La devoción a la Santa Cruz constituye una de las expresiones de fe más antiguas y significativas de la comunidad de Rincón, en el departamento Pomán. Esta tradición, transmitida de generación en generación, forma parte de la memoria colectiva y de la identidad religiosa del pueblo.
Según el relato de doña
Hortensia Aguilar de Toledo (1904-2003), hacia el año 1904 la celebración de la
Santa Cruz se vivía con profunda emoción y participación comunitaria. Cada 2 de
mayo, las familias preparaban con dedicación y esmero una Cruz en sus hogares,
adornándola con flores, velas y diversos elementos religiosos. Las casas se
convertían en verdaderos espacios de oración y encuentro, donde vecinos y
devotos recorrían el pueblo visitando cada familia para rezar y cantar juntos
desde la siesta hasta la noche. La preparación de las cruces parecía una
amistosa competencia entre los hogares, reflejando el amor y la fe que cada
familia depositaba en esta celebración.
Al día siguiente, el 3 de
mayo, comenzaba la tradicional novena de la Cruz, costumbre profundamente
arraigada en la comunidad. Esta práctica religiosa ya existía desde tiempos
anteriores, debido a la presencia de una Cruz misional ubicada en la plaza del
pueblo, símbolo espiritual que marcó la vida religiosa de generaciones enteras.
Con el paso de los años, nuevas cruces fueron colocadas en distintos sectores
de Rincón, convirtiéndose en signos visibles de protección, esperanza y unión
comunitaria.
Tal como sostiene María Jesús
Romero (2009), la Cruz representa el centro de oración más antiguo de nuestra
comunidad, una expresión de religiosidad popular que se mantiene viva desde
comienzos del siglo XX.
En este contexto de profunda
fe, en el año 1917 se colocó una Cruz en el templo de la comunidad. Décadas más
tarde, debido al deterioro ocasionado por el paso del tiempo, ésta fue renovada
en 1967. Sin embargo, durante el mes de enero del presente año, una mañana
lluviosa sorprendió a los vecinos con una triste noticia: la Cruz había caído y
quedado destruida a causa de los fuertes vientos, las intensas lluvias y el
desgaste natural de los años.
Lejos de convertirse en un
motivo de desánimo, este hecho despertó nuevamente el espíritu solidario y
comprometido de toda la comunidad. Desde ese momento comenzaron las gestiones
para solicitar presupuestos y reunir los recursos necesarios para construir una
nueva Cruz. Gracias al esfuerzo conjunto de los vecinos y al valioso trabajo de
un carpintero, hijo de esta tierra rinconista, el anhelo pudo hacerse realidad.
Bendición
de la Cruz reconstruida
Finalmente, en la tarde del 3
de mayo, en una emotiva y solemne ceremonia, el párroco Pbro. Sergio Chumbita
bendijo la nueva Cruz junto al pueblo congregado. La jornada culminó con la
celebración de la Santa Misa de acción de gracias, acompañada de una profunda
homilía y reflexión sobre el compromiso, la fidelidad y el acompañamiento a
Jesús en la vida cotidiana.
Hoy, la nueva Cruz vuelve a
levantarse como símbolo de fe, esperanza y unidad para toda la comunidad de
Rincón. Más que una estructura de madera, representa la historia viva de un pueblo
creyente que mantiene encendida, a través del tiempo, la fuerza de sus
tradiciones y el valor de compartir la fe en comunidad.
“Es
la Cruz de salvación, el árbol que nos dio la vida”, dice la canción.
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