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31 mayo 2026

Mons. Urbanč: “Llegar a los 44 años de sacerdocio no es un logro personal; es un milagro de la misericordia de Dios”

En esta misma celebración, reflexionó en torno al encuentro que se realiza en Catamarca, afirmando que la Pastoral Social “es el amor trinitario haciéndose carne en las calles, en los barrios y en las periferias de nuestro mundo”.

 

En la noche del sábado 30 de mayo, día de San Fernando, rey, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, dio gracias a Dios por sus 44 años de sacerdocio durante la Santa Misa que presidió en la capilla de la casa de retiros espirituales Emaús, donde se lleva a cabo el Encuentro de Equipos de Pastoral Social del NOA, que finaliza este domingo.

Lo acompañaron concelebrando sus hermanos en el episcopado, Mons. Dante Braida, de La Rioja; Mons. José Antonio Díaz, de Concepción; y Mons. Luis Scozzina; el padre Lucas Segura, responsable de la Pastoral Social de Catamarca; entre otros presbíteros participantes del encuentro, y su hermano Francisco Urbanč, sacerdote de la Arquidiócesis de Tucumán, quien llegó para compartir esta acción de gracias.

En su homilía reflexionó sobre la Santísima Trinidad, afirmando que “celebramos a un Dios que no es soledad ni aislamiento, sino que es familia, comunión y un desborde inagotable de amor”.

Luego se refirió a esta fecha importante en su vida de consagrado, compartiendo con la asamblea que “para mí, esta fiesta tiene un matiz profundamente personal y emotivo, pues estoy dando gracias por 44 años de vida sacerdotal, de caminar junto al Santo Pueblo de Dios como sacerdote, intentando ser un instrumento, aunque frágil, de ese Amor Trinitario”.

“Al mirar hacia atrás en estos 44 años de ministerio, me doy cuenta de que la vida de un sacerdote sólo tiene sentido a la luz de este misterio trinitario. Mi ministerio comenzó y se sostiene en esas mismas palabras con las que tantas veces he bautizado a tantos niños y adultos: ‘En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo’. Todo lo que un sacerdote hace, no lo hace en su propio nombre. Cuando perdono los pecados en el confesionario, cuando consagro el pan y el vino en el altar, cuando unjo a los enfermos, es la Trinidad misma la que actúa, sana y salva a través de mis manos cansadas y pecadoras”, reflexionó.

Y continuó: “Si Dios es familia, la vocación principal del sacerdote es construir comunidad. A lo largo de estas más de cuatro décadas, mi mayor deseo ha sido reunir a los redimidos por Cristo alrededor de la mesa del Altar, intentando que nuestras comunidades fueran un reflejo terrenal de esa familia celestial. He compartido alegrías en tantas bodas y bautismos, y he llorado en las despedidas y en el dolor. En todas esas experiencias, he visto a Dios presente entre nosotros”.

 

“Un milagro de la misericordia de Dios”

Con emoción consideró que “llegar a los 44 años de sacerdocio no es un logro personal; es un milagro de la misericordia de Dios. Como ser humano, he tenido mis fallas, mis dudas y mis momentos de fatiga. Pero en cada instante de debilidad, el amor del Padre me ha levantado, la amistad del Hijo me ha guiado y el fuego del Espíritu Santo ha renovado mi vocación. Hoy, la palabra que más resuena en mi corazón es Gracias. Gracias a Dios Trinidad” y “a la Iglesia, en la que está representada mi familia de origen, la parroquia en la que crecí, las parroquias en las que serví, el seminario Mayor de Tucumán y esta diócesis de Catamarca”.

Luego se confió a las plegarias del Pueblo de Dios: “Les pido hoy un regalo especial por este aniversario: sigan rezando por mí. Recen para que, en los años que Dios me conceda seguir sirviendo, mi vida sea una alabanza continua. Que todo lo que haga, diga y piense sea siempre: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos”.

 

El corazón de la Pastoral Social

Para iluminar la primera jornada de trabajo de los participantes del encuentro de la Pastoral Social del NOA, que culmina este domingo 31, señaló que “si creemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de este Dios-Comunión, entonces nuestra fe no puede vivirse en el aislamiento. Y es aquí, exactamente, donde está el corazón de nuestra Pastoral Social, que no es una ‘ONG piadosa’ ni un simple departamento de reflexión o beneficencia de la Iglesia. Es el intento valiente y cotidiano de hacer que nuestra sociedad se parezca un poco más a la Trinidad. Es el amor trinitario haciéndose carne en las calles, en los barrios y en las periferias de nuestro mundo”.

