En la noche del miércoles 15
de abril, cuarto día del Septenario en honor de Nuestra Señora del Valle, rindieron
su homenaje de los Poderes Ejecutivos Provincial y Municipal. Lo hicieron durante
la Santa Misa presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada
por el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral, y los
sacerdotes Gustavo Esteche y Raúl Pereyra, pertenecientes al clero de la Diócesis
de Merlo-Moreno, provincia de Buenos Aires.
Participaron miembros del
gabinete provincial, entre ellos, el ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia,
Dr. Alberto Natella, la ministra de Salud, Dra. Johana Carrizo; el Secretario
de Gobierno de la Municipalidad de Fray Mamerto Esquiú, Dn. Daniel Romero; y el
presidente del Concejo Deliberante de Fray Mamerto Esquiú, Dr. Francisco Acosta,
entre otros.
En el comienzo de su predicación,
el Obispo dio la bienvenida “a los miembros de los Ejecutivos provincial y
municipales que hoy honran a nuestra Madre Celestial y la invocan como
protectora de sus respectivas gestiones de gobierno. Ruego a Dios, Nuestro
Señor, que jamás aparten su mirada de la Virgen del Valle”.
Seguidamente, resaltó que “la
Resurrección de Jesucristo transforma la autoridad en un servicio humilde y
desinteresado, liberando al líder del miedo y de la autorrealización obsesiva,
para reflejar el amor divino. Iluminar la vida y la gestión con el misterio de
la Resurrección implica liderar con esperanza, integridad y valentía, poniendo
el Bien Común y la dignidad humana por encima de intereses personales o
partidarios, a ejemplo del legado del Beato Esquiú”.
Y continuó: “A la luz de la
Resurrección, la autoridad no es dominio, sino el acto de servir y dar la vida
por los demás. La victoria sobre la muerte permite tomar decisiones con
valentía, sin el temor al fracaso, y llevando luz a situaciones difíciles. La
gestión debe ser un reflejo del amor de Dios, prefiriendo la verdad y el
perdón, viviendo en la santidad y la generosidad. Quien vive la fe en la
resurrección no necesita buscar su propia gloria, sino que se dedica al
servicio incondicional, superando la angustia de perder privilegios”.
Asimismo, señaló que “la autoridad
se ejerce en comunión, escuchando y promoviendo la misión compartida, según se
reflexiona en los procesos sinodales. La gestión basada en este principio
convierte el trabajo y la vida comunitaria en un lugar donde la luz de la
resurrección ilumina la realidad cotidiana, sobre todo, en momentos de
transición, crisis e incertidumbre, insuflando paz, confianza y entrega”.
Tomando los textos bíblicos, indicó
que “la primera lectura (Hch 5,17-26), que hemos escuchado deja bien en claro
los efectos dispares que produjo el hecho de la Resurrección de Jesucristo. Las
autoridades civiles y religiosas, por no dejarse iluminar por ella, prefieren
obrar desde la oscuridad de sus miedos, a perder poder frente a la sociedad y
por eso recurren a la violencia, la burla, el descrédito contra los que, sí aceptan
esta novedad de la resurrección; el obrar de éstos es de total libertad, amor,
y disposición a todo tipo de sufrimientos por ser testigos del Resucitado”.
Más adelante se refirió al
sufrimiento que padecieron los primeros cristianos, afirmando en este sentido que
“cuando vengan las pruebas tenemos la opción de desanimarnos o descubrir que en
ellas también Dios está obrando. Ser testigo de Cristo no es fácil, pero
debemos estar convencidos que el Resucitado siempre nos respalda. No pararon.
Se consideraron afortunados de sufrir deshonor por el nombre de Jesús”.
“El sufrir es una parte
integral de la experiencia cristiana. No piensen que es extraño o sólo para
unos pocos. Los primeros discípulos aprendieron en la escuela de la
incomprensión, de las calumnias, de las persecuciones constantes, de las
envidias, a ser fuertes en la fe, todo por el simple hecho de seguir a Jesús
resucitado. En un mundo que es manejado por ilusiones, gobernado por engaños, y
es víctima de mentiras ¿qué más podemos esperar si estamos a favor de la
verdad? ‘La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla’ (Jn 3,19)”.
