Durante la ceremonia litúrgica, un adulto recibió el Santo Bautismo.
Durante la noche del sábado 4
de abril, mientras se registraba una copiosa lluvia en San Fernando del Valle
de Catamarca, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, presidió la Solemne Vigilia
Pascual a los pies de Nuestra Madre del Valle y en el marco del Año Jubilar
Diocesano por el Bicentenario del Nacimiento del Beato Mamerto Esquiú, que fue concelebrada
por los presbíteros Juan Ramón Cabrera y Ramón Carabajal, rector y capellán de
la Catedral Basílica y Santuario de Nuestra Señora del Valle, respectivamente
La ceremonia litúrgica se
inició en el atrio del Santuario Catedral, donde el Obispo bendijo el fuego
nuevo con el cual se encendió el Cirio Pascual, que representa a Cristo, Luz
del mundo. Sobre éste marcó una Cruz, signándolo con el año actual, para
señalar que Jesucristo es el Señor del tiempo y de la historia.
Luego ingresó procesionalmente
al templo, que permanecía a oscuras, mientras los fieles encendían sus velas
con la luz del Cirio.
Después del canto del Pregón
Pascual, comenzó la Liturgia de la Palabra, que incluyó lecturas del Antiguo y
del Nuevo Testamento. Concluidas las correspondientes al Antiguo Testamento se
cantó el Gloria de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, echaron a vuelo
las campanas y se encendieron las luces en la noche más santa del año.
Tras la proclamación del
Evangelio, Mons. Urbanč inició su predicación con un enfático “¡Aleluya,
aleluya, hermanos!”, manifestando que “hemos llegado una vez más a celebrar este
misterio central de nuestra fe, que es la Resurrección de Jesús. La alegría es
el distintivo de esta celebración. ¡Cristo está vivo! Eso es lo que anuncia el ángel a estas mujeres
que van a la tumba a rendir homenajes a un cadáver. Tembló la tierra, se corrió
la piedra, se despertaron los soldados, fueron a avisar lo que pasó, y el ángel
les dice: ‘Mujeres, ¿por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¡Ha resucitado!’…
la tumba estaba vacía, la muerte no podía retener al que es la Vida”.
Resaltó que “Jesús cumple lo
que venía anunciando durante su ministerio público, tres veces, mientras iba
camino a Jerusalén, anuncia que va a ser entregado en manos de las autoridades
religiosas y civiles, y va a ser maltratado y crucificado, pero que al tercer
día iba a resucitar. ‘Destruyan este templo y a los tres días lo volveré a edificar’,
dijo”.
Luego puntualizó la
importancia del compromiso cristiano, afirmando que “lo importante es llevarse
un deber para la casa porque no sirve venir y solamente celebrar algo y no
comprometerse”. En este sentido, expresó: “¿Qué es lo que les dice el ángel a
las mujeres, y que después Jesús les va a volver a repetir dos veces? El
mandado: ‘Vayan a decir a mis hermanos que Yo iré delante de ellos a Galilea y
allí me verán’… Galilea es para nosotros nuestro hogar, nuestro vecindario,
nuestro trabajo, la escuela, allí donde transcurre nuestra vida, eso es
Galilea. Ahí tenemos que anunciar a Cristo que está vivo”.
En otro tramo de su reflexión,
comentó que “en esta Santa Misa tenemos la dicha que vamos a incorporar a un
hermano a la comunidad cristiana: Mariano Daniel, quien se ha preparado, ha
hecho el catecumenado en la parroquia San Roque, para recibir el santo
Bautismo, y hoy se incorpora a la familia cristiana, acompañado de padrino y
madrina, quienes lo van a ayudar a vivir esta fe que hoy recibe. Así que te
acogemos con alegría, Mariano Daniel, en la familia cristiana por medio del Bautismo,
que es la participación en la Muerte y en la Resurrección de Jesús. Participar
de la muerte es dejar todo lo que es contrario a Dios, todo aquello que va en
contra de la dignidad humana. Morir es dejar algo que ya no sirve y empezar una
vida nueva”.
Y continuó: “Lo hemos
escuchado en el texto del apóstol Pablo, comprendámoslo, nuestro hombre viejo
ha sido crucificado con Cristo, para que fuera destruido este cuerpo de pecado
y así dejemos de ser esclavos del pecado, porque el que está muerto no le debe
nada al pecado, y si creemos que hemos muerto con Cristo, también creemos que
resucitaremos con Él. Eso es lo que va a suceder en vos, Mariano Daniel,
participas de la muerte de Cristo, que es destrucción del pecado, y participas
del triunfo de Cristo, que es la victoria sobre el pecado y la muerte eterna”.
“Vamos a continuar con esta
celebración, que tiene acá, en la Iglesia Catedral, un particular colorido al
abrazar a un hermano nuevo que se incorpora a la gran familia de los hijos de
Dios por medio del Bautismo. ¡Cristo ha resucitado! Aleluya, aleluya, aleluya”,
concluyó.
Administración
del Sacramento del Bautismo
Luego del canto de las
Letanías el Obispo administró el Sacramento del Bautismo al joven Mariano
Daniel, quien recibió el agua bautismal sobre su cabeza, fue ungido con el
Santo Crisma y recibió una vela encendida, que representa su fe, para que la
mantenga encendida a lo largo de su vida con la ayuda de su familia.
Seguidamente, el Obispo bendijo
el agua, con la cual roció a la asamblea en recuerdo de nuestro bautismo.
Durante la Liturgia
Eucarística se consagró el pan y el vino, que luego de convertirse en el Cuerpo
y la Sangre de Jesús Resucitado, se ofrecieron como alimento para la vida
eterna.
Luego de la Comunión, el
Obispo impartió bendición final, con el templo alumbrado con las velas debido
al corte de energía eléctrica ocurrido en la zona céntrica.
En este día de gozo, todos los
presentes saludaron con el canto de alabanza a la Madre de Jesús Resucitado,
Nuestro Salvador.
