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28 junio 2026

Catamarca, presente en el Encuentro de Comunicadores del NOA en Concepción

El sábado 27 de junio, se llevó a cabo el Encuentro de Comunicadores Diocesanos del NOA en la Diócesis de la Santísima Concepción de Tucumán, animado por el lema “Con María custodiamos voces y rostros del NOA”, en sintonía con el mensaje del Papa León XIV para la Jornada de las Comunicaciones Sociales de este año.

La convocatoria contó con la presencia de Mons. Carlos Sánchez, arzobispo de Tucumán y delegado por la Región NOA en la Conferencia Episcopal Argentina; y Mons. José Antonio Díaz, obispo anfitrión, quienes acompañaron a los laicos, religiosos y sacerdotes asesores: Germán Macagno, de Jujuy; José Armando Casimiro, de Cafayate; Marcelo Amaya, de Catamarca; y Jacob Thomas (oriundo de la India), de Concepción, participantes de esta instancia regional, coordinada por la Hna. Silvia Somaré, delegada regional.

La jornada se inició con la oración, tras lo cual se escuchó el mensaje de Mons. Jorge Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social de la CEA, quien hizo llegar su saludo a través de un video y animó a “comunicar la Buena Noticia de Jesús, generando una cultural del encuentro, propiciando la amistar social, haciendo que desde sus ministerios, oficios, la Palabra de Dios pueda hacerse carne. Que nuestra presencia en las redes sociales sea una presencia que genere comunión”. Remarcó que “tenemos que abrirnos al mundo para que la Buena Noticia pueda llegar a todos sin distinción, un desafío importante”, dijo, a la vez que llamó a que “trabajemos juntos, sinodalmente, para avanzar en la construcción de la civilización del amor”, cerrando con una bendición.

Luego se hizo un repaso del camino andado por cada arquidiócesis, diócesis y prelatura de la Región desde el último encuentro realizado en 2024. Para ello se tomó como base el documento surgido en aquella oportunidad. Esto dio paso al trabajo en grupos y la puesta en común de lo compartido por cada jurisdicción eclesiástica.

 

El Beato Esquiú, en su faceta de periodista

El momento de las exposiciones contemplaron dos acontecimientos importantes que vivimos este año como Iglesia que peregrina en el NOA: el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú en Catamarca, y el 50º Aniversario de los Mártires Riojanos.

Primeramente, el Mgter. Mario Vera, historiador catamarqueño, y devoto del Beato Mamerto Esquiú, ofreció una charla sobre la faceta de periodista del fraile franciscano catamarqueño, quien desplegó su labor evangelizadora en el siglo XIX y su legado aún sigue vigente en la actualidad. El catedrático comentó que en su rol de comunicador formó parte del periódico El Ambato, la primera experiencia periodística en Catamarca; y en su paso por la ciudad de Sucre, Bolivia, el papa Pío XII le pidió que funde, dirija y escriba un periódico que él lo va a denominar El Cruzado. Luego de desarrollar aspectos vinculados con el desarrollo de la tarea periodística, afirmó que “Esquiú tuvo una conciencia clara de la función rectora de la prensa y por eso pretendió elevar sus propósitos y convertirla en una herramienta más para lograr la paz y la unidad de todos los argentinos. Fray Mamerto Esquiú, ya sea desde la cátedra, desde el púlpito, desde sus sermones, homilías y también desde la prensa, buscará siempre lograr la paz… Lo que nos dice Esquiú es que el periodismo, la comunicación social debe ser una herramienta, una prenda de paz, usar estos medios de comunicación para seguir trabajando por la paz y unidad de todos los argentinos”.

Después de una breve recreación, Ana Martínez, de La Rioja, se refirió a los beatos riojanos: Mons. Enrique Angelelli, los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias, franciscano, y el laico Wenceslao Pedernera, esposo y padre de familia.