También manifestó que “desde la Pastoral Social, mirar el mundo con los ojos del Padre significa reconocer la dignidad inalienable de cada ser humano. Cuando la sociedad descarta al anciano, ignora al migrante, invisibiliza al pobre o se olvida del que no produce, está rompiendo el sueño del Padre. Nuestro trabajo social es, ante todo, un acto de fe en la Creación: es recordarle a cada persona herida por la injusticia que tiene un Padre que la ama y que su vida tiene un valor sagrado”.

 

“La pedagogía de la Trinidad en el mundo”

Más adelante expresó que “la Pastoral Social es, en definitiva, la pedagogía de la Trinidad en el mundo. Es pasar del ‘yo’ egoísta al ‘nosotros’ solidario y fraterno. Por tanto, hermanos, si comulgamos el Cuerpo de Cristo el domingo, pero somos indiferentes al cuerpo sufriente de Cristo en nuestros barrios el lunes, nuestra fe está incompleta y enferma. La Trinidad nos llama a salir de nosotros mismos y ponernos en los zapatos del otro”.

Hacia el final pidió “al Padre que nos dé sus ojos para ver la dignidad de todos, al Hijo que nos preste sus manos para servir con humildad, y al Espíritu Santo que encienda en nuestra comunidad el fuego del amor activo y transformador. Que nuestra vida y nuestro compromiso social sean siempre un reflejo vivo, alegre y valiente de la Santísima Trinidad”.

Por último, imploró: “Madre del Valle y todos los santos y beatos argentinos, ayúdennos a ser ‘iglesia en salida’, ‘hospital de campaña’, ‘samaritanos alegres y generosos’, verdaderos discípulos-misioneros de Jesucristo para que la humanidad toda tenga Vida Plena en Jesucristo”.

Luego de la Comunión, toda la asamblea alabó con el canto a Nuestra Madre del Valle, Patrona del NOA.

 

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Iglesia nos invita a contemplar el misterio central de nuestra fe y de nuestra vida cristiana: la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Celebramos a un Dios que no es soledad ni aislamiento, sino que es familia, comunión y un desborde inagotable de amor.

Pero hoy, para mí, esta fiesta tiene un matiz profundamente personal y emotivo, pues estoy dando gracias por 44 años de vida sacerdotal, de caminar junto al Santo Pueblo de Dios como sacerdote, intentando ser un instrumento, aunque frágil, de ese Amor Trinitario.

A menudo, pensamos en la Trinidad como un enigma matemático difícil de resolver: ¿cómo pueden ser tres y, al mismo tiempo, uno?

Sin embargo, la Trinidad no es un acertijo matemático de ‘tres en uno’. Es la revelación más íntima de quién es Dios: Dios no es soledad, es comunión. Dios es familia, es un abrazo eterno entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad no es un problema para ser resuelto por nuestra inteligencia; es un misterio de amor para ser vivido, compartido y celebrado.

El Padre nos muestra el origen de todo amor, la fuente inagotable de vida que nos abraza con misericordia.

El Hijo nos muestra el amor encarnado, el rostro humano de Dios que camina con nosotros, sufre con nosotros y nos salva.

El Espíritu Santo es el amor en movimiento, la fuerza invisible, pero real que nos une, consuela e impulsa a salir de nosotros mismos.

Dios es comunión. Y porque fuimos creados a su imagen y semejanza, nosotros también estamos hechos para la comunión. No podemos ser cristianos en solitario o gnósticamente.

Al mirar hacia atrás en estos 44 años de ministerio, me doy cuenta de que la vida de un sacerdote sólo tiene sentido a la luz de este misterio trinitario.

Mi ministerio comenzó y se sostiene en esas mismas palabras con las que tantas veces he bautizado a tantos niños y adultos: "En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Todo lo que un sacerdote hace, no lo hace en su propio nombre. Cuando perdono los pecados en el confesionario, cuando consagro el pan y el vino en el altar, cuando unjo a los enfermos, es la Trinidad misma la que actúa, sana y salva a través de mis manos cansadas y pecadoras.

Si Dios es familia, la vocación principal del sacerdote es construir comunidad. A lo largo de estas más de cuatro décadas, mi mayor deseo ha sido reunir a los redimidos por Cristo alrededor de la mesa del Altar, intentando que nuestras comunidades fueran un reflejo terrenal de esa familia celestial. He compartido alegrías en tantas bodas y bautismos, y he llorado en las despedidas y en el dolor. En todas esas experiencias, he visto a Dios presente entre nosotros.