En otro tramo aseveró que “ayer,
hoy, y siempre, los seguidores del Resucitado nadarán contracorriente porque
vivir en la luz nunca está de moda, resplandecer con destellos divinos es
inaceptable a los hombres que están en el mal. Ésa será la historia de quienes,
asumiendo su condición de cristianos, quieran vivir con intensidad como
resucitados”.
“La enseñanza de la Palabra de
Dios, por tanto, ilumina muy bien la realidad humana, sobre todo, cuando nos
toca ejercer la autoridad, cuando toca regir los destinos de un pueblo. Un
líder, civil o religioso, debe conocer y acatar el señorío de Dios sobre él.
Necesita verse cada día en el espejo que es Jesucristo, para tomar las
decisiones que servirán para el bien de todos. Éste es el mensaje que nos deja
la Virgen María cuando nos dice, como a los sirvientes en las bodas de Caná: ‘Hagan
lo que Él les diga’ (Jn 2,5). Sí, queridos hermanos, venir a honrar a la Virgen
y no obedecerla es un agravio y un despecho que hacemos a su corazón de Madre”,
expresó.
“Virgen
Morena del Valle, cubre con tu manto a nuestra patria”
Hacia el final imploró: “Santísima
Virgen del Valle, Reina de la Paz y Madre de todos los pueblos, hoy, acudimos a
ti con humildad y esperanza para rogar por todos los que gobiernan la patria,
las provincias y municipios… concédeles un corazón recto, alejado del egoísmo y
la vanidad, abierto a la verdad y a la justicia. Que no se dejen corromper por
el poder, ni por la codicia, ni por el deseo de prestigio, sino que se
conviertan en servidores del Bien Común, administradores honestos y defensores
de la dignidad humana.
“Virgen del Buen Consejo,
acompaña a los líderes políticos en los momentos difíciles, en medio de las
tensiones, las críticas y las divisiones. Sé para ellos faro que ilumina, voz
que orienta, y refugio que consuela. Protégelos del error, del odio y de la
desesperanza. Enséñales a dialogar, a escuchar a la gente, a buscar la unidad
por encima de los intereses personales o partidarios. Que sepan tender la mano
incluso a quienes piensan distinto, y que nunca se olviden de que cada
ciudadano es su hermano”, rogó.
Además, elevó su plegaria “para
que en nuestro país florezca la equidad, el respeto a la ley y el cumplimiento
del bien común… Danos gobernantes que protejan al inocente, que defiendan al
indefenso, que escuchen el clamor del pobre, del niño y del anciano”.
“Virgen Morena del Valle,
cubre con tu manto a nuestra patria. No permitas que nos alejemos de Dios ni
que caigamos en el caos, la violencia o el odio… Danos gobernantes que sean
instrumentos de paz, sembradores de esperanza y constructores del Reino de Dios
en nuestra sociedad”, pidió.
Los alumbrantes participaron de
la proclamación de la Palabra de Dios y acercaron ofrendas particulares junto con
los dones del pan y del vino, para preparar la mesa eucarística.
Antes de la bendición final se
consagraron a Nuestra Madre del Valle.
TEXTO
COMPLETO DE LA HOMILÍA
Queridos
devotos y peregrinos:
Se nos propuso, para este cuarto día del
septenario, a María como modelo de una Iglesia sinodal que escucha.
Doy la bienvenida a los miembros de
los ejecutivos provincial y municipales que hoy honran a nuestra Madre
Celestial y la invocan como protectora de sus respectivas gestiones de
gobierno. Ruego a Dios, Nuestro Señor, que jamás aparten su mirada de la Virgen
del Valle.
Que nos quede claro, de una, que la Resurrección
de Jesucristo transforma la autoridad en un servicio humilde y desinteresado,
liberando al líder del miedo y de la autorrealización obsesiva, para reflejar
el amor divino. Iluminar la vida y la gestión con el misterio de la
Resurrección implica liderar con esperanza, integridad y valentía, poniendo el Bien
Común y la dignidad humana por encima de intereses personales o partidarios, a
ejemplo del legado del Beato Esquiú.
