jueves

Dos Obispos en nuestras oraciones

El viernes 25 de julio, nuestro Obispo Diocesano Mons. Luis Urbanč, quien se encuentra guiando el retiro espiritual de los seminaristas de la diócesis, cumplirá 56 años de vida. Recemos especialmente para que el Señor lo fortalezca en su misión al frente de esta porción de la Iglesia que es la Diócesis de Catamarca.

Asimismo, ese día se cumplirán dos meses del fallecimiento del Obispo Emérito, Mons. Elmer Miani. Oremos también por él, para que esté gozando plenamente de Dios.

En la Misa de 20.00 de la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Valle, se pedirá especialmente por estas dos intenciones.

martes

Reflexión sobre Cómo actuar ante los conflictos

Es triste cuando llegan ante el juez hermanos o familiares que están peleados por la herencia. Murió el abuelo o el padre, dejó algo o mucho a sus hijos, nietos y familiares. La muerte del ser querido, que podría convertirse en un momento de unidad de quienes participan de la misma sangre, marca el inicio de un calvario de enfrentamientos, acusaciones, rabias, por un puñado de dinero, por un edificio o unas tierras, por cosas materiales que duran lo poco que puede durar una vida.
        No es fácil evitar estos problemas. Si la herencia toca a varias personas, basta con que una de ellas tome una actitud ambiciosa o de desprecio hacia los demás para que empiece la tormenta. El dicho “si uno no quiere, dos no riñen”, vale siempre, pero resulta más difícil de aplicar cuando se trata de muchas personas, cuando es herida la justicia y el cariño en la vida de una familia.
        Los argumentos en este tipo de conflictos son muy válidos. “El abuelo quería esto, no lo que tú dices”. “El testamento no está claro, pero en justicia habría que incluir a este hermano que vive lejos”. “Yo fui el único que cuidé de mamá mientras estaba enferma y ustedes no hicieron nada, ni siquiera mandaron un poco de dinero”. “¿Cómo te atreves, después de más de 30 años de vivir alejado completamente de papá, a pedir ahora tu parte en la herencia?”. La lista podría multiplicarse, pues las situaciones son muy variadas.
        Cuando el conflicto explota, la rabia, tal vez el odio, penetra en los corazones. Unos hermanos que parecían unidos ahora se acusan mutuamente. Los primos, que no solían litigar, ahora no pueden ni hablarse. Un hijo incluso llega a pensar que su padre es muy avaro porque no quiere dejar nada de dinero a los otros familiares.
        Hay casos en los que, de verdad, uno tiene todo el derecho del mundo para reclamar su parte en la herencia. Por respeto al difunto, por el bien de su familia, en no pocas ocasiones muy necesitada de una buena ayuda económica. En esos casos, y ante algún pariente realmente injusto, a veces no queda más remedio que llegar a recurrir a un tribunal para pedir aquella solución que respete la verdad, que promueva la justicia. En estos casos, sin embargo, aunque parezca difícil, uno puede hacer el esfuerzo por superar rencores, por distinguir entre el momento de los jueces y el de la vida familiar y el respeto a las personas. También a quien no lo merecería: sigue siendo de la misma familia, comparte la misma sangre.
        El dinero tiene su importancia. A veces es determinante para superar una crisis familiar, para pagar una deuda, para cubrir los gastos de la carrera de un hijo, para que la hija pueda, por fin, tener una casa propia. Pero sería triste que por culpa del dinero se perdiesen otros valores, como la unidad de los hermanos, hijos y nietos, la serenidad del corazón, el desprendimiento de lo material, el amor que nos hace pensar antes en los demás que en uno mismo.
        Como dijimos, no pocas veces hay que recurrir al juez. Desde el tribunal, es triste ver cómo dos o más hermanos se denuncian y llegan a enfrentarse duramente por cuestiones económicas; ver cómo luchan entre sí, cómo son manejados a veces por abogados poco honestos, cómo llegan a mirarse con odio feroz, con rabia “fratricida”.
        Un joven abogado que tenía que afrontar este tipo de situaciones tomó una decisión radical: nunca pelearse con sus propios hermanos por problemas de dinero. Ceder no es fácil cuando uno ve que, en justicia, no consigue la parte de la herencia que le correspondería. Pero pueden darse ocasiones en que, a pesar de tener toda la razón, uno ceda por un bien mayor: la armonía y la unidad de la familia.