Llegar a los 44 años de sacerdocio no es un logro personal; es un milagro de la misericordia de Dios. Como ser humano, he tenido mis fallas, mis dudas y mis momentos de fatiga. Pero en cada instante de debilidad, el amor del Padre me ha levantado, la amistad del Hijo me ha guiado y el fuego del Espíritu Santo ha renovado mi vocación.

Hoy, la palabra que más resuena en mi corazón es Gracias.

*Gracias a Dios Trinidad, por haberme llamado sin mérito alguno de mi parte, y por haberme sostenido con una fidelidad que supera mi comprensión.

*Gracias a la Iglesia, en la que está representada mi familia de origen, la parroquia en la que crecí, las parroquias en las que serví, el seminario Mayor de Tucumán y esta diócesis de Catamarca. Esta Iglesia me ha enseñado a amar al Santo Pueblo de Dios, me ha ayudado a ser familia, a ser pastor, hermano, servidor, me ha perdonado y me ha sostenido y me sostiene con sus oraciones y su cariño. Un sacerdote no es nada fuera de la Iglesia, fuera de la comunidad.

Hermanos, la fiesta de hoy no nos aleja de la realidad, sino que nos sumerge en ella. Nos recuerda que estamos envueltos en el amor de Dios desde que hacemos la señal de la cruz por la mañana hasta que cerramos los ojos por la noche. Les pido hoy un regalo especial por este aniversario: sigan rezando por mí. Recen para que, en los años que Dios me conceda seguir sirviendo, mi vida sea una alabanza continua. Que todo lo que haga, diga y piense sea siempre: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Pero no termino aquí. Amerita que iluminemos nuestra jornada de trabajo. Si creemos que hemos sido creados a imagen y semejanza de este Dios-Comunión, entonces nuestra fe no puede vivirse en el aislamiento. Y es aquí, exactamente, donde está el corazón de nuestra Pastoral Social, que no es una "ONG piadosa" ni un simple departamento de reflexión o beneficencia de la Iglesia. Es el intento valiente y cotidiano de hacer que nuestra sociedad se parezca un poco más a la Trinidad. Es el amor trinitario haciéndose carne en las calles, en los barrios y en las periferias de nuestro mundo.

Veamos cómo cada una de las personas de la Santísima Trinidad nos impulsa y da forma a nuestro compromiso social:

*El Padre nos conduce a la defensa innegociable de la dignidad humana. Es el origen de la vida, el Creador que ha mirado su obra y ha dicho que "era muy buena". Para el Padre, no hay hijos de primera y de segunda categoría. Él no crea material de descarte.

Desde la Pastoral Social, mirar el mundo con los ojos del Padre significa reconocer la dignidad inalienable de cada ser humano. Cuando la sociedad descarta al anciano, ignora al migrante, invisibiliza al pobre o se olvida del que no produce, está rompiendo el sueño del Padre. Nuestro trabajo social es, ante todo, un acto de fe en la Creación: es recordarle a cada persona herida por la injusticia que tiene un Padre que la ama y que su vida tiene un valor sagrado.

*El Hijo se ensució las manos y quiso quedar reflejado en el rostro de cada ser humano. No nos amó desde lejos. Se encarnó, asumió nuestra fragilidad humana, nació en la pobreza y murió en la cruz de los marginados. Él mismo nos dio el criterio definitivo con el que seremos juzgados: "Tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber" (Mt 25,35). La Pastoral Social es ser las manos, los pies y el corazón de Cristo, en este tiempo fantástico de la historia humana. No nos acercamos al pobre o al vulnerable desde la superioridad del que da una limosna, sino desde la reverencia del que sabe que en el rostro del hermano sufriente está el rostro mismo de Cristo. El Hijo nos enseña que el amor social requiere mancharse las manos, tocar la carne herida de la humanidad, escuchar historias difíciles, hilvanar sueños e iniciativas que humanizan y caminar junto a los que sufren y son ignorados.

*El Espíritu Santo es el motor de la comunión, de la justicia, de la misericordia y de la paz. Es el amor que une al Padre y al Hijo; es el aliento que da vida y renueva la faz de la tierra. En un mundo fracturado por el individualismo, la polarización y el egoísmo, el Espíritu es quien derriba los muros y construye puentes.  En nuestra tarea pastoral, es el Espíritu Santo quien nos saca de nuestra comodidad y nos empuja a ser una "Iglesia en salida". Él nos da la valentía para denunciar y sanear las estructuras de pecado que generan pobreza, sembrando la esperanza con obras concretas. Es el Espíritu quien nos enseña a tejer redes, a trabajar en comunidad y a entender que nadie se salva solo.

La Pastoral Social es, en definitiva, la pedagogía de la Trinidad en el mundo. Es pasar del "yo" egoísta al "nosotros" solidario y fraterno.