Durante la charla brindó detalles de la vida de los mártires riojanos asesinados en 1976 durante la última dictadura militar argentina debido a su compromiso pastoral con los más pobres. Entre otros aspectos, resaltó su testimonio de amor con un claro mensaje sobre el perdón, a ejemplo de Jesús, a quien predicaron con fervor y convicción.

El encuentro fue declarado de Interés Municipal por la Municipalidad de Concepción, cuyo instrumento legal fue leído y luego entregado a la Hna. Silvia Somaré, en su calidad de delegada regional, por el intendente Alejandro José Molinuevo, quien se hizo presente en el encuentro.

Esta primera parte de la jornada incluyó una peregrinación a la Catedral, donde los participantes pudieron vivir un momento muy especial ante la sagrada imagen de la Inmaculada Concepción en su Camarín, donde se compartió una breve reseña de su historia y juntos le cantaron el Ángelus.

La segunda parte versó sobre Comunicación de Crisis, la IA y los Equipos de Comunicación en las diócesis, que estuvo a cargo de la Hna. Silvia Somaré. Este momento se concentró en el trabajo en grupos, cuyo fruto fue puesto en común por los presentes.

Como cierre del encuentro se celebró la Santa Misa a los pies de la Inmaculada Concepción en la Catedral.

Fotos y videos: facebook e instagram Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat / Canal whatsapp: Prensa Diócesis Catamarca

26 junio 2026

Mons. Urbanč: “Detrás de cada historia de adicción hay un rostro y una profunda necesidad de amor, de escucha y de sentido”

En la noche de este viernes 26 de junio, Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, presidió la Santa Misa, en el Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica, rogando por el cese del flagelo de la droga y por quienes ayudan a las personas con adicciones. También se pidió por el pueblo venezolano que vive las consecuencias de los terremotos devastadores registrados en la zona, por los fallecidos, las familias que quedaron sin su hogar y por quienes acuden en su ayuda.

La Eucaristía fue concelebrada por el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral, y el padre Julio Ávalos, responsable de la Pastoral de Adicciones en la Diócesis de Catamarca, quien lleva adelante este servicio pastoral junto con el diácono Sergio Colósimo.

Participaron de la ceremonia litúrgica miembros de la Pastoral de Adicciones, integrantes del Hogar de Cristo Padre Raúl Contreras, cuyo centro se encuentra en el barrio Santa Marta del sur capitalino, y jóvenes de la Fraternidad Nuestra Señora del Valle de la Comunidad Cenáculo, dedicada a la recuperación de chicos con problemas de adicciones, que funciona en la casa ubicada en el ingreso a la localidad de El Rodeo, departamento Ambato. Actualmente hay en este centro de rehabilitación cerca de 20 jóvenes de distintos lugares del país y otros.

En el inicio de su homilía, Mons. Urbanč expresó: “Hoy, mientras la comunidad internacional recuerda la necesidad de luchar contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas, la Iglesia nos invita a mirar esta realidad con los ojos de Cristo: ojos que no condenan a la persona, sino que denuncian el mal y ofrecen caminos de vida, reconciliación y esperanza”.

“Las drogas destruyen lentamente la vida de quienes caen en la dependencia, pero también hieren a las familias, rompen amistades, alimentan la violencia y sostienen redes criminales que se enriquecen a costa del sufrimiento de los más vulnerables”, manifestó, enfatizando que “detrás de cada historia de adicción hay un rostro, un nombre, una familia y una profunda necesidad de amor, de escucha y de sentido”.

 

Llamados a tres compromisos

Luego afirmó que “en los cuatro Evangelios constatamos que Jesús siempre salió al encuentro de quienes estaban caídos. Nunca redujo a una persona a su pecado, a su enfermedad, a su debilidad o a su fracaso. Vio en cada uno un hijo amado de Dios, capaz de levantarse y comenzar de nuevo”.

