Desempeñó múltiples servicios en el ámbito educativo y eclesial, destacándose como la primera persona laica que ejerció el oficio de Secretaria Canciller de la Curia Diocesana de Catamarca.
El pasado 27 de mayo, a los 89
años de edad, la querida Juana Esther Rodríguez de Reynoso, conocida
cariñosamente como "Chila", partió de este mundo al encuentro
definitivo con el Padre Celestial, a quien amó y sirvió con total entrega en
los distintos ámbitos donde se desempeñó, particularmente, en el seno de
nuestra Iglesia Diocesana.
Había nacido el 30 de julio de
1936, en Piedra Blanca, la tierra natal del Beato Mamerto Esquiú, lugar que
amaba entrañablemente desde pequeña, porque además era descendiente de Justa Esquiú
y Medina, una de las hermanas del beato catamarqueño.
Casada con Oscar Reynoso, formaron
una familia bendecida con la llegada de siete hijos: Elsa,
Eugenio, Mónica, Juan José “Pepito” (falleció recién nacido), Daniel, Fátima y
Ana.
Desde los 15 años trabajó como
administrativa en la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca, con
cuyos ingresos ayudaba a su familia. Trabajaba por la mañana y por la tarde
estudiaba en la escuela.
Egresó como Maestra Normal de
la Escuela Normal Clara Janet Armstrong de la capital catamarqueña.
Ejerció la docencia en el Nivel
Primario de la escuela Libertador General San Martín ubicada en la esquina de
calles Esquiú y 25 de Mayo, en la Escuela N° 57 de Mate de Luna y 9 de Julio, y
en el Colegio del Carmen y San José.
Fue la primera directora de la
Dirección de Enseñanza Privada de Catamarca y trabajó como administrativa en el
Consejo General de Educación.
Acompañó a Mons. Mario
Cargnello, actual arzobispo de Salta, en ese entonces párroco de San Isidro
Labrador, en la fundación del Colegio Parroquial Nuestra Señora de Guadalupe,
en el departamento Valle Viejo, siendo su primera Apoderada Legal.
También colaboró y participó
en los inicios de la Asociación de Padres y Amigos del Niño Especial (APANE),
hoy convertida en Escuela Privada de Educación Especial.
Su familia recuerda que “una tarea
que hizo fue pasar a máquina los trabajos finales y tesis de los estudiantes
universitarios, hoy varios de ellos profesionales destacados, y nos consta que
a muchos no les cobró nada”.
Primera
Secretaria Canciller laica
Fue la primera persona laica
que asumió el oficio de Secretaria Canciller de la Curia Diocesana de Catamarca,
en 1995, durante el episcopado de Mons. Elmer Osmar Miani, predecesor de
nuestro actual obispo, Mons. Luis Urbanč.
Siempre estuvo entregada al
apostolado en el Movimiento de Cursillo de Cristiandad y la Liga de Madres en
la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, a cuya jurisdicción pertenecía.
Todo lo hizo con seriedad,
espíritu de justicia y colaboración, honestidad, sencillez, amabilidad y mucha
generosidad.
Madre
diligente y mujer de mucha fe y oración
Sus hijos la recuerdan como “una
madre trabajadora, diligente y ejecutiva, entregada a los suyos, y a la vez a
tanto servicio apostólico y laboral que le tocó desarrollar. En todo, siempre
acompañada y motivada por el estímulo constante de nuestro papá, su ‘Oscarcito’,
como cariñosamente lo llamaba”.
“Fue una mujer de mucha fe, acción,
apostolado y oración, muy coherente entre lo que vivía y su fe. Mientras pudo
manejarse sola recurrió a la Comunión diaria, y siempre a la oración. Luego de
tanta acción realizada en su vida, sus últimos años los pasó en el reposo
necesario, pero no se descuidó para nada, hasta sus últimos días, no faltó su
collar de perlas, el peinado bonito, su sonrisa agradecida, su gesto elegante, y
con serena aceptación ante lo que su salud le iba pidiendo”, manifiestan sus
seres queridos.
Y destacan que “amó con amor
de predilección a los sacerdotes y a cuantos religiosos pasaron por nuestra
diócesis. Y tuvo la gracia de recibir cada viernes la Santa Comunión de manos
de su párroco, el padre Salvador Acevedo”.
Esta asistencia espiritual,
que recibió de parte del Obispo y de cada sacerdote que pasó a visitarla, sin
dudas la fue preparando para dar el paso hacia el encuentro definitivo con el
Señor.
Oración
y gratitud
Nuestro padre obispo Mons.
Luis Urbanč, sacerdotes y toda la Iglesia Diocesana de Catamarca, elevan
súplicas por su eterno descanso, rogando la intercesión de Nuestra Madre del
Valle y del Beato Mamerto Esquiú, en este Jubileo por el Bicentenario de su
nacimiento. Y expresan su enorme gratitud por su vida de servicio generoso a
Dios y a la Iglesia.
¡Descansa en paz, querida “Chila”!
Oficina
de Prensa del Obispado – Diócesis de Catamarca
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