Por tanto, hermanos, si comulgamos el Cuerpo de Cristo el domingo, pero somos indiferentes al cuerpo sufriente de Cristo en nuestros barrios el lunes, nuestra fe está incompleta y enferma. La Trinidad nos llama a salir de nosotros mismos y ponernos en los zapatos del otro.

Pidámosle hoy al Padre que nos dé sus ojos para ver la dignidad de todos, al Hijo que nos preste sus manos para servir con humildad, y al Espíritu Santo que encienda en nuestra comunidad el fuego del amor activo y transformador. Que nuestra vida y nuestro compromiso social sean siempre un reflejo vivo, alegre y valiente de la Santísima Trinidad.

Madre del Valle y todos los santos y beatos argentinos, ayúdennos a ser ‘iglesia en salida’, ‘hospital de campaña’, ‘samaritanos alegres y generosos’, verdaderos discípulos-misioneros de Jesucristo para que la humanidad toda tenga Vida Plena en Jesucristo. Amén.

Fotos y video: facebook e instagram Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat / Canal whatsapp: Prensa Diócesis Catamarca

30 mayo 2026

Referentes de la Pastoral Social del NOA se reúnen en Catamarca

Durante la mañana de este sábado 30 de mayo se dio apertura al Encuentro de Equipos de Pastoral Social del NOA, que se extenderá hasta este domingo 31, en la casa de retiros espirituales Emaús, ubicada en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca.

Bajo el lema "Rostros que claman, fe que transforma", las jornadas se enmarcan en dos celebraciones especiales para la Región: los 200 años del nacimiento del beato catamarqueño Mamerto Esquiú y los 50 años del martirio de los beatos riojanos Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera.

Participan referentes de la Pastoral Social pertenecientes a las arquidiócesis de Santiago del Estero, Salta y Tucumán, y las diócesis de Jujuy, Orán, Añatuya, Concepción, La Rioja y Catamarca, con la presencia de los obispos de: Catamarca, Mons. Luis Urbanč; La Rioja, Mons. Dante Braida, actual presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina; Concepción, Mons. José Antonio Díaz; y Orán, Mons. Fray Luis Scozzina. También respondieron a la convocatoria el rector de la Universidad Nacional de Catamarca, Ing. Oscar Arellano, entre otros representantes de distintos sectores de la sociedad y religiosas.

Esta primera jornada se inició con la bienvenida y una invocación religiosa a cargo de Mons. Urbanč, en la cual reflexionó sobre la necesidad de “no teorizar la pobreza sino ir a la acción, tenemos que poner toda nuestra energía para estar al lado de quien nos necesita”, pero “siempre con la mirada teológica de que estoy sirviendo a Jesús, por eso había santos que abrazaban y besaban al leproso, porque ahí veían a Jesús”, dijo, cerrando este momento inicial rezando la oración de San Francisco de Asís.

Seguidamente, se desarrolló la mesa panel “El Beato Mamerto Esquiú: Opción por los pobres y su aporte a la política”, que estuvo a cargo de Mons. José Antonio Díaz, obispo de Concepción; el Mgter. Marcelo Ghershani Oviedo, destacado historiador, docente e investigador catamarqueño; y el Pbro. Lic. Lucas Segura, responsable de la Pastoral Social de la Diócesis de Catamarca.

Luego de las sustanciosas exposiciones se abrió un espacio para las preguntas y el intercambio entre los participantes y los panelistas, que enriqueció las miradas y reflexiones a partir de la realidad de cada jurisdicción eclesiástica de la Región.

La propuesta formativa continúa en horas de la tarde con la disertación sobre Dilexi Te, Exhortación Apostólica del Papa León XIV sobre el amor hacia los pobres, por parte de la Dra. María José Carám.

Además, se realizarán las ponencias de cada diócesis sobre la pobreza en su jurisdicción.

 

Para este domingo 31

9.30 Exposición sobre el Quincuagésimo Aniversario del Martirio de Mons. Enrique Angelelli, Carlos Murias, Gabriel Longeville y Wenceslao Pedernera. Expositor: Mons. Dante Braida, Obispo de La Rioja y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.

10.20 Discernimiento comunitario: Conversación espiritual sobre el tema transversal de la pobreza y prospectiva.

 Fotos: facebook e instagram Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat / Canal whatsapp: Prensa Diócesis Catamarca

 

La Iglesia Diocesana celebra jubilosa el regalo de un nuevo sacerdote

“El sacerdocio no es una carrera, ni un medio de ascenso social, ni un refugio; es una entrega radical”, dijo el Obispo.