Por eso, señaló que “como comunidad cristiana, estamos llamados a tres compromisos: *El primero, prevenir. Educar a los niños y jóvenes en valores, fortalecer la familia, crear ambientes donde haya diálogo, afecto y oportunidades. Muchas veces la mejor prevención es una presencia amorosa que escucha y acompaña. *El segundo, acompañar. El que lucha contra una adicción necesita apoyo, paciencia y comunidades que no cierren las puertas. Nadie sale solo del sufrimiento. La recuperación es un camino que requiere la gracia de Dios, la ayuda profesional y el sostén de quienes creen en la posibilidad de un cambio. * El tercero, trabajar por una sociedad más justa. El narcotráfico prospera donde hay pobreza, exclusión, corrupción y desesperanza. Combatir este flagelo no depende únicamente de las fuerzas de seguridad o de las leyes; también exige construir una cultura donde la dignidad humana esté por encima del dinero y del poder”.

Asimismo, dijo que “hoy, por tanto, queremos rezar especialmente por quienes sufren una dependencia; por sus familias, que muchas veces cargan en silencio con el dolor; por los profesionales de la salud, los educadores y los voluntarios que dedican su vida a la rehabilitación; por quienes arriesgan su vida enfrentando las organizaciones criminales; y por quienes participan del tráfico de drogas, para que descubran el daño que provocan y encuentren el camino de la conversión”.

“La esperanza cristiana nos dice que ninguna persona está perdida definitivamente. Dios siempre puede abrir un camino nuevo. Allí donde el pecado y la muerte parecen tener la última palabra, Cristo resucitado hace brotar la vida”, señaló, invitando a que “pidamos al Señor que nos conceda un corazón compasivo para acompañar, una conciencia firme para rechazar todo aquello que destruye la vida y un compromiso constante para construir una sociedad libre de la esclavitud de las drogas”.

 

Ser firmes en la defensa de la vida

Luego de reflexionar sobre los textos bíblicos proclamados, expresó: “Este Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, la Palabra de Dios nos invita a un doble compromiso. Por un lado, a ser firmes en la defensa de la vida, denunciando todo aquello que convierte a las personas en mercancía y destruye el tejido social. Por otro, a ser una Iglesia que, como Jesús, no teme acercarse al que está herido, convencida de que no hay persona que está definitivamente perdido para Dios”.

“Pidamos al Señor que sane las heridas de quienes padecen una adicción; que fortalezca a las familias que viven esta prueba; que ilumine a quienes tienen responsabilidades públicas para que trabajen por el bien común con honestidad y valentía; y que nos conceda a todos un corazón capaz de tocar las heridas del prójimo con la misma compasión con que Cristo tocó al leproso. Porque después del destierro viene el regreso; después del llanto puede renacer el canto; y después del encuentro con Cristo es posible comenzar una vida nueva”.

Finalmente, imploró: “Que la Virgen del Valle, Madre de la Esperanza, y el Beato Mamerto Esquiú, intercedan por nuestros jóvenes, fortalezcan a las familias y sostengan a todos los que trabajan por la recuperación de quienes sufren la adicción”.

 

Testimonios de vida

Luego de la Comunión, el Obispo invitó a tres jóvenes de la Comunidad Cenáculo: Raúl, Martín y Gonzalo, a brindar su testimonio ante la asamblea, que los acompañó con la escucha atenta y un fuerte aplauso en el cierre de este momento especial. Fueron palabras de vida, de conversión, de luz, que hablan de la presencia de Dios en cada uno de ellos después de las tinieblas.

Ellos abrazaron un estilo de vida simple, familiar, basado en la oración, el trabajo (ora et labora), la amistad verdadera, el sacrificio y la fe en Jesús, con una fuerte impronta mariana.

 

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos hermanos:

Hoy, mientras la comunidad internacional recuerda la necesidad de luchar contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas, la Iglesia nos invita a mirar esta realidad con los ojos de Cristo: ojos que no condenan a la persona, sino que denuncian el mal y ofrecen caminos de vida, reconciliación y esperanza.

