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02 noviembre 2009

Celebran a San Martín de Porres, Patrono de los porteros y personal de maestranza

El martes 3 de noviembre, a las 20.00, se oficiará la misa en honor a San Martín de Porres, Patrono de los porteros y personal de maestranza, en la parroquia San José Obrero del barrio La Tablada, ubicada en Santa Fe y Ayacucho de la ciudad capital.
Se invita a todos los devotos del llamado “Santo de la escoba”, y a los fieles en general a participar de este acto litúrgico; y se pide llevar un artículo de limpieza para la ofrenda.

¿Quién fue?
El santo mulato nació en Lima en 1579 de padre español y madre panameña. Tardó su padre en reconocerlo pero al final asintió, teniendo de todas formas que partir dejando al pequeño al cuidado de su madre. Son misteriosos los caminos del Señor: no fue sino un santo quien lo confirmó en la fe de sus padres. Fue Santo Toribio Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima y actual patrono del Episcopado Latinoamericano, quien hizo descender el Espíritu sobre su moreno corazón. Martín aprendió el oficio de barbero y también algo de medicina. Era inteligente, y fue tal su amor por los hermanos que no tardó en aprender para poderlos servir mejor. Desde niño sentía predilección por los enfermos y los pobres en quienes reconocía sin duda el rostro sufriente de su Señor. A los 15 años la gracia recibida y el ardor por vivir más cerca de Dios en servicio completo a sus hermanos humanos lo impulsó a pedir ser admitido como donado en el convento de los dominicos que había en Lima.

Pronto la virtud del moreno dejó de ser un secreto. Su servicio como enfermero se extendía desde sus hermanos dominicos hasta las personas más abandonadas que podía encontrar en la calle. En 1603 le fue concedida la profesión religiosa y pronunció los votos de pobreza, obediencia y castidad. Hombre de gran caridad, unía a su incesante oración las penitencias más duras. Era mucho el amor, eran poco el sueño y la comida, lo sostenía la oración, la infinita misericordia de Dios. Es muy probable que haya conocido a Santa Rosa de Lima.

La virtud del santo, su intensa vida espiritual, sostenían su entrega, pero sin duda alguna, aquello que más recuerda el pueblo de Lima son sus numerosos milagros. A veces se trataba de curaciones instantáneas, en otras bastaba sólo su presencia para que el enfermo desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas cerradas.

El pueblo de Lima venera hoy su dulce y sencilla imagen, con su escoba en la mano dando de comer, de un mismo plato, a perro, ratón y gato.

A los 60 años de edad, Fray Martín cayó enfermo y supo de inmediato que había llegado la hora de encontrarse con el Señor. El pueblo se conmovió, y mientras en la calle toda Lima lloraba, el mismo virrey fue a verlo a su lecho de muerte para besar la mano de quien decía de sí mismo ser un perro mulato, tal era la veneración que todos le tenían. Poco después, mientras se le rezaba el credo, besando el crucifijo con profunda alegría, el santo partió. Pero esta partida no lo alejó de su pueblo quien esperanzado le reza a diario aguardando su tierna intercesión y agradeciendo sus milagros. Fray Martín de Porres, el mulato "santo de la escoba" fue canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII.