 

En la noche del viernes 29 de mayo, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, ordenó sacerdote al joven Carlos Daniel Bazán, durante la Santa Misa que presidió en el Altar Mayor de la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle, en el marco del Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú.

La Eucaristía fue concelebrada por sacerdotes del clero catamarqueño, entre ellos el vicario general, Pbro. Julio Murúa, y el rector del Santuario Catedral, Pbro. Juan Ramón Cabrera; el rector del Seminario Mayor Nuestra Señora de la Merced y San José de la Arquidiócesis de Tucumán, Pbro. Fabián Giménez; el director espiritual, Pbro. Gerardo Diéguez, y sacerdotes del clero tucumano.

Acompañaron a Carlos Daniel sus padres y hermanos, amigos, religiosas y fieles laicos provenientes de distintas comunidades parroquiales, particularmente de aquellas donde vino realizando su experiencia pastoral. También se destacó la participación de jóvenes que se prepararon para esta Eucaristía con una hora santa rogando por las vocaciones de especial consagración.

En el inicio de la ceremonia litúrgica, el Pbro. Julio Quiroga del Pino, párroco de Santa Rosa de Lima (Capital), dio lectura al decreto correspondiente, mientras que el Pbro. Diego Manzaraz, responsable de la Pastoral Vocacional Diocesana, presentó al candidato ante el Obispo.

Al comienzo de su homilía, Mons. Urbanč expresó que éste “es un día de fiesta para la Iglesia de Catamarca. Nos congregamos para agradecer y para ser testigos de un misterio profundo, de un milagro de amor: la ordenación sacerdotal de nuestro hermano Carlos Daniel Bazán”, a la vez agradeció “a Carlos y Mirta, sus padres, que han sabido secundar con mucha paciencia y generosidad su largo proceso formativo inicial. Que el Señor los reconforte y recompense con creces, bendiciéndolos e iluminándolos en sus decisiones diarias y en la guía y educación del resto de sus hijos”.

Seguidamente reflexionó sobre las lecturas escuchadas que “iluminan el sentido de este ministerio que Carlos está a punto de asumir. Nos hablan del inicio del camino, del llamado, y de la meta, del modelo supremo de lo que significa ser sacerdote”, afirmó.

En torno a la primera lectura, tomada del libro del profeta Jeremías, dijo que “nos lleva al corazón mismo de la vocación. El Señor le dice al profeta: ‘Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré’. Carlos, estas palabras resuenan hoy de manera especial para ti. Tu vocación no es un invento tuyo, no es el resultado de un cálculo o de una ambición personal. Es, ante todo, un misterio de elección divina. Dios, en su designio inescrutable, ha puesto su mirada en ti desde la eternidad. Te ha amado primero”.

“Ante este llamado abrumador, la reacción de Jeremías es muy humana y comprensible: ‘¡Ah, Señor Dios! Mira que no sé hablar, porque soy un muchacho’. Es la experiencia de la propia insuficiencia frente a la grandeza de la misión. Es probable que tú también, en algún momento de tu camino, hayas sentido ese vértigo, esa sensación de pequeñez, de inutilidad y de indignidad. Pero la respuesta de Dios a Jeremías es la misma que te da hoy a ti: ‘No digas: “Soy un muchacho”, porque irás adondequiera que yo te envíe, y dirás todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, porque yo estoy contigo para librarte’", expresó, agregando que “Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Tu fortaleza no residirá en tus propias habilidades o en tu elocuencia, sino en la promesa inquebrantable del Señor: ‘Yo estoy contigo’. El gesto de Dios tocando la boca de Jeremías es un símbolo poderoso de la gracia sacramental que recibirás”.

Al meditar sobre la figura del Buen Pastor, aseveró que “el Evangelio de San Juan nos muestra el modelo y la esencia del ministerio sacerdotal: Cristo, el Buen Pastor”, y dirigiéndose a Carlos apuntó que “hoy, por mi ministerio y poder sacerdotal, te configurarás con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. Esto significa que estás llamado a amar al pueblo de Dios con el mismo amor oblativo de Jesús. El sacerdocio no es una carrera, ni un medio de ascenso social, ni un refugio. Es una entrega radical, un ‘dar la vida’ día a día, hasta tu encuentro definitivo con Dios Padre. Dar la vida por las ovejas significa estar dispuesto a gastarse y desgastarse por ellas”.

