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26 mayo 2015

Iniciaron los ejercicios espirituales del clero catamarqueño

El lunes 25 de mayo, los sacerdotes de la Diócesis de Catamarca, junto con el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, iniciaron los ejercicios espirituales que cada año los reúnen en la Casa de Retiros Espirituales Emaús, ubicada camino a El Jumeal. Las jornadas se extenderán hasta el viernes 29 de mayo.
Mons. Néstor Hugo Navarro, Obispo Emérito de Alto Valle del Río Negro, tiene a su cargo las reflexiones de este año.

Misas en la Catedral
Por este motivo, durante esos días, en la Catedral Basílica sólo se celebrará misa a las 7.00 y a las 20.00.

Elevemos oraciones por los frutos de este encuentro.

Retiro de Eslabón

El Movimiento Círculo de Juventud Eslabón viene preparando el retiro espiritual para varones a
partir de los 18 años de edad, que tendrá lugar del 9 al 12 de julio, en la Casa de Retiro Emaús.

25 mayo 2015

Mons. Luis Urbanc en el Te Deum del 25 de Mayo

“Celebramos el Día de la Patria con honda gratitud, fecundo examen y serio compromiso”

Llamó a realizar “un serio y profundo examen que confronte la realidad que somos con el proyecto de lo que fuimos llamados a ser según el humano curso de nuestra historia y los dictados de la Divina Providencia”


Esta mañana, el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, presidió el Solemne Te Deum por los 205 años del nacimiento de la Patria, en el altar mayor de la Catedral Basílica del Santísimo Sacramento y Santuario de Nuestra Señora del Valle, acompañado por los sacerdotes Juan Orquera y Lucas Segura.
La ceremonia contó con la participación de las principales autoridades provinciales y municipales, encabezadas por la Sra. Gobernadora, Dra. Lucía Corpacci, y el Sr. Intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, Lic. Raúl Jalil, respectivamente, junto a miembros de sus gabinetes, legisladores nacionales y provinciales, concejales, jefes de las Fuerzas de Seguridad provincial y federales, con abanderados y escoltas, y pueblo en general.
Tras la proclamación de las lecturas bíblicas, en su homilía, Mons. Urbanc expresó: “Congregados hoy a los pies de la Imagen bendita de nuestra Madre del Valle, celebramos juntos el Día de la Patria con sentimientos de honda gratitud, de fecundo examen y de serio compromiso. De gratitud a Dios, primero, porque Él nos hizo el hermoso regalo de la Patria para tejer en este bendito suelo la trama de nuestra peculiar historia. De gratitud, luego, a todos los que, desde un notorio protagonismo o desde el anónimo bregar de cada día, fueron cimentando el edificio moral, cultural, económico y social de nuestra comunidad. De gratitud, en fin, a nuestros
padres que, como frutos de su mutuo amor, nos han traído a la vida en el seno de esta sociedad que, con sus luces y sombras, es depositaria de nuestro perenne amor”.

Interpelando a todos con la pregunta: “¿Qué ha pasado con nosotros?”, en alusión a la realidad que vivimos, invitó a realizar un profunda mirada introspectiva individual y comunitaria, al afirmar que “no se acaba todo en gratitud, porque es éste un día propicio para someternos privada, grupal y socialmente a un serio y profundo examen que confronte la realidad que somos con el proyecto de lo que fuimos llamados a ser según el humano curso de nuestra historia y los dictados de la Divina Providencia”.