A la luz de la Resurrección, la autoridad no es
dominio, sino el acto de servir y dar la vida por los demás. La victoria
sobre la muerte permite tomar decisiones con valentía, sin el temor al fracaso,
y llevando luz a situaciones difíciles. La gestión debe ser un reflejo del amor
de Dios, prefiriendo la verdad y el perdón, viviendo en la santidad y la
generosidad. Quien vive la fe en la resurrección no necesita buscar su propia
gloria, sino que se dedica al servicio incondicional, superando la angustia de
perder privilegios. La autoridad se ejerce en comunión, escuchando y
promoviendo la misión compartida, según se reflexiona en los procesos
sinodales. La gestión basada en este principio convierte el trabajo y la
vida comunitaria en un lugar donde la luz de la resurrección ilumina la
realidad cotidiana, sobre todo, en momentos de transición, crisis e
incertidumbre, insuflando paz, confianza y entrega.
La
primera lectura (Hch 5,17-26), que hemos escuchado deja bien en claro los
efectos dispares que produjo el hecho de la Resurrección de Jesucristo. Las
autoridades civiles y religiosas, por no dejarse iluminar por ella, prefieren
obrar desde la oscuridad de sus miedos, a perder poder frente a la sociedad y
por eso recurren a la violencia, la burla, el descrédito contra los que, sí
aceptan esta novedad de la resurrección; el obrar de éstos es de total
libertad, amor, y disposición a todo tipo de sufrimientos por ser testigos del
Resucitado.
El
sufrimiento se produce cuando nos ponemos a servir, y las pruebas pueden
producir mayor sufrimiento. A través de Juan y Pedro, Dios hacía muchos
milagros. Estos prodigios, que trascendían a ciudades vecinas, llenaron de
celos a los saduceos. Celosos, no por el honor de Dios o por el avance de su
Reino, sino por retener su propia influencia y poder. Por eso, decidieron frenar
el accionar de Dios.
Los apóstoles al ver que el mensaje de Cristo
era respaldado por Dios a través de milagros, produjo en ellos aún más pasión
en difíciles circunstancias. El mensaje que proclamamos es verdadero y Dios los
respalda, pero nos tenemos que hacer partícipes y servir. Con mayor pasión
empezaron a testificar en el templo.
Cuando vengan las pruebas tenemos la opción de
desanimarnos o descubrir que en ellas también Dios está obrando. Ser testigo de
Cristo no es fácil, pero debemos estar convencidos que el Resucitado siempre
nos respalda. No pararon. Se consideraron afortunados de sufrir deshonor por el
nombre de Jesús. Parece que a los cristianos les toma mucho tiempo enfrentarse
a la simple declaración de las Escrituras de que, cuando fueron llamados a ser
cristianos, fueron llamados a sufrir con Cristo, por Él y como Él.
El sufrir es una parte integral de la
experiencia cristiana. No piensen que es extraño o sólo para unos pocos. Los
primeros discípulos aprendieron en la escuela de la incomprensión, de las
calumnias, de las persecuciones constantes, de las envidias, a ser fuertes en
la fe, todo por el simple hecho de seguir a Jesús resucitado. En un mundo que
es manejado por ilusiones, gobernado por engaños, y es víctima de mentiras ¿qué
más podemos esperar si estamos a favor de la verdad?
“La luz vino al mundo, y los hombres
prefirieron la tiniebla” (Jn 3,19).
Nos sostienen cuatro palabras que el
Evangelista subraya como raíz de toda la historia de la Salvación: Dios amó al
mundo. Dios ama la humanidad de tal modo que llegó a entregar a su Hijo único.
Quien acepta que Dios llega hasta nosotros en
Jesús, éste ya pasó por la muerte y ya tiene vida eterna. La imagen de Dios que
presenta san Juan es la de un padre lleno de ternura y no la de un juez severo.
Quien cree en Jesús y lo acoge y lo acepta como
revelación de Dios no es juzgado, pues ya ha sido aceptado por Dios. Y quien no
cree en Jesús, ya ha sido juzgado. Se excluye a sí mismo. Y repite lo que ya ha
dicho en el prólogo: muchos no quieren aceptar a Jesús, porque la luz revela la
maldad que en ellas existe.
En su libertad el hombre decide entre tiniebla
o luz, entre muerte o resurrección. Los hijos de la luz son siempre incómodos
porque denuncian a los hijos de la oscuridad sus obras de injusticia.
Ayer, hoy, y siempre, los seguidores del
Resucitado nadarán contracorriente porque vivir en la luz nunca está de moda,
resplandecer con destellos divinos es inaceptable a los hombres que están en el
mal. Ésa será la historia de quienes, asumiendo su condición de cristianos,
quieran vivir con intensidad como resucitados.