“Como sacerdote, estás llamado a cultivar una relación personal y constante con Cristo a través de la oración, la Eucaristía y la Palabra. Solo si conoces verdaderamente al Pastor supremo, podrás pastorear su rebaño. Te lo repito: es el Rebaño de Jesucristo, no tuyo… somos administradores y tendremos que dar cuenta seriamente de la gestión”, señaló, indicando que “el verdadero pastor no gobierna desde lejos, sino que camina con su pueblo, a veces delante para guiar, a veces en medio para animar, y a veces detrás para sanar a los heridos, agobiados, desanimados o desencantados”.

Más adelante llamó a Carlos a apostar siempre por el estilo de vida sinodal y a cultivar el vínculo con el Presbiterio, que “nace del mismo sacramento del Orden... En esta nueva etapa que comienzas, el presbiterio debe ser para ti tu primera comunidad”.

En otro tramo invitó a los jóvenes a que “si sienten que el Señor los llama, no teman responder con generosidad. Hablen con un sacerdote, acérquense a nuestra Casa de Nazareth, oren y pidan luz. El Señor nunca quita nada, lo da todo”.

“El mundo necesita testigos del amor de Dios. Necesita manos que bendigan, voces que perdonen en nombre de Cristo, corazones que acompañen a los que sufren y celebren la Eucaristía para saciar el hambre del pueblo de Dios. Es una aventura apasionante, exigente, pero llena de una alegría profunda que el mundo no puede dar”, enfatizó.

Al final de su predicación rogó “que María del Valle y el Beato Mamerto Esquiú, te acompañen siempre en tu ministerio. Que Ella, que pronunció su ‘SÍ’ con total entrega, te enseñe a ser un instrumento dócil y fecundo en las manos del Señor”.

 

Rito de consagración

Continuando con la ceremonia litúrgica, Carlos Daniel prometió obediencia y respeto al Obispo y a sus sucesores, y se postró en el suelo mientras la asamblea cantaba las letanías de los santos.

Seguidamente, se realizó la imposición de las manos por parte del Obispo y de todos los sacerdotes presentes. 

Y luego de la oración de consagración, el nuevo presbítero fue revestido por sus padrinos sacerdotes con la estola y la casulla.

A continuación, el Obispo ungió con el Santo Crisma las manos del nuevo sacerdote, que ató con un manutergio, simbolizando el sacerdocio eterno, el cual fue desatado por su madre, a quien se le entregó el paño litúrgico.

En el momento de la preparación de la mesa eucarística recibió el cáliz y la patena, y con un fuerte aplauso de los presentes, pasó a formar parte de los celebrantes en el altar.

La Eucaristía continuó de la forma acostumbrada; y después de la Comunión, el flamante sacerdote se consagró a la Virgen del Valle y recibió una bendición especial del Obispo.

De esta manera, la Iglesia catamarqueña participó con alegría de este gran acontecimiento de fe, bajo el amparo de Nuestra Señora del Valle y del Beato Mamerto Esquiú, a quien celebramos en los 200 años de su nacimiento.

 

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Querido Carlos, queridos hermanos y hermanas en Cristo; en especial, queridos jóvenes que se prepararon a esta celebración por medio de una hora santa, frente a Jesús Sacramentado.

Hoy nos hemos reunido llenos de gozo y esperanza, porque es un día de fiesta para la Iglesia de Catamarca. Nos congregamos para agradecer y para ser testigos de un misterio profundo, de un milagro de amor: la ordenación sacerdotal de nuestro hermano Carlos Daniel Bazán. Pero, antes que nada, quiero agradecer a Carlos y Mirta, sus padres, que han sabido secundar con mucha paciencia y generosidad su largo proceso formativo inicial. Que el Señor los reconforte y recompense con creces, bendiciéndolos e iluminándolos en sus decisiones diarias y en la guía y educación del resto de sus hijos.

Las lecturas que hemos escuchado iluminan el sentido de este ministerio que Carlos está a punto de asumir. Nos hablan del inicio del camino, del llamado, y de la meta, del modelo supremo de lo que significa ser sacerdote.

1. El Misterio de la Elección (Jeremías 1,4-9)

La primera lectura, tomada del libro del profeta Jeremías, nos lleva al corazón mismo de la vocación. El Señor le dice al profeta: "Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré".

Carlos, estas palabras resuenan hoy de manera especial para ti. Tu vocación no es un invento tuyo, no es el resultado de un cálculo o de una ambición personal. Es, ante todo, un misterio de elección divina. Dios, en su designio inescrutable, ha puesto su mirada en ti desde la eternidad. Te ha amado primero.

Ante este llamado abrumador, la reacción de Jeremías es muy humana y comprensible: "¡Ah, Señor Dios! Mira que no sé hablar, porque soy un muchacho". Es la experiencia de la propia insuficiencia frente a la grandeza de la misión. Es probable que tú también, en algún momento de tu camino, hayas sentido ese vértigo, esa sensación de pequeñez, de inutilidad y de indignidad.