Año electoral

En otro tramo, el Pastor Diocesano expresó que “podríamos aprovechar la preciosa ocasión que nos proporciona la Providencia en este año electoral para repensar la Patria a la luz de una historia que, en su incesante caminar, nos impulsa hacia un porvenir que ha de ser previsto y planificado en un clima social de paz, madurez, respeto y fraternidad, frutos de la
vigencia de los principios del bien común, del destino universal de los bienes, de la subsidiaridad, de participación y de solidaridad, concebidos y aplicados en sumisión a los irrestrictos valores de la verdad, la libertad y la justicia; para proceder luego a elegir según los criterios de honestidad, integridad, capacidad, idoneidad, propuestas, ideas y voluntad de diálogo, a aquellos que han de conducir humanamente los destinos de la Nación”.
El Pastor Diocesano culminó su mensaje con la Oración por la Patria rezada por todos los participantes del oficio religioso.
En el momento de la plegaria comunitaria se pidió por el Papa Francisco, nuestro Obispo Luis Urbanc, y demás consagrados; por nuestra Patria y sus gobernantes; por los más pobres y necesitados, los enfermos, ancianos y huérfanos, y por el eterno descanso del alma del Obispo Emérito de Catamarca, Mons. Elmer Osmar Miani, al cumplirse este día el primer aniversario de su partida a la Casa del Padre.
El solemne acto litúrgico con el que los catamarqueños glorificaron y dieron gracias a Dios en el cumpleaños de la Patria fue acompañado por el Coro de Cámara de la Municipalidad de la Capital, dirigido por Marta Acha, junto al Coro Buen Pastor.


