En vísperas de la semifinal que disputarán las selecciones de Argentina e Inglaterra, desde la Subcomisión de Paz y Deporte de la Comisión Nacional de Justicia y Paz queremos compartir una reflexión que trasciende el resultado deportivo.
El deporte es uno de los
lenguajes universales más fecundos para construir la paz. Nos enseña a
reconocer la dignidad del otro, a respetar las reglas, a valorar el esfuerzo
compartido y a comprender que el verdadero triunfo consiste también en crecer
como personas y como comunidad.
El papa Francisco afirmó en
numerosas oportunidades que «el deporte es un camino para construir la paz,
porque es una escuela de respeto y de lealtad que hace crecer la cultura del
encuentro». Esa convicción inspira el trabajo de nuestra Subcomisión: promover
el deporte como un ámbito privilegiado para educar en los valores de la
fraternidad, el diálogo, la solidaridad y el bien común.
En esa misma línea, el papa
León XIV ha invitado a redescubrir el deporte como una expresión de la
fraternidad entre los pueblos, capaz de tender puentes donde existen
diferencias y de favorecer una auténtica cultura del encuentro.
Por ello, este partido debe
ser vivido como lo que verdaderamente es: un partido de fútbol. Como expresó el
entrenador de la Selección Argentina, se trata de un juego, y nada más que eso.
La pasión por nuestros colores puede convivir plenamente con el respeto por el
rival y con la alegría que el deporte despierta en millones de personas.
La causa de las Islas Malvinas
ocupa un lugar permanente en la memoria y en el corazón de los argentinos, y
merece ser honrada con respeto y responsabilidad. Precisamente por ello, no
corresponde trasladar esa historia al terreno de juego ni cargar sobre una
competencia deportiva el peso de cuestiones que pertenecen a otro plano de la
vida de nuestras naciones.
Deseamos que esta semifinal
sea una verdadera fiesta del deporte; que prevalezcan el juego limpio, el
respeto mutuo y el reconocimiento del esfuerzo de ambos equipos. Que quienes
ingresen al campo de juego sean un ejemplo para los millones de niños y jóvenes
que encuentran en el deporte una escuela de vida.
Que este encuentro nos
recuerde que competir no es enfrentarse como enemigos, sino compartir una misma
pasión desde el respeto. Porque cuando el deporte vive sus valores más
auténticos, se convierte en un verdadero instrumento de paz y fraternidad entre
los pueblos.
Fernando Brugaletta
Subcomisión de Paz y Deporte
Comisión Nacional de Justicia y Paz
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