Pero la respuesta de Dios a Jeremías es la misma que te da hoy a ti: "No digas: 'Soy un muchacho', porque irás adondequiera que yo te envíe, y dirás todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, porque yo estoy contigo para librarte".

Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Tu fortaleza no residirá en tus propias habilidades o en tu elocuencia, sino en la promesa inquebrantable del Señor: "Yo estoy contigo". El gesto de Dios tocando la boca de Jeremías es un símbolo poderoso de la gracia sacramental que recibirás. El Espíritu Santo purificará tus labios y pondrá su Palabra en tu boca, para que hables no en tu nombre, sino en el nombre de Cristo.

2. El Modelo del Buen Pastor (Juan 10,11-16)

Si Jeremías nos habla del origen del llamado, el Evangelio de San Juan nos muestra el modelo y la esencia del ministerio sacerdotal: Cristo, el Buen Pastor.

"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas". Jesús establece una diferencia radical entre el pastor verdadero y el asalariado. El asalariado trabaja por una paga; su interés principal no es el rebaño, sino su propio beneficio. Ante el peligro, ante la llegada del lobo, el asalariado huye y abandona a las ovejas.

Carlos, hoy, por mi ministerio y poder sacerdotal, te configurarás con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. Esto significa que estás llamado a amar al pueblo de Dios con el mismo amor oblativo de Jesús. El sacerdocio no es una carrera, ni un medio de ascenso social, ni un refugio. Es una entrega radical, un "dar la vida" día a día, hasta tu encuentro definitivo con Dios Padre.

Dar la vida por las ovejas significa estar dispuesto a gastarse y desgastarse por ellas. Significa escuchar sus alegrías y sus penas, cargar con sus heridas, buscar a la oveja perdida y vendar a la herida. Significa estar cerca del rebaño, ‘con olor a oveja’, como recordaba, a menudo, el Papa Francisco.

3. Conocer y Ser Conocido

El Señor añade otra dimensión fundamental: "Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y las mías me conocen a mí, como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre".

Este conocimiento no es meramente intelectual; es un conocimiento de amor, de intimidad profunda. Como sacerdote, estás llamado a cultivar una relación personal y constante con Cristo a través de la oración, la Eucaristía y la Palabra. Solo si conoces verdaderamente al Pastor supremo, podrás pastorear su rebaño. Te lo repito: es el Rebaño de Jesucristo, no tuyo; Él lo formó con su entrega en la Cruz. Tú, yo y el resto de los sacerdotes cuidamos lo ajeno, como si fuera nuestro. Por eso, debemos hacerlo mejor que si fuera sólo nuestro. Somos administradores y tendremos que dar cuenta seriamente de la gestión.

Y, al mismo tiempo, estás llamado a conocer a las personas que te serán encomendadas. Conocerlas por su nombre, conocer sus historias, sus luchas y sus esperanzas. El verdadero pastor no gobierna desde lejos, sino que camina con su pueblo, a veces delante para guiar, a veces en medio para animar, y a veces detrás para sanar a los heridos, agobiados, desanimados o desencantados.

4. La Universalidad de la Misión

Finalmente, Jesús abre el horizonte de la misión: "Tengo también otras ovejas que no son de este redil; también a ellas debo traerlas, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo pastor".

El corazón del sacerdote, a imagen del de Cristo, debe ser un corazón universal, sin fronteras. No te cierres en las comodidades de lo ya establecido. Sal a buscar a los que están lejos, a los que sufren, a los que se sienten excluidos de la misericordia de Dios. Sé un puente de reconciliación y un instrumento de unidad. Apuesta por el estilo de vida Sinodal. ¡Sé siempre sinodal!

5.- El Vínculo Indisoluble con el Presbiterio

Sin embargo, querido Carlos, hoy recibes este don inmenso e inefable, pero no de un modo aislado. Al imponer mis manos sobre tu cabeza, y al hacerlo después todos los sacerdotes aquí presentes, no sólo te transmitimos el don del Espíritu Santo para el ministerio, sino que te acogemos en una familia: el presbiterio diocesano.

El sacerdocio no es una vocación para francotiradores espirituales. No eres un llanero solitario enviado a una misión aislada. Desde este momento, te insertas vitalmente en un cuerpo, en una comunión sacramental, afectiva y efectiva, con el Obispo y con cada uno de tus hermanos sacerdotes.