La enseñanza de la Palabra de Dios, por tanto,
ilumina muy bien la realidad humana, sobre todo, cuando nos toca ejercer la
autoridad, cuando toca regir los destinos de un pueblo. Un líder, civil o
religioso, debe conocer y acatar el señorío de Dios sobre él. Necesita verse
cada día en el espejo que es Jesucristo, para tomar las decisiones que servirán
para el bien de todos. Éste es el mensaje que nos deja la Virgen María cuando
nos dice, como a los sirvientes en las bodas de Caná: “hagan lo que Él les
diga” (Jn 2,5). Sí, queridos hermanos, venir a honrar a la Virgen y no
obedecerla es un agravio y un despecho que hacemos a su corazón de Madre.
Santísima Virgen del Valle, Reina de la Paz y
Madre de todos los pueblos, hoy, acudimos a ti con humildad y esperanza para
rogar por todos los que gobiernan la patria, las provincias y municipios. Tú
que eres la Madre del verdadero Rey, tú que supiste guardar en tu corazón la
voluntad del Padre, escucha nuestra súplica e intercede ante tu Hijo Jesús por
quienes tienen en sus manos los destinos de nuestra nación.
Madre sabia y prudente, concédeles un corazón
recto, alejado del egoísmo y la vanidad, abierto a la verdad y a la justicia.
Que no se dejen corromper por el poder, ni por la codicia, ni por el deseo de
prestigio, sino que se conviertan en servidores del Bien Común, administradores
honestos y defensores de la dignidad humana.
Madre de la Sabiduría, Tú que meditabas cada Palabra
de Dios y la guardabas en tu corazón, infunde en nuestros gobernantes el don de
la sabiduría. Que no se dejen llevar por la prisa o la presión, sino que actúen
con reflexión, con equilibrio, con visión clara del futuro. Ayúdalos a tomar
decisiones que construyan paz, que promuevan la justicia social, que respeten
la vida, la familia, la libertad y la fe de los pueblos. Que cada ley que
promulguen sea reflejo del amor de Dios y garantía de los derechos de todos,
especialmente de los más pobres, los marginados y los olvidados.
Virgen del Buen Consejo, acompaña a los líderes
políticos en los momentos difíciles, en medio de las tensiones, las críticas y
las divisiones. Sé para ellos faro que ilumina, voz que orienta, y refugio que
consuela. Protégelos del error, del odio y de la desesperanza. Enséñales a
dialogar, a escuchar a la gente, a buscar la unidad por encima de los intereses
personales o partidarios. Que sepan tender la mano incluso a quienes piensan
distinto, y que nunca se olviden de que cada ciudadano es su hermano.
Madre de la Justicia, intercede para que en
nuestro país florezca la equidad, el respeto a la ley y el cumplimiento del
bien común. Que los jueces actúen con rectitud, que los gobernantes no se dejen
manipular, y que los pueblos sientan que sus líderes caminan a su lado con
integridad. Danos gobernantes que protejan al inocente, que defiendan al
indefenso, que escuchen el clamor del pobre, del niño y del anciano.
Madre compasiva, que nuestros líderes tengan un
corazón sensible ante el sufrimiento de su pueblo. Que no se endurezcan ante
las lágrimas de las madres, ante el hambre de los niños o el dolor de los
enfermos. Que cada obra, cada política, cada decisión, esté impregnada de
compasión y caridad. Que recuerden que quien gobierna, ha de hacerlo como quien
sirve, siguiendo el ejemplo de tu Hijo, el Buen Pastor.
Virgen Morena del Valle, cubre con tu manto a
nuestra patria. No permitas que nos alejemos de Dios ni que caigamos en el
caos, la violencia o el odio. Inspira a cada líder a buscar la voluntad divina,
a abrir su corazón a la luz del Evangelio y a entregarse con generosidad al
servicio del prójimo. Danos gobernantes que sean instrumentos de paz,
sembradores de esperanza y constructores del Reino de Dios en nuestra sociedad.
Reina de los Cielos, esperanza nuestra, guía a
nuestros líderes con tu ternura y poder. Llévalos de la mano hasta Jesús, para
que en Él encuentren la fuerza, la claridad y el amor necesarios para gobernar
con justicia, sabiduría y compasión. Amén.
¡¡¡Viva la Virgen del Valle!!! ¡¡¡Viva
el Beato Mamerto Esquiú!!!
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