        Quizá este pueda ser el mejor homenaje que podamos ofrecer al familiar difunto. Fue él quien, por designio de Dios, nos acogió en la vida, buscó unirnos como familia, trabajó por nuestro mantenimiento. Ahora nos deja una herencia para afrontar el futuro con algo más de holgura. Aunque, quizá, no me toque la parte que merezco, o renuncie a ella por lograr algo mucho más grande. También es hermoso ese futuro ganado a través de un sacrificio difícil, pero ofrecido por amor a la familia, por conservar limpio el corazón para amar, a fondo, sin rencores, a los parientes.

Mons. Luis Urbanc
Obispo de Catamarca

sábado

Feliz Día del Amigo

«El amigo fiel es refugio seguro, el que lo encontró ha hallado un tesoro»
Eclo. 6, 14

Quiero desearles de corazón un feliz Día del Amigo. La amistad es una de las experiencias más enriquecedoras en la vida de las personas. Sin duda Dios nos revela su amor a través de la experiencia de la amistad. Jesús mismo llama amigos (y ya no servidores) a los suyos, resaltando con ello, su vínculo de amor incondicional.
Este día en que celebramos el Día del Amigo, puede ser una buena ocasión para que revisemos a la luz del evangelio qué lugar ocupa la amistad en nuestra vida.
Mi bendición para todos ustedes.

            Mons. Luis Urbanc

Obispo de Catamarca

Reflexión del Obispo sobre el Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Jesús propuso esta parábola a la gente: -«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.
Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”
Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a recogerla?
Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: <>
Sus discípulos le dijeron: -«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: -«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».    Palabra del Señor.

Meditación

Una característica notable de la parábola del trigo y la cizaña radica en lo fácil que es pasar por alto el equilibrio y la madurez de los criados. Si hubieran sido criados inmaduros, tercos o desequilibrados la parábola pudiera haber terminado de esta manera: Y los criados del amo fueron y le dijeron “Maestro, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Qué paso?” Él respondió: “Un enemigo ha hecho esto.” Los criados le dijeron: “Entonces, ¿quieres que vayamos y la recojamos?” Pero él respondió: “No, ya que pudieran al recoger la cizaña arrancar también el trigo.” Entonces uno de los criados respondió: “No Maestro. Yo sé exactamente la diferencia entre el trigo y la cizaña.” Y el criado salió y comenzó a arrancar las malas hierbas pero resultó como lo había dicho el Señor. Terminó arrancando el trigo con la cizaña. Resultado de la parábola totalmente diferente.
Muchos cristianos hoy actuamos con exceso de celo así como los criados que no podían tolerar las malas hierbas. En nuestro afán de servir a Dios dirigimos cruzadas en contra de aquellos que percibimos como “malos” con la intención de limpiar la iglesia, la nación o el mundo. Al final descubrimos que hemos cometido grandes errores. Cabe preguntarnos, ¿por qué el dueño de la tierra se resiste a que se saquen las malezas? Podemos pensar en dos razones. En primer lugar, el maestro sabía que el trigo podría sobrevivir a pesar de la presencia de las malas hierbas. Las malas hierbas pueden incomodar al trigo temporalmente, pero no ahogarla a muerte o hacerse cargo de la siembra. En segundo lugar, y esto es crucial, sabía lo difícil que es distinguir entre el trigo y la cizaña. Ellos se parecen tanto. Sólo en época de cosecha podían distinguirse con certeza por sus frutos. Si fuera posible distinguir con exactitud las malas hierbas del trigo probablemente no habría impedido que ellos las arrancaran. Pero él les impedía por éste motivo: “no, que al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo.” Jesús, entonces, pasó a explicar la parábola con sencillez asombrosa. Todos tenemos nuestras ideas sobre los que son los buenos y los que son los malos; sin embargo, nuestros pensamientos podrían estar equivocados. Los siervos fieles son aquellos que reconocen esta posibilidad de que podrían estar equivocados y así se preparan para suspender el juicio y la acción. La intolerancia, el deseo de deshacerse de la gente mala que nos rodea, y el fanatismo no nos deja ver que Dios “hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. “
Para los que podemos ser intolerantes, arrogantes y poseedores de la verdad absoluta, el mensaje del evangelio de hoy es fuerte y claro: si quieres ser un fiel siervo de Dios debes estar preparado para dar cabida a aquellos que percibimos como malos. Debemos prestar atención a las palabras del Maestro: “Déjenlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenlo en gavillas para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero.” Esta es la función de Dios y no la nuestra.

Mons. Luis Urbanc