El Concilio Vaticano II nos recuerda luminosamente que los presbíteros "están unidos entre sí por íntima fraternidad sacramental" (Presbyterorum Ordinis, 8). Esta fraternidad no es una simple camaradería humana, ni un mero espíritu de cuerpo, y mucho menos un sindicato o una coalición de intereses. Es un vínculo que nace del mismo sacramento del Orden. Comparten un mismo Señor, una misma misión y un mismo ministerio.

En esta nueva etapa que comienzas, el presbiterio debe ser para ti tu primera comunidad. En tus hermanos sacerdotes encontrarás:

    *Compañeros de yugo: Hombres que conocen el peso y la alegría del ministerio. Ellos comprenderán tus cansancios, tus ilusiones, tus decepciones y tus esperanzas mejor que nadie, porque caminan por el mismo sendero.

    *Consejeros y guías: Sobre todo en los sacerdotes mayores, hallarás la sabiduría de la experiencia, el consejo prudente y el testimonio de la fidelidad a lo largo de los años. No dudes en acercarte a ellos, escúchalos y aprende de su camino.

    *Hermanos para sostener y ser sostenido: Habrá días luminosos en los que podrás animar a otros, y días oscuros en los que necesitarás que un hermano te escuche, te corrija con caridad o, simplemente, rece contigo y por ti. La fraternidad sacerdotal es un antídoto poderoso contra la soledad y el desánimo, que son tentaciones frecuentes en el ejercicio de este admirable ministerio.

Cultiva esta fraternidad, Carlos Daniel. No te aísles en tu parroquia o en tu tarea pastoral. Participa activamente en los encuentros del presbiterio, reza con tus hermanos, comparte la mesa y la vida. Sé constructor de comunión, evitando murmuraciones o divisiones que tanto dañan el Cuerpo de Cristo.

Y en el centro de esta comunión sacerdotal, está el vínculo con tu Obispo. La promesa de obediencia y respeto que harás dentro de unos momentos no es una sumisión servil, sino la expresión de una comunión jerárquica que garantiza que tu ministerio sea, en verdad y saludablemente eclesial y apostólico. Yo soy tu padre y tu pastor, y en mí, y en mis sucesores, encontrarás siempre un corazón abierto para escucharte, guiarte y sostenerte.

6.- Invitación a los jóvenes:

Y ahora, permítanme dirigir la mirada a ustedes, los jóvenes que hoy nos acompañan. Miren a Carlos. Él es un joven como ustedes, con sus sueños, sus proyectos, sus inquietudes. Pero un día experimentó que el Señor lo miraba con un amor especial y escuchó esa invitación inconfundible: "Ven y sígueme".

Quizás algunos de ustedes sientan hoy una inquietud en el corazón, una chispa que se enciende al ver este misterio. Quizás se pregunten: "¿Será que Dios me llama a mí a ser sacerdote?". No tengan miedo a esa pregunta. ¡No la apaguen con el ruido del mundo ni con las dudas!

El mundo necesita testigos del amor de Dios. Necesita manos que bendigan, voces que perdonen en nombre de Cristo, corazones que acompañen a los que sufren y celebren la Eucaristía para saciar el hambre del pueblo de Dios. Es una aventura apasionante, exigente, pero llena de una alegría profunda que el mundo no puede dar.

Si sienten que el Señor los llama, no teman responder con generosidad. Hablen con un sacerdote, acérquense a nuestra ‘Casa de Nazareth’, oren y pidan luz. El Señor nunca quita nada, lo da todo. Y si Él los llama a ser pescadores de hombres, les aseguro que su vida se llenará de un sentido y una fecundidad insospechados. ¡Atrévanse a decirle que sí a Jesucristo, Salvador del Mundo, Gran Amigo y Consejero de los jóvenes, Camino, Verdad y Vida!

Conclusión

Que la Virgen María, Madre de los sacerdotes, te enseñe a amar a tus hermanos en el ministerio y a vivir intensamente esta comunión, para que juntos, como un solo presbiterio, seamos un reflejo vivo del Buen Pastor para el pueblo santo de Dios.

Recuerda siempre el consuelo de la promesa de Dios a Jeremías: "Yo estoy contigo". Y mantén siempre ante tus ojos el modelo supremo de Cristo, el Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas.

Que María del Valle y el Beato Mamerto Esquiú, te acompañen siempre en tu ministerio. Que Ella, que pronunció su "" con total entrega, te enseñe a ser un instrumento dócil y fecundo en las manos del Señor. Amén.

Fotos y videos: facebook e instagram Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat / Canal whatsapp: Prensa Diócesis Catamarca

 

29 mayo 2026

Santa Misa – Ordenación Sacerdotal

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📆Viernes 29 de mayo  ⏰20.00 ⛪Catedral Basílica

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