Texto completo de la homilía

          El adjetivo “patria” supone el sustantivo “tierra” y designa “la tierra de los padres”.
Actualmente el adjetivo ha quedado sustantivado, pero su significado más profundo subsiste. Es la tierra de nuestros padres, de nuestros antepasados. La tierra en la que hemos emergido a la maravilla de la existencia, en la que nos alumbró la luz de la educación y en la que nos hemos visto transidos por el fulgor de la fe. Tierra que nos asombra con todos sus encantos y en la que habitan comunidades que cultivan determinados valores culturales, morales y espirituales, recibidos como preciosos legados de nuestros mayores, conservados por las costumbres populares, acrecentados por el amor compartido, retransmitidos con la esperanza puesta en un futuro mejor.
Patria es la tierra en la que vivimos como en nuestro lugar propio y natural, y en la que ansiamos gozar de sencilla honradez y del aprecio de nuestros compatriotas.
Patria son las calles que transitamos cada día, los lugares donde nos ganamos la vida con el sudor de la frente, los hogares que nos acogen con el afecto compartido, el viento que sopla cada jornada, los árboles que se elevan en nuestras plazas, los templos que unen cielo y tierra con la fuerza de la oración y de la piedad, las escuelas que conservan y transmiten el tesoro cultural acumulado ayer, asimilado e incrementado hoy, preparado para un mañana más resplandeciente.
Patria es la tierra, el mar y el cielo asociados con nuestra existencia y concebidos como prolongaciones de nuestros espíritus sedientos de trascendencia y eternidad.
Queridos hermanos, congregados hoy a los pies de la Imagen bendita de nuestra Madre del Valle, celebramos juntos el Día de la Patria con sentimientos de honda gratitud, de fecundo examen y de serio compromiso.
De gratitud a Dios, primero, porque Él nos hizo el hermoso regalo de la Patria para tejer en este bendito suelo la trama de nuestra peculiar historia. De gratitud, luego, a todos los que, desde un notorio protagonismo o desde el anónimo bregar de cada día, fueron cimentando el edificio moral, cultural, económico y social de nuestra comunidad. De gratitud, en fin, a nuestros padres que, como frutos de su mutuo amor, nos han traído a la vida en el seno de esta sociedad que, con sus luces y sombras, es depositaria de nuestro perenne amor.
Pero no se acaba todo en gratitud, porque es este un día propicio para someternos privada, grupal y socialmente a un serio y profundo examen que confronte la realidad que somos con el proyecto de lo que fuimos llamados a ser según el humano curso de nuestra historia y los dictados de la Divina Providencia.
No es este el momento apropiado para detenernos extensamente en esta consideración, pero no podemos desaprovechar la ocasión de compartir algunas sencillas ideas.
En líneas generales, podríamos afirmar que hemos avanzado mucho en estos 205 años de historia patria; avances que, sin ánimo de entrar en detalles, hacen a casi todos los aspectos de nuestra vida social.
Pero no todo fue progreso hacia lo mejor, porque en cierto sentido nuestra existencia común se ha visto deteriorada.
En efecto, hasta no hace muchos años era normal, al menos en nuestras provincias del interior, la apertura confiada de cada familia al entorno social, con la clara conciencia de que sus vidas y sus cosas estaban puestas al amparo de la honradez, el respeto y la fraternidad profesados por todos. Pero ahora sólo podemos sentir nostalgia en la inseguridad de hoy de la tranquila seguridad de ayer. ¿Qué ha pasado con nosotros? ¿Por qué hemos dejado de honrarnos unos a otros? ¿Por qué hemos perdido la conciencia de que la vida es sagrada y de que los bienes ajenos han de ser respetados? ¿Por qué en vez de labrar el futuro a fuerza de trabajo, algunos han pretendido tomar el atajo de la dádiva, de la coima, del hurto, del robo, del chantaje, de la violencia, etc.?
Hasta hace no muchos años nuestros jóvenes buscaban un normal esparcimiento en los paseos, la práctica de deportes, las sanas reuniones y otras actividades semejantes que eran y son caminos de integración y no de evasión social. Pero hoy se han introducido y han cundido por doquier el narcotráfico y la drogadicción con su terrible secuela de males que afectan a las personas, las familias, los grupos, la entera sociedad. ¿Cuándo, cómo y por qué hemos tomado en esto el camino equivocado? ¿Por qué hemos permitido que avance y se arraigue este flagelo que ciertamente nos daña a todos y especialmente a nuestra juventud? ¿Es posible hoy revertir la situación? ¿Qué hemos de hacer al respecto?
Éstos y otros muchos interrogantes han de ser planteados y respondidos, para que sepamos cómo pensar y obrar y qué camino hemos de transitar para avanzar y no retroceder, para superarnos y no degradarnos.
He señalado tan sólo dos realidades para mostrar que debiéramos someternos libre y reposadamente a un profundo y serio examen de conciencia privada, grupal y social, ya que el examen de conciencia es el principio de la rectificación que nos hará recuperar el rumbo parcialmente perdido.
No querría, queridos hermanos, que quede la impresión de que nuestra sociedad presenta sólo sombras, lo que no es cierto, pero sí parece claro que este Día de la Patria ha de impulsarnos a renovar nuestro compromiso de amor con nuestra madre Argentina, asumiendo responsablemente su pasado, viviendo intensamente su presente y proyectando lúcidamente su futuro.
Para ello, entre otras cosas, podríamos aprovechar la preciosa ocasión que nos proporciona la Providencia en este año electoral para repensar la Patria a la luz de una historia que, en su incesante caminar, nos impulsa hacia un porvenir que ha de ser previsto y planificado en un clima social de paz, madurez, respeto y fraternidad, frutos de la vigencia de los principios del bien común, del destino universal de los bienes, de la subsidiaridad, de participación y de solidaridad, concebidos y aplicados en sumisión a los irrestrictos valores de la verdad, la libertad y la justicia; para proceder luego a elegir según los criterios de honestidad, integridad, capacidad, idoneidad, propuestas, ideas y voluntad de diálogo, a aquellos que han de conducir humanamente los destinos de la Nación.
Queridos hermanos, en el texto bíblico proclamado, el apóstol san Pedro nos exhortó, en síntesis, a ser plenamente ciudadanos del cielo y de la tierra. Y no podría ser de otro modo, porque la fe, que es de lo que no se ve (cf. Heb 11,1), nos compromete intensamente con lo que sí se ve, ya que quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve (1 Jn 4,20). En efecto, el cristiano es un peregrino en marcha hacia el cielo, sin ser por ello un fugitivo de la tierra. Su amor a Dios abrasa su corazón de genuino amor y entrega al prójimo. Festeja su esperanzada pertenencia a la patria del cielo y celebra con ardor su pertenencia a la patria de la tierra, mientras suplica al Señor de la historia que derrame con abundancia sus gracias y dones sobre la comunidad que lo vio nacer, porque “si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles; si el Señor no custodia la ciudad, en vano vigila el centinela”.  (Sal 127,1)

