siguenos en facebook Canal de youtube siguenos en facebook

21 agosto 2025

Carta del Obispo a los Catequistas en su día

Queridos catequistas:

             En la fiesta de San Pío X, patrono de los catequistas, les escribo para saludarlos y bendecirlos en su día, y agradecerles el trabajo silencioso y fiel de cada semana, por medio del cual dan testimonio de su Fe en Cristo Jesús, ante niños, adolescentes, jóvenes y adultos deseosos de conocer y profundizar su fe, a fin de tener una experiencia del Misterio de Dios, Uno y Trino, que se reveló en el Hijo, hecho Carne en la purísimas entrañas de la Virgen María, nuestra celestial madre y abnegada protectora.

            Este año, el día del catequista está enmarcado por el Jubileo que conmemora el 2025 aniversario del Nacimiento de Jesucristo. Por eso, el Papa Francisco nos invitó a atravesar la “Puerta Santa”, que, dicho sea de paso, dura toda la vida, pero que, en nuestro hoy, todos estamos llamados a renovar. De allí que, los animo, como pastor y como hermano, a que nos animemos a transitar lo que resta del Año Jubilar, dejándonos transformar por este acontecimiento.

Cómo no evocar, de nuevo, el llamado apremiante de san Juan Pablo II: “Abran las puertas al Redentor”. Hoy y siempre, no me cansaré de animarlos a que Abran al Señor la puerta de su corazón, de su mente, de la catequesis, de sus comunidades y de todas las estructuras de la Fe que vivimos y anunciamos.

En este abrir la puerta de la Fe al Misterio de la Encarnación, hay siempre un , un ‘Fiat’, personal y libre. Un Sí, (que aquí, en Catamarca, ha de inspirarse en el , ‘Fiat’, de María del Valle), que es respuesta a Dios que toma la iniciativa y se acerca al ser humano para entablar con él un diálogo, en que el don y el misterio se hacen siempre presentes. Un que la Virgen Madre supo dar en la plenitud de los tiempos, en Nazareth, para que se empezara a entretejer la alianza nueva y definitiva que Dios tenía preparada, en Jesús, para toda la humanidad.

Siempre nos hace bien volver nuestra mirada a la Virgen. Más a quienes, de una u otra manera, se nos confía la tarea de acompañar la vida de muchos hermanos para ayudarles a creer, esperar y amar.

Sin embargo, la catequesis se vería seriamente comprometida si la experiencia de la fe nos dejara encerrados y anclados en nuestro mundo intimista o en las estructuras y espacios que con los años hemos ido creando. Creer en el Señor es atravesar siempre la puerta santa de la fe que nos hace salir, ponernos en camino, desinstalarnos... No hay que olvidar que la primera iniciación cristiana que se dio en el tiempo y en la historia culminó en misión.  Tuvo las características de ‘Visitación’. Con toda claridad nos dice el relato de Lucas: María se puso en camino con rapidez, llena del Espíritu Santo (cf. Lc 1,39-40).

El que cree, vive aquella bienaventuranza que atraviesa todo el Evangelio y que resuena a lo largo de la historia, ya en labios de Isabel: “Feliz de ti por haber creído” (Lc 1,45), ya dirigida por el mismo Jesús a Tomás: “¡Felices los que creen sin haber visto!” (Jn 20,29).

Es necesario tomar conciencia de que hoy, más que nunca, el acto de creer tiene que trasparentar la alegría de la Fe. Como en aquel gozoso encuentro de María e Isabel, el Catequista debe impregnar toda su persona y su ministerio con la alegría de la Fe. La alegría es la puerta para el anuncio de la Buena Noticia y también la consecuencia de vivir en la fe. Esta alegría cristiana es un don de Dios que surge naturalmente del encuentro personal con Cristo Resucitado y la fe en Él. Que la catequesis a la cual sirven con tanto amor esté signada por esa alegría, fruto de la cercanía del Señor Resucitado: “los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor” (Jn 20,20). Y no permitan al mal espíritu que estropee la obra para la que han sido convocados. El mal espíritu tiene manifestaciones bien concretas: el enojo, el destrato, el encierro, el desprecio, el ninguneo, la murmuración, el chismerío, la rutina, la mala voluntad, el desgano, la superficialidad, la vanidad, etc…

La Virgen María en la visitación nos enseña la hermosa actitud de la cercanía. Ella se puso en camino para acortar distancias. No se quedó con la noticia de que su parienta Isabel estaba embarazada. Supo escuchar con el corazón y por eso conmoverse con ese misterio de vida. La cercanía de María hacia su prima implicó no quedarse centrada en ella. El de Nazaret, propio de toda actitud de fe, se transformó en un de servicio. Y la que por obra del Espíritu Santo fue constituida Madre del Hijo, movida por ese mismo Espíritu se hizo servidora de todos por amor a su Hijo. Cuando la fe está animada por la caridad (cf. Gál 5,6b), es capaz de incomodarse, siguiendo la pedagogía de Dios que hace de la cercanía su identidad, su nombre, su misión: “y le pondrás por nombre:  Emmanuel= Dios con nosotros” (Mt 1,23). El estilo de Jesús se distingue por la cercanía cordial. Los cristianos aprendemos ese estilo en el encuentro personal con Jesucristo vivo, encuentro que ha de ser permanente empeño de todo discípulo misionero. Desbordado de gozo por ese encuentro, el discípulo busca acercarse a todos para compartir su alegría. La misión es relación y por eso se despliega a través de la cercanía, de la creación de vínculos personales sostenidos en el tiempo. El amigo de Jesús se hace cercano a todos, sale al encuentro generando relaciones interpersonales que susciten, despierten y enciendan el interés por la verdad. De la amistad con Jesucristo surge un nuevo modo de relación con el prójimo, a quien se ve siempre como hermano.

Me consta y me alegra que la cercanía la viven en sus encuentros de catequistas, muy frecuentes en la Diócesis, como el que viviremos el próximo sábado 23, en Recreo, en clave de peregrinación jubilar. Sin embargo, se nos puede filtrar el taimado profesionalismo, el desubique de creernos los “maestros que saben”, el cansancio y fatiga que nos baja las defensas y nos endurece el corazón.

Por tanto, miren e invoquen, una y mil veces, a la Virgen María. Que ella interceda ante su Hijo para que les inspire el gesto y la palabra oportuna, que les permita hacer de la Catequesis una Buena Noticia para todos, sabiendo que la “Iglesia crece, no por proselitismo, sino por atracción” (Benedicto XVI, Discurso Inaugural en Aparecida 13-5-2007). Así serán testigos alegres, entusiastas y apasionados de Jesucristo Resucitado.

Atentamente, quien los ama y valora, su servidor, Luis, obispo.


Mons. Luis Urbanč

Obispo de Catamarca

21 de agosto de 2025 – Año Jubilar