“Esta
celebración en tu honor fue la primera, en el marco del año de festejos por el
Bicentenario del nacimiento de tu amado hijo, el Beato Mamerto Esquiú. No me
cabe la menor duda que nos ayudarás a sacar los mejores frutos para nuestra
vida cristiana”, dijo el Obispo dirigiéndose a la Virgen.
En la cálida tarde de este
domingo 19 de abril, se llevó a cabo la Solemne Procesión en honor de Nuestra Madre
del Valle, que marcó el cierre del Septenario celebrando el 135° aniversario de
su Coronación Pontificia, en el marco del Jubileo Diocesano por el Bicentenario
del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú.
La jornada se inició en la intersección
de avenida Virgen del Valle y calle República, en el lugar exacto del Paseo
General Navarro, más conocido como La Alameda, donde se encuentra emplazada la
corona gigantesca que recuerda aquel acontecimiento que se celebra en estas festividades.
Allí se vivió un momento de
animación con música y poesía de autores catamarqueños, dando la bienvenida a
las 65 delegaciones de peregrinos e instituciones inscriptas para rendirle su homenaje.
Alrededor de las 17.30 comenzó el paso de los grupos delante de las sagradas
imágenes de la Virgen del Valle y del Beato Mamerto Esquiú.
Concluido este momento se
dispuso la ubicación de las religiosas y religiosos, sacerdotes del clero local
y de otras diócesis, y del obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, acompañado por
el obispo emérito de Neuquén, Mons. Virginio Domingo Bressanelli (SCJ), para
dar inicio a la Solemne Procesión con la Santísima Madre del Valle escoltada
por la Guardia de Honor de los Bomberos de la Policía de Catamarca, y precedida
por la imagen del Beato Mamerto Esquiú.
Detrás se ubicaron las
autoridades provinciales encabezadas por el gobernador, Lic. Raúl Jalil; los
intendentes de Capital, Dr. Gustavo Saadi; de Fray Mamerto Esquiú, Prof. Alejandra
Benavídez; de Icaño, Franco Carletta; legisladores provinciales y municipales,
autoridades judiciales y de las fuerzas de seguridad.
A lo largo del trayecto, que
comprendió Camilo Melet, Mariano Moreno, avenida Ocampo, San Martín, Rivadavia
y República hasta el Paseo de la Fe, la Imagen cuatro veces centenaria de la
Virgen del Valle fue llevada en andas por integrantes de la EC Sapem, Vialidad
Provincial, Aguas de Catamarca, Gauchos y Guardianes de la Virgen.
Durante el recorrido se vivieron
muestras de amor y devoción a la Reina del Valle. Lluvia de papelitos, globos y
gallardetes en distintos puntos del trayecto pusieron color y alegría al paso
de la Madre.
Mientras se desplazaba la
columna de devotos y peregrinos se desgranaron los misterios del Santo Rosario matizados
con canciones, mientras los hijos de la Madre Morena agitaban sus pañuelos para
saludarla a su paso.
Luego de bordear la plaza 25
de Mayo, la Sagrada Imagen fue recibida con el tañido de las campanas y los sones
de la Banda de Música de la Policía de la Provincia, en el Paseo de la Fe, donde
se realizó el acto de cierre de las festividades.
Por
los enfermos, la paz en el mundo y los peregrinos
En su alocución final, Mons. Urbanč
se refirió al tiempo jubilar que vive esta Iglesia Particular manifestando que “esta
celebración en tu honor fue la primera, en el marco del año de festejos por el
Bicentenario del nacimiento de tu amado hijo, el Beato Mamerto Esquiú. No me
cabe la menor duda que Tú estás muy contenta y nos ayudarás a sacar los mejores
frutos posibles para nuestra vida cristiana. Hemos tenido presente su figura en
este septenario, sobre todo, como un fiel hijo tuyo y gran cantor de tus
celestiales prodigios”.
Luego expresó: “Gracias,
Madre, por acompañarnos siempre, por escuchar nuestras plegarias, por
recibirnos con tu mirada tierna y silenciosa y por acogernos cálidamente en el
huequito de tus manos maternales”.
También imploró “por tantos
enfermos que me pidieron que rece por ellos y que me encargue te ponerlos en tu
presencia. Por favor, hazte notar, consiguiendo para ellos la gracia que
necesitan”.
Tal como lo hizo el día de la
Bajada de la Sagrada Imagen volvió “a clamar por la Paz en el mundo, pero,
sobre todo, ahora te pido que los seres humanos dejemos de fabricar armas y de
gestar todo tipo de violencia, a fin de que nadie tenga que poner la excusa que
debe armarse para defenderse de posibles agresores”.
Entre sus ruegos pidió por “nuestra
patria que se debate en medio de odios, rencores, revanchismos, mezquindades,
corruptelas en todos los niveles, familias sin los recursos necesarios para
vivir dignamente, niños y jóvenes que deambulan en medio de un despiadado e
insaciable consumismo, el flagelo de las adicciones, mediocridad y dejadez generalizada, violencia
y animosidad aceptadas sin más, endiosamiento del cortoplacismo, la mentira, la
hipocresía y el engaño como vestales de una sociedad decadente, etc.
Consíguenos el milagro de que como individuos y sociedad busquemos salir de
esta situación, aceptando las enseñanzas divinas y poniéndolas en práctica como
enseñaba el Beato Esquiú a sus contemporáneos”.
“Acompaña al Papa León en su
largo viaje por el continente africano, tan golpeado por la violencia, la
inequidad y la pobreza. Dale fuerza y sostenlo en su decidido clamor por la paz
en el mundo”, rogó.
Además, suplicó: “Responde,
con dulzura de madre, a todos los pedidos que te hicieron tus devotos y
peregrinos en estos días del septenario, con el que celebramos los 135 años de
la coronación pontificia de tu imagen que representa el gran designio divino de
que seas la Inmaculada, la sin pecado, para poder acoger, no sólo al Hijo de
Dios para ser hombre, sino también para ser la Madre Espiritual de toda la
humanidad”.
“Acompaña a todos los peregrinos en el regreso
a sus hogares… que todos lleguen a sus lugares de origen, renovados por haber
participado en las confesiones, bendiciones, Eucaristías, rezos y en esta
solemne procesión que siempre nos deja el sentimiento encontrado de haber
estado gustosos contigo y de la inexorable y dolorosa despedida. No obstante,
sabemos que jamás nos abandonas, más aún, estamos convencidos que siempre
estás, y por eso, cada vez que podemos, nos llegamos hasta tu morada, en
Catamarca, para agradecerte, suplicarte y comprometernos a ser mejores
discípulos-misioneros. Gracias Madre bendita, ¡hasta siempre!”, concluyó.
Seguidamente se entonaron las estrofas
del Himno Nacional Argentino, tras lo cual se realizó el arriamiento de la Bandera
nacional.
En nombre del Santo Padre León
XIV, el Obispo impartió la bendición apostólica con indulgencia plenaria.
Con las campanas echadas a
vuelo, pañuelos agitados, vivas y corazones palpitantes de amor, los devotos y
peregrinos despidieron a la Reina y Señora del Valle, quien
regresó al Camarín donde permanece durante la
mayor parte del año irradiando su gracia sin par.
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