dice: "No temas, yo estoy contigo; tú eres mi hijo amado". También, como fray Mamerto pongamos toda nuestra confianza en la Virgen del Valle, pues es nuestra Madre y está con nosotros para tranquilizarnos en las adversidades y fortalecer nuestra esperanza. Así sea.

¡Viva Jesucristo!  ¡Viva la Virgen del Valle!  ¡Viva el Beato Mamerto Esquiú!

#BicentenarioNatalicioBeatoEsquiu

 Fotos y videos: facebook Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat

10 enero 2026

Conmemoran el 143º aniversario del fallecimiento del Beato Esquiú en El Suncho

En la antesala de la ceremonia de lanzamiento del Año Jubilar por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú, que tendrá lugar esta noche a las 21.00, en el templo franciscano de la capital catamarqueña, durante la mañana de este sábado 10 de enero, se llevaron a cabo los actos litúrgicos por los 143 años de su fallecimiento, en El Suncho, departamento La Paz, jurisdicción de la parroquia San Roque.

A primeras horas de la mañana, los fieles devotos y peregrinos se congregaron en la Plazoleta de los Niños de la localidad de Esquiú, desde donde a las 6.30 partieron en peregrinación hacia El Suncho, llevando las imágenes de la Virgen del Valle y del Beato Mamerto Esquiú y su reliquia. También se sumó la imagen de la Virgen del Rosario llevada por peregrinos de la localidad Alto del Rosario.

Tras su arribo al lugar del paso a la Gloria de nuestro querido Beato Esquiú, se celebró la Santa Misa, presidida por el padre Ángel Nieva, párroco de San Antonio de Padua (Capital), y concelebrada por el padre Humberto Carrizo, párroco de San Roque (Recreo), y los sacerdotes franciscanos Ronen Espósito y Manuel Carrazco.

Participaron autoridades legislativas provinciales, entre ellas el senador por Capital y presidente provisional de la Cámara de Senadores, Dr. Ramón Figueroa Castellanos; los senadores por los departamentos La Paz, Ancasti y Capayán, Devora del Valle Romero, Rodolfo Santillán y Gonzalo Ormachea, respectivamente; las concejalas de Recreo Fabiana Robledo y Marta Chávez; y el delegado de Esquiú, Hugo Roberto Díaz Bazán.

En su homilía fray Ronen Espósito dijo que “es un gran honor poder compartirles alguna resonancia del Evangelio en este lugar tan significativo para todos los devotos de Esquiú. Hemos venido peregrinando tras su imagen y la de la Virgen del Valle para llegar a este lugar donde nuestro Beato entregó su alma al Señor, así como dice la zamba ‘Del Suncho a la Gloria’”. Además, comentó que “soy hermano franciscano de San Antonio de Arredondo y hemos venido peregrinando también desde Córdoba para empezar a celebrar este tiempo de Jubileo que empezamos a vivir como Diócesis de Catamarca”.

Al reflexionar sobre el Evangelio según San Lucas, que relata la Última Cena, donde dice que “había varios de los discípulos que querían ser los más importantes, estar en los primeros puestos”, afirmó que “el Señor nos invita a evaluar qué lugar ocupo en mi comunidad, en mi familia”.

En ese sentido, manifestó que “el Papa León XIV nos invita a ser constructores de paz”, agregando que el Beato Esquiú “ha sido constructor de unidad, que llega a este lugar peregrino y servidor de la unidad, no como el primero sino como aquel que sirve, el pastor que se ubica a los pies del pueblo, de aquel que está necesitando ser escuchado. Nosotros seguramente venimos con muchas plegarias a ofrecerle al Beato Esquiú, y él las recibe como un pastor, como un servidor que quiere ser puente para recibir esas plegarias y junto a la Virgen del Valle llevarlas al trono del Altísimo”.

“Por eso, el Señor Jesús nos dice que el que quiera ser el más grande que se comporte como el menor, y el Beato Esquiú, como buen franciscano, viene aquí a hacerse el menor, a entregar su espíritu al Señor desde la tierra desnuda, desde la tierra cruda, para pasar del Suncho a la Gloria”, señaló, apuntando que “si nosotros queremos pasar de esta tierra a la Gloria también tendremos que hacer el camino de nuestro Beato, pasar de nuestras limitaciones, de nuestras pobrezas y ofrecerlas para ser reconciliados, ser perdonados para caminar como hermanos y hermanas”.

“Que en este tiempo de Jubileo también podamos hacer este camino de ser reconocidos como hijos e hijas de Dios, a llamarnos también hermanos y hermanas. Por eso, todo aquello que traemos en el corazón, depositémoslo sobre el altar para que el Señor lo haga acción de gracias. Y así, como el Beato hace de su vida una acción de gracias, nosotros también podamos hacer de nuestra vida una verdadera acción de gracias, y que ya no nos reconozcan por nuestras limitaciones, por nuestras luchas, por nuestros enojos, sino por aquello que somos: hijos e hijas del mismo Dios, hermanos y hermanas”.

Antes de la bendición final se rezó la oración por la pronta canonización del Beato Mamerto Esquiú.

Luego de la celebración eucarística los presentes compartieron un desayuno comunitario.

Fotos: facebook Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat