«Puentes hacia el Bien Común»
Reunidos por primera
vez en Córdoba los participantes de la Semana Social 2026 nos hemos encontrado
bajo el lema “Puentes hacia el Bien Común”. En este cambio de época, queremos
continuar la senda de organizar la esperanza asumiendo que el Bien Común no es
una abstracción teórica, sino la forma social de la dignidad humana.
Comprendemos que la justicia social es el criterio estructurador y la
herramienta indispensable para hacer real este horizonte de plenitud, acortando
distancias y garantizando la equidad, tanto en el punto de partida como en el
camino de nuestro pueblo.
Con inmensa alegría y
renovada esperanza, aguardamos la próxima visita del Papa León XIV a la
Argentina en el mes de noviembre. El anunciado paso por Buenos Aires, Córdoba y
Luján se presenta como un llamado al reencuentro fraterno. Su visita nos
convoca a disponernos al encuentro: recuperar la escucha y reconocernos
corresponsables de una misma casa y de un destino compartido.
En el primer eje de
nuestras reflexiones, “Bien Común y compromiso social: una llamada de Magnífica
Humanitas”, nos hemos dejado iluminar por el camino de Nehemías. Comprendemos
que el diálogo se sostiene sobre una escucha atenta, serena y respetuosa, capaz
de empatizar genuinamente con el otro sin descalificarlo ni subestimarlo. El
Bien Común nos convoca a edificar una sociedad donde cada piedra, especialmente
aquella que parece descartada o herida, sea valorada e integrada en la
reconstrucción de la convivencia. El
acceso al alimento, a la vivienda, el trabajo digno, la educación y el acceso a
la cultura, la salud, el transporte, la libre circulación de las informaciones,
la tutela de la libertad religiosa, la salvaguardia del medioambiente, la paz y
el ordenamiento jurídico no son variables abstractas, sino exigencias concretas
de la dignidad humana que debemos custodiar juntos.
Al abordar el segundo
eje, “Economía, Producción y Trabajo en el tiempo de la Inteligencia
Artificial”, reafirmamos que el trabajo es el gran ordenador de la vida y una
senda de realización personal. Ante el avance vertiginoso de las tecnologías de
la información y la inteligencia artificial, alentamos una transición justa con
gobernanza, donde los límites éticos, técnicos y morales sean establecidos por
el ser humano para garantizar que la técnica sea siempre una ayuda valiosa y
que la persona humana nunca sea variable de ajuste ante la eficiencia o el
lucro. Queremos caminar estrechamente junto a nuestro pueblo, compartiendo el
desvelo de tantas familias que, a pesar de esforzarse en múltiples empleos, se
ven obligadas a asumir compromisos económicos y financieros que escapan a sus
posibilidades reales.
En el tercer eje,
“Poder digital y cuidado de la persona humana”, hemos reflexionado sobre las
problemáticas de la virtualidad que afectan la interioridad y la salud mental
de nuestras comunidades. Nos conmueve profundamente el sufrimiento silencioso
expresado en la ansiedad y el aislamiento social, y nos comprometemos a no ser
indiferentes ante el crecimiento de la tasa de suicidios, especialmente en
adolescentes y jóvenes. Frente al flagelo de las apuestas online recordamos que
“apostar no es un juego”. A su vez, proponemos valorar los vínculos cercanos
que implican la conversación cara a cara en el hogar, la recuperación del juego
físico, la gratuidad, y el deporte compartido. Fortalecemos el protagonismo de
nuestras Capillas, Clubes de barrio y Colegios, entre tantas otras, como
comunidades indispensables para ordenar los impulsos, cuidar la interioridad y
reconstruir la vida fraterna.
Desde la Ecología
Integral, donde la realidad supera a la idea y el todo a las partes,
reafirmamos que no hay dos crisis sino una sola crisis socio-ambiental.
Caminamos con nuestro pueblo escuchando el clamor de la tierra y de los pobres,
convencidos de que la unidad supera al conflicto en una casa común donde todo
está conectado. Junto a quienes protegen los humedales, defienden el agua, el
alimento sin derroche, recordamos que descuidar la naturaleza es una falta de
caridad y justicia hacia el prójimo. Reconocemos, a su vez, la importancia de
la tierra y el ambiente en la identidad de los pueblos originarios.
Nuestra reflexión se
nutre también de la memoria agradecida que cultivamos en el paso por la Casa de
la Memoria, donde reafirmamos que la paz verdadera es fruto de la justicia y se
cimenta sobre la verdad histórica. Al conmemorar el 50° aniversario del golpe
de Estado y honrar el testimonio de nuestros mártires riojanos, recordamos con
el beato Enrique Angelelli que la justicia social es un camino de fraternidad
que debemos custodiar activamente.
Con la tenacidad de
Nehemías, que al escuchar el dolor de su ciudad herida no se quedó en lamentos,
sino que organizó al pueblo, se ensució las manos y construyó puentes para el
bien común, asumimos el compromiso de levantar lo caído siendo piedras vivas de
esta edificación comunitaria. Cada uno debe asumir su tramo de muralla y
construir juntos la civilización del amor. Ponemos nuestras vidas y el porvenir
de la Patria en manos de nuestra Madre, la Virgen de Luján y el Santo Cura
Brochero. Les pedimos que nos enseñen a mirar la historia desde abajo para
seguir tendiendo puentes de encuentro en esta magnífica humanidad.
Córdoba,
domingo 6 de septiembre de 2026.
Comisión
Episcopal de Pastoral Social
Conferencia
Episcopal Argentina
