“Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús que tengamos un corazón como el suyo, y por amor a Él estemos dispuestos a amar a todos aquellos que el Señor nos pone en el camino de la vida”, dijo el Obispo.
Durante la tarde del domingo
28 de junio, la comunidad parroquial del Sagrado Corazón de Jesús vivió con
alegría el cierre del mes dedicado a honrar a su Santísimo Patrono, con la
presencia del obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč.
La Solemne Procesión partió desde
la capilla San Cayetano y se dirigió por calle 1 de Mayo hasta la sede parroquial,
con la participación de fieles devotos, acompañados por el padre Salvador
Acevedo, párroco de la comunidad.
La imagen del Sagrado Corazón
de Jesús fue recibida en la sede parroquial ubicada enfrente de la plaza 25 de
Agosto, con los acordes de la Banda de Música de la Municipalidad de la
Capital, que luego interpretó el Himno Nacional Argentino y el Himno a Catamarca.
Seguidamente, se concretó el
ingreso de la Sagrada Imagen al templo, donde se celebró la Santa Misa presidida
por Mons. Urbanč, mientras el padre Acevedo atendía a los fieles que se
acercaron a recibir el Sacramento de la Reconciliación.
En su homilía, el Obispo llamó
a vivir como hijos de Dios en la luz de la verdad, que es Jesucristo. “Sepan
que nuestro querido Jesús hoy y toda la semana estará pidiendo al Padre que nos
libere de la tiniebla del error y que vivamos en el esplendor de la verdad”, dijo,
apuntando que “esta súplica está iluminada hoy por los textos bíblicos que
acabamos de escuchar, el primero es la segunda lectura que se viene meditando
de la Carta a los Romanos en estos domingos. Hoy estamos empezando el capítulo 6,
y San Pablo pone la mirada en el bautismo, porque cada uno de nosotros ese día
se ha constituido en un hijo o en una hija, adoptivo o adoptiva de Dios, hemos
entrado a formar parte de la familia divina. De este modo tenemos el fundamento
por el cual podemos entender lo que Jesús exige en el Evangelio de hoy en el
capítulo 10 de Mateo”.
“Si somos hijos de Dios y
entendemos quién es Dios, de quien decimos que es Todopoderoso, que es nuestro
Padre, que es el dueño de todo, que sostiene nuestra vida, que nada se escapa
de Él, entonces sí podemos aceptar la exigencia de Jesús que tenemos que amar a
Dios por encima de todos”, manifestó, resaltando que “sólo con la gracia de
Dios podemos responder a esta exigencia de Jesús, con nuestra propia fuerza, no”.
En este sentido enfatizó que “Dios
es lo único importante. Y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene en el
fondo esta convicción. Si creo en este corazón maravilloso de Dios, que es misericordioso,
compasivo, benevolente, paciente, manso, cómo lo puedo cambiar por el cariño de
una mera criatura que no me puede salvar… el único que me ha dado el Cielo y me
sostiene la puerta abierta es Cristo. Entonces, si yo quiero estar con Cristo
debo amarlo siempre en primer lugar y llegar a la convicción que lo único
necesario en la vida es Dios. Todo lo otro es pasajero, puede desaparecer, pero
si permanezco unido a Cristo seré feliz eternamente”.
En otro tramo manifestó que “después
hay un segundo momento del texto bíblico en el que Jesús dice: ‘El que los
recibe a ustedes me recibe a mí y el que me reciba a mí recibe al Padre que me
ha enviado’. Qué importante es recibir a Cristo en la vida, y recibirlo en el
rostro de nuestros hermanos cuando acojo a un pobre, a un enfermo, al papá, a
la mamá, al hijo y a la hija, hay que aprender a ver a Cristo en el rostro de
los demás, porque si no, nuestra fe se volvería una mera entelequia, es decir,
una idea en el aire que no sirve para nada. La vida cristiana tiene que ser
realista, concreta, y por eso dirá, tanto Juan como después Santiago en su
carta, que uno no puede amar a Dios a quien no ve, si no ama al prójimo a quien
ve. Es decir, yo tengo la certeza de que amo a Dios porque amo a mi prójimo”.
Más adelante exhortó a que “pidamos
esta gracia al Sagrado Corazón de Jesús, que tengamos un corazón como el suyo, que
le amemos por encima de todo, y por amor a Él estemos dispuestos a amar a todos
aquellos que el Señor nos pone en el camino de la vida”.
Después de la Comunión, el
padre Salvador Acevedo agradeció a todos los que colaboraron para que las festividades
se pudieran realizar, e invitó a todos los presentes a compartir un chocolate
caliente con bollitos y una retreta en el patio.
Antes de la bendición final, toda
la asamblea hizo la Oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús.
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