Las drogas destruyen lentamente la vida de quienes caen en la dependencia, pero también hieren a las familias, rompen amistades, alimentan la violencia y sostienen redes criminales que se enriquecen a costa del sufrimiento de los más vulnerables. Detrás de cada historia de adicción hay un rostro, un nombre, una familia y una profunda necesidad de amor, de escucha y de sentido.

En los cuatro Evangelios constatamos que Jesús siempre salió al encuentro de quienes estaban caídos. Nunca redujo a una persona a su pecado, a su enfermedad, a su debilidad o a su fracaso. Vio en cada uno un hijo amado de Dios, capaz de levantarse y comenzar de nuevo. Por eso, como comunidad cristiana, estamos llamados a 3 compromisos:

*El primero, prevenir. Educar a los niños y jóvenes en valores, fortalecer la familia, crear ambientes donde haya diálogo, afecto y oportunidades. Muchas veces la mejor prevención es una presencia amorosa que escucha y acompaña.

*El segundo, acompañar. El que lucha contra una adicción necesita apoyo, paciencia y comunidades que no cierren las puertas. Nadie sale solo del sufrimiento. La recuperación es un camino que requiere la gracia de Dios, la ayuda profesional y el sostén de quienes creen en la posibilidad de un cambio.

El tercero, trabajar por una sociedad más justa. El narcotráfico prospera donde hay pobreza, exclusión, corrupción y desesperanza. Combatir este flagelo no depende únicamente de las fuerzas de seguridad o de las leyes; también exige construir una cultura donde la dignidad humana esté por encima del dinero y del poder.

Hoy, por tanto, queremos rezar especialmente por quienes sufren una dependencia; por sus familias, que muchas veces cargan en silencio con el dolor; por los profesionales de la salud, los educadores y los voluntarios que dedican su vida a la rehabilitación; por quienes arriesgan su vida enfrentando las organizaciones criminales; y por quienes participan del tráfico de drogas, para que descubran el daño que provocan y encuentren el camino de la conversión.

La esperanza cristiana nos dice que ninguna persona está perdida definitivamente. Dios siempre puede abrir un camino nuevo. Allí donde el pecado y la muerte parecen tener la última palabra, Cristo resucitado hace brotar la vida.

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón compasivo para acompañar, una conciencia firme para rechazar todo aquello que destruye la vida y un compromiso constante para construir una sociedad libre de la esclavitud de las drogas.

Los textos bíblicos que hemos escuchado nos presentan tres escenas que, a pesar de pertenecer a momentos distintos, convergen en un mismo mensaje: Dios no abandona a su pueblo en medio de la ruina, el dolor o la exclusión; siempre abre un camino de restauración.

La primera lectura 2Rey 25,1-12 nos muestra uno de los momentos más trágicos de la historia de Israel. Jerusalén es sitiada, el templo destruido y el pueblo llevado al destierro. No sólo se derrumban las murallas; también parecen derrumbarse la esperanza, la identidad y el futuro. El pecado, la injusticia y la infidelidad tienen consecuencias que alcanzan a toda la sociedad.

También hoy contemplamos otras formas de destrucción. La droga y el narcotráfico levantan un verdadero asedio contra nuestras comunidades. Destruyen vidas, dividen familias, siembran violencia y esclavizan especialmente a los jóvenes y a los más pobres. Como Jerusalén, muchas personas experimentan que todo aquello que daba sentido a su vida parece haber quedado en ruinas.

El salmo 136 recoge el llanto de los desterrados: "Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión". Es el dolor de quien ha perdido su hogar y siente que vive lejos de aquello que ama. ¡Cuántas familias conocen hoy ese mismo llanto! Padres que ven a sus hijos atrapados por una adicción; hijos que lloran por sus padres; comunidades enteras que sufren la violencia del narcotráfico… Pero el salmo también guarda un tesoro: los desterrados no se olvidan de Jerusalén. Conservan viva la memoria de su verdadera patria. Esa memoria les impide resignarse. También nosotros debemos conservar viva la memoria de la dignidad que Dios ha dado a cada persona. Ningún ser humano puede ser reducido a su adicción, a su historia o a sus errores. Todo hombre y toda mujer siguen siendo hijos de Dios, llamados a recuperar la libertad.