Codipa: Jornada de comunión y participación con acento centenario





La Casa de Retiros Espirituales de Emaús, ubicada camino al dique El Jumeal, en la ciudad capital, sirvió como escenario para que los miembros del Consejo Diocesano de Pastoral de Catamarca (Codipa) vivieran una jornada de plena comunión y participación con vistas al Jubileo del Año Centenario de la Diócesis, que será lanzado el próximo 8 de diciembre en la culminación de la festividades en honor a Nuestra Señora del Valle.
La asamblea, que contó con la asistencia de alrededor de 70 personas, se llevó a cabo el sábado 31 de octubre y dio comienzo con la celebración de la Santa Misa, presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanč, quien, posteriormente, fue el encargado de dar apertura a la reunión con una reflexión en la que exhortó a trabajar en la evangelización y agradeció la presencia de los delegados de las distintas parroquias que componen la jurisdicción eclesiástica catamarqueña, como así también de los movimientos, instituciones y áreas pastorales, que conforman la vida de la Iglesia en Catamarca. Es importante destacar que varios integrantes del Consejo debieron recorrer cientos de kilómetros para estar presentes en esta importante instancia pastoral.
La reunión fue coordinada por el Vicario Episcopal para la Pastoral, Pbro. José Antonio Díaz, quien fue presentado oficialmente por el Señor Obispo ante los miembros del Codipa.
Como parte del trabajo previsto, se presentó la síntesis de los aportes realizados sobre la base de una consulta enviada oportunamente a los delegados parroquiales, de movimientos, instituciones y áreas pastorales, con la intención de aproximarnos a un diagnóstico de la realidad pastoral de la Diócesis.
Luego se dio paso al trabajo en grupos, en los que se expusieron comentarios y opiniones, compartidos en un plenario.
En otro momento del encuentro, fueron dadas a conocer las fechas definidas para el Año Centenario de 2010. Y tras la proyección de los videos sobre la Misión Continental y el Encuentro Diocesano de Evangelizadores, concretado en septiembre de este año en el Predio Ferial Catamarca, los asistentes elaboraron en forma grupal propuestas que fueron enunciadas en una puesta en común, bajo la consiga cómo aprovechar esta oportunidad del Centenario para una conversión pastoral.
El cierre estuvo a cargo del Obispo Diocesano, quien se sumó a la tarea desarrollada durante la jornada.

Mons. Urbanc: "Que este acto de venir al cementerio nos sirva para cambiar"




Una gran cantidad de personas participó de la Santa Misa presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanč, en la capilla del cementerio municipal de la ciudad capita, para rogar por los fieles difuntos. La celebración eucarística se llevó a cabo el lunes 2 de noviembre por la mañana, y antes de su inicio y durante su transcurso se leyó una larga lista de intenciones peticionadas por los fieles participantes del oficio religioso.
Durante su predicación, el Pastor Diocesano indicó: “Venimos a esta celebración con la certeza de la resurrección… La fe nos dice que la muerte ha sido vencida por medio de la muerte y resurrección de Jesús. Venimos a encontrarnos con nuestros seres queridos que dejaron este mundo, y allí nos encontramos con Jesús. Por eso tenemos que hacer un gran acto de fe, y cambiar nuestra vida, porque los que más necesitamos de la oración somos nosotros… Que este acto de venir al cementerio nos sirva para cambiar, porque a veces nos dejamos llevar sólo por actos de sensibilidad, pero nos falta el encuentro con el Jesús vivo”.
“Hoy con nuestra oración podemos hacer un favor, podemos contribuir a liberar a un hermano del estado de purificación para que llegue a Dios”, dijo, explayándose luego en los tres estados de la Iglesia: Triunfante (de los Santos), Purgante (de la purificación del alma o Purgatorio) y Peregrina (la que camina por este mundo).
Por último enfatizó: “Hemos sido creados por Dios para conocerlo, amarlo, servirlo en este mundo y gozarlo en la eternidad, esta es nuestra realidad de cristianos”.

El Obispo presidirá misa por los fieles difuntos en el Panteón del Clero

El lunes 2 de noviembre, el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanč, presidirá la misa por los fieles difuntos, especialmente por los sacerdotes del clero local ya fallecidos. La celebración eucarística se oficiará a las 9.00, en el Panteón del Clero, ubicado en el cementerio municipal.
Por la tarde, la Santa Misa se oficiará a las 18.00, en la capilla de la necrópolis local.

Base teológica de la conmemoración

La conmemoración de todos los fieles difuntos es celebrada por toda la Iglesia el 2 de noviembre.
La base teológica de la fiesta es la doctrina de que las almas, que al partir del cuerpo no están perfectamente limpias de pecados veniales o no han reparado totalmente las transgresiones del pasado, son privadas de la Visión Beatífica, y que el creyente en la tierra puede ayudarles con las oraciones, la limosna y sobre todo por el sacrificio de la Misa.

En los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica (n.d.t. Conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la primitiva Iglesia acostumbraba anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar). Después, en el siglo sexto, era costumbre en los monasterios benedictinos tener una conmemoración de los miembros difuntos en Pentecostés.

La tradición de asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción, donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó y pasará a una mejor vida, sin ningún tipo de dolencia, como sucede con los seres terrenales.