Este Señor está siempre con nosotros y lo estará hasta el fin de la historia (cf. Mt 28,20), pero en algunos tiempos señalados nos honra con una especial visita. Este día de la Patria es una jornada de visitación del Señor. Aprovechando su presencia le pedimos que nos abra los oídos del alma para escuchar su mensaje de paz (Lc 19,42) proclamado a todo el pueblo argentino, y renovamos la súplica del pueblo que le dice: “Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda. Tú nos convocas. Aquí estamos, Señor, cercanos a María del Valle, que desde esta Basílica nos dice: ¡Argentina! ¡Canta y camina! Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos”. Amén.

24 mayo 2015

Como regalo de Pentecostés, la Diócesis de Catamarca tiene una nueva parroquia


Mons. Urbanc llamó a los fieles a conformar una parroquia eucarística y misionera, bajo el influjo del Espíritu Santo.

El sábado 23 de mayo, vísperas de la Solemnidad de Pentecostés, el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, creó la parroquia número 29, dedicada del Espíritu Santo, y nombró a su primer párroco, el Pbro. Santiago Granillo, durante una ceremonia concretada en el Año Diocesano de los Laicos, dentro de la Misión Diocesana Permanente.
Los fieles de la nueva parroquia y otras vecinas colmaron el templo ubicado en el barrio Los Ceibos (500 Viviendas), sector norte de la ciudad capital, y ocuparon gran parte del predio que lo comprende para compartir la Santa Misa, presidida por el Obispo Diocesano y concelebrada por sacerdotes del clero local. El oficio religioso contó con la participación del Intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, Lic. Raúl Jalil, y la concejal Jimena Herrera.
En el inicio del acto litúrgico, el Pbro. Rogelio Suárez, párroco de Nuestra Señora del Rosario, con sede en La Merced, departamento Paclín, dio lectura a los decretos de creación de la nueva parroquia, detallando Patronos y límites geográficos; y el correspondiente a la designación del Pbro. Santiago Granillo como primer párroco de esta porción de la Diócesis de Catamarca.
Durante la Liturgia de la Palabra, Mons. Urbanc entregó al nuevo párroco el Leccionario, que contiene las Sagradas Escrituras que debe enseñar y compartir durante toda su vida, anunciando a Dios en todo momento.
Al finalizar la proclamación del Evangelio, el Obispo inició su homilía dando gracias a Dios “por este regalo tan importante, que es la creación de una nueva jurisdicción parroquial en Capital”. Agradeció a las comunidades y a los párrocos de Santa Rosa de Lima y de la Santa Cruz, a cuyas jurisdicciones pertenecían los fieles de la actual parroquia, “por su trabajo a lo largo de estos años para ir forjando una conciencia de lo que significa ser comunidad”. También expresó su gratitud hacia “los muchos sacerdotes que han trabajado, pero de un modo particular a los más cercanos que han ido conformando esta realidad como si fuera un sueño, al Padre Antonio Bulacio, quien trabajó mucho para tener este espacio, que hoy nos sirve como templo; a los Padres Misioneros Redentoristas, que también han ido acrecentando un poquito este salón, animando a la comunidad, y al Padre Santiago, quien va a quedar al frente de esta comunidad por los primeros seis años, enseñándoles a caminar juntos”. Además, agradeció a las autoridades que colaboraron para que esto se hiciera realidad. “Esperamos más ayuda para que este ambiente sea cada
vez más acogedor, para que desde aquí se irradie el mensaje de Jesús a los distintos rincones, distintos barrios de esta jurisdicción parroquial, que está puesta bajo la advocación del Espíritu Santo. Así lo han querido los que han comenzado a misionar acá, impulso que se dio con el Padre Sonzini”. Resaltó que “los Padres Redentoristas han ido imprimiendo entre ustedes, que el Cura Brochero, beato, sea uno de los Co-Patronos de la parroquia, al igual que el querido Padre Pío de Pietrelcina”.

