El célebre Sermón del
Padre Esquiú y su servicio al país
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En el día de la
Independencia de nuestra Patria, mientras transitamos el camino hacia la
beatificación de nuestro amado fraile franciscano Mamerto de la Ascensión Esquiú,
hacemos memoria de aquel célebre sermón que pronunció el 9 de julio de 1853,
desde la Iglesia Matriz de Catamarca, con ocasión de la jura de la Constitución
Nacional.
El Prof. Mario Daniel Vera, estudioso de la vida de Esquiú,
nos ofrece su aporte acerca de aquel trascendente acontecimiento, realzado por
el joven sacerdote franciscano que por esta exhortación suya recibió el título
de “Orador de la Constitución”. A continuación, la reseña del historiador.
Venero de purísimo oro
En la ciudad de Paraná, por entonces Capital de la
Confederación Argentina, el vicepresidente doctor Salvador María del Carril
tiene sobre su escritorio una docena de sermones patrióticos provenientes de
las provincias argentinas, los que fueron pronunciados cumpliendo con lo
solicitado por el Presidente Justo José de Urquiza: jurar fidelidad a la
Constitución Nacional. Pero al leer el sermón de la Provincia de Catamarca,
quedó asombrado. El sermón pronunciado por Fray Mamerto Esquiú en la Iglesia
Matriz de Catamarca, el 9 de julio de 1853, fue de tanta profundidad y
sabiduría que al llegar a manos del doctor del Carril éste se sintió
conmovido
y tomó una gran decisión.
“Para que la enseñanza del respeto, de la sumisión y de la
obediencia se perpetuara en la memoria de los pueblos y se encarnara en el
corazón de los individuos, el Vicepresidente expidió el siguiente decreto: Paraná,
2 de mayo de 1854. “…Considerando que importa al crédito moral y literario de
las Provincias Argentinas, que las revelaciones de la doctrina del Padre Esquiú
alcancen una grande circulación con el objeto de uniformar las creencias
políticas y religiosas de un país, que debe tantas desgracias al error. Ha
acordado y decreta: Art. 1° - Hágase con esmerada corrección y limpieza una
impresión separada del discurso y remítanse en números suficientes al autor y a
todas las autoridades civiles y eclesiásticas de la Confederación.
… 3°- Solicítese igualmente del gobierno de
Catamarca una noticia autobiográfica del R. P. Fray Mamerto Esquiú y felicítele
por el venero de purísimo oro, descubierto en la potente inteligencia de un
miembro ignorado del humilde claustro de San Francisco en aquella provincia;
porque el Gobierno como la Confederación pueden decir también con este motivo:
Laetamur de gloria vestra. 4° -
Comuníquese, publíquese y dese al Registro
Nacional”. Firman este decreto el
doctor Salvador María del Carril y el doctor José Benjamín Gorostiaga, Ministro
del Interior” -extraído de la
Reseña
biográfica de Fray M. Esquiú, de Fray Mamerto González-.
Al respecto, y reconociendo el enorme aporte realizado por el
Padre Esquiú, Gorostiaga dijo: “Fue tan dolorosa aquella declaración (se
refiere a la libertad de cultos) que casi bastó por sí solo a esterilizar los
esfuerzos del patriotismo de aquella Convención. La Constitución fue resistida
por todos los pueblos, que no tenían otro refugio que su Religión contra la
bárbara tiranía de Rosas, y a pesar del inmenso prestigio de Urquiza, la
protesta armada se preparaba, cuando vino el famoso discurso del Padre Esquiú a
salvar el conflicto, llamando a los espíritus a la calma y a la obediencia. Fue
éste el más grande servicio que puede haberse hecho al país en aquellos
momentos” -de la obra ¿Quién es el Padre
Esquiú?, de Antonio S. C. Córdoba-.
Foto: Púlpito desde donde Esquiú pronunció el Sermón de la
Constitución.