Durante una ceremonia concretada en la noche del lunes 16 de febrero, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, puso en funciones al padre Julio Quiroga del Pino como nuevo párroco de la parroquia Santa Rosa de Lima, en Capital, quien viene de ejercer su ministerio sacerdotal en la parroquia San Francisco de Asís, con sede en la ciudad de Andalgalá.
El templo parroquial fue
colmado por fieles de las comunidades que integran la jurisdicción parroquial, miembros
de instituciones eclesiales y pastorales, familiares y amigos del nuevo párroco,
quienes participaron de la Santa Misa presidida por el obispo diocesano, Mons.
Luis Urbanč, y concelebrada por numerosos sacerdotes del clero catamarqueño tanto
de Capital como del interior diocesano, entre ellos el vicario general, padre
Julio Murúa, los párrocos entrante y saliente, padres Julio Quiroga del Pino y Marcelo
Amaya, respectivamente.
El padre Diego Manzaraz, canciller
y secretario general de la Curia diocesana, leyó el decreto de designación del
nuevo párroco, tras lo cual el Obispo bendijo el agua con que el padre Quiroga del
Pino roció a los presentes.
En la Liturgia de la Palabra,
el Obispo puso en las manos del nuevo párroco las Sagradas Escrituras, tras lo
cual proclamó el Santo Evangelio.
Al momento de su homilía, Mons.
Urbanč agradeció “en primer lugar al padre Marcelo por el tiempo que ha
prestado servicio en esta parroquia, una parroquia grande, de larga trayectoria,
que tiene siempre atrás la sombra del padre Sonzini, quien marcó un rumbo, que
ha trabajado mucho con los niños, con los jóvenes, y puesta bajo la protección
de Santa Rosa de Lima. El padre Marcelo ya asumió en San José de Piedra Blanca,
así que recemos por él porque le tocará una ardua tarea allí en este Año del
Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú”.
También expresó su gratitud al
padre Julio “por el tiempo que prestó su servicio en Andalgalá, y ahora
animándolo para que también sea él uno de los sacerdotes que va a trabajar en
esta hermosa parroquia de Santa Rosa de Lima”.
Al meditar sobre la Palabra de
Dios mencionó el texto de Santiago quien habla sobre la paciencia, afirmando
que “si hay algo que el sacerdote tiene que tener en una comunidad es mucha
paciencia. Evidentemente exige paciencia ayudar a cada persona a que pueda
hacer ese proceso de conversión, porque el trabajo de un sacerdote es un
trabajo artesanal. Quiera Dios que el padre Julio tenga muchas personas que lo
busquen para que los dirija, los acompañe espiritualmente, es muy necesario”.
“Y la paciencia tiene que estar
acompañada por obras perfectas, y alguno dirá: ‘Pero nadie es perfecto’, pero
sí perfectible, y muchas veces nosotros nos conformamos con la mediocridad”,
afirmó, recordando que “el mismo Jesús lo dice en el Evangelio: ‘Sean perfectos
como mi Padre del cielo es perfecto’. El Señor nos dio una meta altísima para
alcanzar, no imposible. Debemos perfeccionarnos, así que al padre Julio, como a
los demás sacerdotes, les deseo que todos pongamos empeño en que cultivando
mucho la paciencia, vayamos también cada uno, especialmente los sacerdotes,
viviendo en un grado de perfección que crece, porque solamente con ese ejemplo
de una santidad de vida, de una conformación con la voluntad de Dios, podemos alcanzar
esa perfección y ser ejemplo para nuestros hermanos”.
Luego puso el acento, como lo
hizo en Piedra Blanca y Andalgalá, en el sacramento del Bautismo, de manera
particular en este Año del Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú.
En este sentido, dijo que “les he propuesto a los sacerdotes que han ido
asumiendo que nos ocupemos del gran sacramento de la vida cristiana que es el Bautismo.
Lamentablemente no lo estamos celebrando bien, es una mera formalidad en la
mayoría de los casos”.
En orden a ello se preguntó: “¿Cuánto
tiempo se ha preparado el bautismo de un niño, profundizando en la fe, en el
compromiso que los papás asumen frente a su hijo al pedir la gracia del
bautismo, al incorporarlos a la gran familia de Dios que es la Iglesia? No es
una incorporación automática y que se justifica con un papelito, que es el
certificado de bautismo, eso no sirve. El certificado tiene que ser la vida
santa de esa persona”.
“Un
año donde la figura del Beato Esquiú nos movilice”
Más adelante, señaló: “Queremos
que este Año del Bicentenario sea un año intenso, un año donde la figura de
Mamerto Esquiú nos movilice como diócesis y que desde esta diócesis bien
movilizada, todo el país se movilice con este gran hermano que hemos tenido en
nuestra querida provincia”.
En esta línea, resaltó el lema
propuesto, “que marca muy bien la figura de este gran prohombre de la Argentina
y de la Iglesia: ‘Beato Mamerto Esquiú, apóstol
y ciudadano, servidor de la unidad’. Apóstol, por todo lo que ha hecho como
sacerdote, como fraile, como obispo; Ciudadano, todo lo que ha hecho en el
compromiso de trabajar por la patria que estaba pasando momentos difíciles y
ahí viene lo del sermón de la Constitución. Y como servidor de la unidad trabajó
por la unidad de nuestra patria. Por tanto, que sea apóstol, ciudadano,
servidor de la unidad, nos resuene y que trabajemos esto en nuestra casa, en nuestro
barrio, en nuestras comunidades, en los colegios, escuelas, que vayamos instalando
de vuelta la figura de Mamerto Esquiú en estos momentos difíciles que está
pasando la patria, necesitamos que esta figura nos ayude a todos a que
trabajemos por la unidad de nuestro país”.
Hacia el final, pidió a la
comunidad que “recemos por los sacerdotes que en estos días están asumiendo, el
padre Marcelo Amaya en Piedra Blanca, el padre Carlos Robledo en Andalgalá, y
aquí el padre Julio Quiroga del Pino. Pidamos para que ellos, con mucho
entusiasmo, inicien esta nueva etapa en sus vidas, conociendo estas comunidades
y puedan aportar lo mejor de sí, bajo la luz, la guía del Beato Mamerto Esquiú y
la protección de Nuestra Madre, la Santísima Virgen María en su advocación del
Valle”.
Profesión
de fe y juramento de fidelidad
A continuación, el padre Julio
Quiroga del Pino hizo su profesión de fe y el juramento de fidelidad.
Seguidamente recibió los óleos
sagrados que utilizará para la administración de los Sacramentos.
Luego de la Comunión, el
Obispo le entregó las llaves del Sagrario donde se reserva el Santísimo
Sacramento.
Antes de la bendición final, se
escucharon palabras de despedida al párroco saliente y de bienvenida al nuevo
párroco, a cargo de un miembro de la comunidad parroquial.
También el padre Amaya y el
padre Quiroga del Pino se dirigieron a todos los presentes en este
acontecimiento especial.
Al concluir la ceremonia litúrgica,
el flamante párroco saludó y recibió el afecto de los fieles en la puerta del
templo.
Fotos: facebook Prensa Iglesia Catamarca / @DiocesisCat