“Hay que salir a la calle a llevar a Jesús”
En otro tramo de su predicación, Mons. Urbanc expresó: “Estamos creando esta parroquia en la víspera, en la vigilia de Pentecostés. Y ustedes tendrán que ser una parroquia modelo, porque el Espíritu Santo nos ayuda en el discernimiento para saber distinguir qué viene de Dios y qué no viene de Dios. Todos ustedes, con el párroco, quien los guía como un buen pastor, tendrán que aprender a discernir qué quiere el Espíritu Santo para esta comunidad”.
 “El Espíritu Santo nos da fuerza, como dice el texto de los Hechos de los Apóstoles, que les dio una fuerza, un coraje, una valentía que los hizo salir en estampida a anunciar a Jesús. Entonces, ustedes tienen que ser una parroquia misionera, es lo que pide el Papa”, manifestó el Obispo, enfatizando que en este año especial, “los laicos tienen que ser verdaderamente misioneros. Salir a la calle, hay que llevar a Jesús, hay que ir casa por casa llevando el mensaje del amor de Nuestro Señor Jesucristo, llevando su misericordia y su bendición a los hogares. Esto es lo que provoca el Espíritu, una Iglesia que va al encuentro de los demás. Ojalá que ustedes, con esta ayuda del Espíritu Santo, tengan la fuerza que tuvieron los apóstoles”.

Para finalizar, se dirigió al Padre Santiago expresando: “Que esta Palabra de Dios, la puedas anunciar siempre, que puedas administrar los sacramentos, el Bautismo, la Reconciliación, visitar a los enfermos y ungirlos con el óleo de los enfermos y los otros que serán siempre el centro de esta comunidad, que sea eucarística y misionera”.
Posteriormente, el nuevo párroco realizó su profesión de fe ante el Señor Obispo y toda la comunidad, seguido de los juramentos de obediencia al Pastor Diocesano y a sus sucesores, y renovó las promesas sacerdotales, que hizo el día de su ordenación. Estos momentos se vivieron con especial atención y fueron coronados con un fuerte aplauso.
En el momento de las ofrendas, representantes de las comunidades que conforman la parroquia del Espíritu Santo acercaron al altar los óleos sagrados, que el sacerdote utilizará para bautizar, confirmar y ungir a los enfermos, asegurándose de impulsar la vida
sacramental de sus fieles.

Del flamante párroco
Después de la comunión, miembros de la parroquia Santa Rosa de Lima acercaron presentes al nuevo párroco, quien agradeció y dirigió unas palabras.
“Al iniciar este camino como nueva parroquia, quisiera ante todo y en nombre de todos los que ahora forman parte de ella, dar gracias al Señor por el cumplimiento de su promesa de darnos al Santo Espíritu, y en este año, ese don se convierte en parroquia, una nueva comunidad parroquial de discípulos misioneros de Jesucristo para el extenso norte de nuestra ciudad capital. Estoy seguro que su misericordia así lo ha querido”, expresó el sacerdote, quien agradeció “la bendición de Dios de ser el primer párroco de esta comunidad, que se desprende de la parroquia Santa Rosa de Lima. Doy gracias por los muchos sacerdotes que han pasado sirviendo y animando lo que hoy nosotros podemos ver y ser testigos, a los muy recordados Padres Redentoristas”.

Dirigiéndose a los parroquianos dijo que “tenemos un gran desafío en este tiempo de nuestra historia, y es ayudar a redescubrir la belleza y la alegría de ser cristianos. Hoy hago mías las palabras de los Obispos en Aparecida: ‘Hemos de mostrar, como nueva parroquia la capacidad para promover  y formar discípulos misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por todos lados, por desborde gratitud y servicio, el don del encuentro con Jesucristo’”.
Al finalizar la Santa Misa, los sacerdotes saludaron en la entrada del templo y posteriormente compartieron un brindis a la canasta con toda la comunidad parroquial.