El Evangelio, Mateo 8,1-4, nos presenta a un leproso que rompe todas las barreras y se acerca a Jesús. Según la ley, debía mantenerse lejos; era un excluido. Sin embargo, Jesús hace algo inesperado: extiende la mano y lo toca. No tiene miedo de acercarse al que todos evitaban. Con ese gesto devuelve al enfermo no solo la salud, sino también su dignidad y su lugar en la comunidad.

¡Qué enseñanza tan grande para nosotros! La lucha contra las drogas no consiste únicamente en combatir el delito; también exige acercarnos con misericordia a quienes sufren la dependencia. Sin embargo, hemos de rechazar con firmeza el narcotráfico y todo aquello que destruye la vida, con el firme compromiso de reconocer, en cualquier caso, la dignidad de quien necesita ayuda para levantarse.

Jesús respondió al leproso: "Quiero, queda limpio". Esa misma palabra sigue resonando hoy. Cristo quiere sanar, liberar y devolver la esperanza. Pero muchas veces esa mano de Jesús necesita hacerse visible a través de nuestras manos: las de una familia que no abandona, las de un educador que acompaña, las de un profesional de la salud, las de una comunidad cristiana que acoge, sin juzgar, y anima a comenzar de nuevo.

En síntesis, este Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, la Palabra de Dios nos invita a un doble compromiso. Por un lado, a ser firmes en la defensa de la vida, denunciando todo aquello que convierte a las personas en mercancía y destruye el tejido social. Por otro, a ser una Iglesia que, como Jesús, no teme acercarse al que está herido, convencida de que no hay persona que está definitivamente perdido para Dios.

Pidamos al Señor que sane las heridas de quienes padecen una adicción; que fortalezca a las familias que viven esta prueba; que ilumine a quienes tienen responsabilidades públicas para que trabajen por el bien común con honestidad y valentía; y que nos conceda a todos un corazón capaz de tocar las heridas del prójimo con la misma compasión con que Cristo tocó al leproso. Porque después del destierro viene el regreso; después del llanto puede renacer el canto; y después del encuentro con Cristo es posible comenzar una vida nueva.

Que la Virgen del Valle, Madre de la Esperanza, y el Beato Mamerto Esquiú, intercedan por nuestros jóvenes, fortalezcan a las familias y sostengan a todos los que trabajan por la recuperación de quienes sufren la adicción. Amén.

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26 de junio de 2026: Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas

Por vidas sin prisiones ni dependencias

 

"Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo".

Mateo 25, 31-40

 

“«Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos”.

Marcos 10,14

 

Cuando le ponemos rostros y voces a las historias concretas de la vida, tanto los dolores como las alegrías se robustecen. Llamamos por el nombre a quienes están en situaciones de sufrimiento y opresión, recibimos con esperanza y acompañamos procesos sabiendo que el camino no es fácil.

Así lo entendemos en la Pastoral de Adicciones y Drogadependencia desde hace casi 20 años. La mayoría de las diócesis tiene un delegado para esta Pastoral lo que permite un discernimiento de la realidad que sea a la vez capilar y federal.

 

¿Cuáles son las preocupaciones más apremiantes?

En primer lugar, surge la realidad de los niños y adolescentes. En muchas familias conviven dos o tres generaciones de personas atravesadas por la realidad del consumo. Esta situación genera que muchos menores no tengan un adulto que pueda contenerlos en esta etapa tan frágil de la vida, lo que los deja a merced de que también ellos continúen repitiendo el destino trágico de sus padres y abuelos. La baja en la edad de imputabilidad de menores y la alta tasa de suicidios adolescentes son dos realidades que se suman y nos implican en un plano tan concreto como angustiante. Consideramos clave el fortalecimiento de la relación parroquias-escuelas para la prevención, detección temprana y acompañamiento de las realidades que viven niños, jóvenes y familias.

