“Le pedimos a la divina providencia que nos dé un corazón como lo tuvo San Cayetano, compasivo, indulgente, generoso, capaz de compadecerse de las necesidades ajenas”, dijo padre Acevedo.
A
pesar del frío y el viento registrado en la tarde de este viernes 7 de agosto, cientos
de fieles y devotos se dio cita para celebrar a San Cayetano, en la capilla ubicada
en la zona sur de la ciudad capital.
El
tañido de las campanas y los sones de la Banda de Música de la Municipalidad de
la Capital anunciaron la salida del Santo Patrono del Pan y del Trabajo desde el
templo, junto con la imagen del Beato Mamerto Esquiú, a quien celebramos en
este Año Jubilar por el Bicentenario de su Nacimiento.
Inmediatamente,
se dio inicio a la procesión presidida por el padre Salvador Acevedo, párroco
de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, a cuya jurisdicción pertenece esta
comunidad.
Durante
el recorrido por las calles del sector se reflexionó sobre aspectos de la vida
de San Cayetano, se elevaron plegarias y cantos. Los vecinos se sumaron a esta
fiesta de la fe adornando los frentes de sus casas y colocando altares,
mientras los enfermos y ancianos recibieron la bendición con el paso del santo
patrono.
De
regreso a la intersección de calles Tucumán y Gobernador Fortunato Rodríguez,
se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino y el Himno a Catamarca.
Seguidamente
se celebró la Santa Misa presidida por el padre Acevedo, quien su homilía, expresó:
“Hemos venido, como todos los años, a festejarlo a este santo, a este hermano
nuestro tan querido que tenemos en el Cielo, quizás más que otras veces venimos
con el corazón medio mezclado, con la alegría, la esperanza y la confianza de
que tenemos este gran intercesor ante Jesús.
Y muy
posiblemente en muchos corazones también hay un poco de angustia, de miedo, de
inseguridad, por las cosas que nos pasan desde el punto de vista humano,
incluso desde el punto de vista material, desde el punto de vista de nuestras
seguridades humanas. Y por eso nos llegan justo estas palabras de Jesús que nos
dice: ‘No tengan miedo’”. Al respecto señaló que “los miedos son frente a algo
que entiende que es peligroso para uno, para la familia, que no nos alcance el
sueldo da miedo, porque no podemos subsistirnos, porque no podemos pagar la
comida, los remedios; perder el trabajo, que nos asalten los ladrones, cómo no
nos va a dar miedo, es normal”.
Frente
a esta realidad afirmó que “debemos confiar en Dios Nuestro Padre, como lo hizo
San Cayetano, quien tuvo una clara conciencia, lucidez de saber que Dios estaba
detrás de él como lo estuvo detrás de Jesús, el Padre Celestial”, además de
mencionar la opción que hizo junto a los hermanos de la congregación religiosa
que fundó, de confiar totalmente en la divina providencia.
En
este sentido enfatizó que “la providencia de Dios no sólo actúa sobre las cosas
sino también sobre la mente y el corazón de las personas. Por eso, a veces Tata
Dios nos sale con unos regalos grandotes de una persona o de algunas personas
que ni lo esperábamos… Por eso, a la providencia de Dios y a la intercesión
ante la providencia de Dios, que es nuestro San Cayetano, le vamos a pedir que
trabaje sobre la mente de las personas que tienen los destinos de nuestra
patria, de nuestras comunidades, porque Dios puede trabajar sobre ellas para
iluminarlas, para que comprendan. Le vamos a pedir a la Providencia divina que
haga que los que nos gobiernan no nos gobiernen con una calculadora sino con un
corazón compasivo, misericordioso, que vea dónde están las necesidades… que
toque el corazón de todas las personas que pueden hacer bien a los demás, que
tienen a su cargo el bien común”.
También
le pidió a Dios “que trabaje sobre nosotros para que seamos generosos, para que
podamos compartir lo poco o lo mucho que tenemos; que seamos capaces de abrir
la mano, que no seamos tan individualistas. Hay una hierba mala que ha crecido
de punta a punta en el planeta, que se llama individualismo... Que la
providencia de Dios arranque esa hierba mala, que nos dé un corazón como lo
tuvo San Cayetano, compasivo, indulgente, generoso, capaz de compadecerse de
las necesidades ajenas”.
“Y
seguramente si todos tenemos este corazón, nuestra patria se va a poner mucho
mejor, y se va a poner mucho mejor entre nosotros, para que estemos en paz, para
que nos tratemos bien, para que nos respetemos unos a otros en la casa, en el
trabajo, en el vecindario. Les pedimos esa gracia a Nuestro Buen Jesús, al Padre
Celestial, por intercesión de San Cayetano, de confiar siempre en la
providencia divina”.
Antes
de la bendición final, se presentó a los integrantes del grupo “Amigos de San
Cayetano” y se entregó presentes consistentes en plantas a las tres cocineras
del comedor comunitario.
Concluidos
los actos litúrgicos, la Banda de Música de la Municipalidad brindó una retreta,
mientras los presentes compartían un rico chocolate con bollitos.
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