Nuestras comunidades están llamadas a ser familias para que en un ambiente seguro se pueda contener, abrazar y, en muchos casos, brindar la oportunidad de una recuperación a una niñez y adolescencia que están en riesgo.

Por otro lado, están las mujeres quienes, incluso en situaciones límite de vulnerabilidad socio-familiar-ambiental y de consumo, no se desvinculan de sus hijos, hasta cuando esto no sea lo mejor para ellos.

Para que puedan ponerse de pie es necesario que haya lugares en los que logren recuperar su dignidad y, en el caso que sean mamás, puedan vivir una maternidad amorosa y responsable. Urgen los espacios convivenciales femeninos que tengan condiciones para recibir a los hijos.

Según el último informe de 2026 sobre pobreza, desigualdad y condiciones de vida, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, “la mejora relativa observada en la tasa de pobreza por ingresos entre 2024 y 2025 no constituye evidencia de un cambio estructural en las condiciones de vida”. Es decir: sabemos que nuestros contextos comunitarios están definidos por pobreza estructural, precariedad alimentaria y el incremento de personas en situación de calle.

El Papa León lo dijo sin vueltas el año pasado: [ésta es] “una lucha que no puede abandonarse mientras, a nuestro alrededor, alguien siga preso en las diversas formas de la dependencia. Nuestra lucha es contra quienes hacen de las drogas y de cualquier otra adicción su inmenso negocio”.

En muchas Iglesias Particulares se va tejiendo una red de misericordia que, comprometida con los hombres y mujeres arrojados al costado del camino, trabajan por un desarrollo humano integral. Allí se celebran las diversas expresiones de religiosidad popular, la vida sacramental, el anuncio de la Buena Noticia a los pobres y se sirve a través de los merenderos, las visitas a las personas en situación de calle, los refugios, los centros barriales, las granjas, los hogares, los centros de día, los grupos de contención para las familias, las misiones barriales, los clubes parroquiales, los exploradores, los espacios de apoyo escolar, y tantos y tantos más.

Virgencita de Luján, te pedimos que nos sigas regalando entrañas de misericordia para seguir abrazando como Iglesia a los hijos predilectos del Padre.

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Pastoral Nacional de Adicciones y Drogadependencia

Conferencia Episcopal Argentina

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Tinogasta celebró a su patrono San Juan Bautista

En la tarde del miércoles 24 de junio, la comunidad parroquial de San Juan Bautista, en la ciudad de Tinogasta, celebró a su santo patrono, en la Solemnidad de su Nacimiento.

Los actos litúrgicos marcaron el cierre de las festividades desarrolladas bajo el lema “Fe que nos une, tradición que nos identifica, devoción que nos fortalece”, en el marco del Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú.

Durante la jornada se llevó a cabo el tradicional encuentro de las imágenes de San Pedro, proveniente de Fiambalá, y San Juan Bautista.

Y a primeras horas de la tarde, se inició la Solemne Procesión desde la rotonda Pbro. Julio A. Niñoles hasta el templo parroquial, en cuyo atrio se celebró la Santa Misa presidida por el padre Ángel Nieva, y concelebrada por el párroco anfitrión, padre Gustavo Flores; el vicario parroquial, padre Dardo Olivera; el párroco de San Francisco de Asís, en Andalgalá, padre Carlos Robledo; y el administrador parroquial de Nuestra Señora de Fátima, en Fiambalá, padre Javier Cisternas.

Participaron autoridades municipales, devotos y peregrinos que llegaron de las distintas comunidades de la zona con las imágenes de sus respectivos patronos.

En la oportunidad, se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino y el Himno a Catamarca, y se concretó la ceremonia de arriamiento de la Bandera, cerrando las fiestas patronales con un chocolate.

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