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29 junio 2026

La comunidad parroquial del Sagrado Corazón de Jesús vivió el cierre del mes dedicado a su Patrono

“Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús que tengamos un corazón como el suyo, y por amor a Él estemos dispuestos a amar a todos aquellos que el Señor nos pone en el camino de la vida”, dijo el Obispo.

 

Durante la tarde del domingo 28 de junio, la comunidad parroquial del Sagrado Corazón de Jesús vivió con alegría el cierre del mes dedicado a honrar a su Santísimo Patrono, con la presencia del obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč.

La Solemne Procesión partió desde la capilla San Cayetano y se dirigió por calle 1 de Mayo hasta la sede parroquial, con la participación de fieles devotos, acompañados por el padre Salvador Acevedo, párroco de la comunidad.

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús fue recibida en la sede parroquial ubicada enfrente de la plaza 25 de Agosto, con los acordes de la Banda de Música de la Municipalidad de la Capital, que luego interpretó el Himno Nacional Argentino y el Himno a Catamarca.

Seguidamente, se concretó el ingreso de la Sagrada Imagen al templo, donde se celebró la Santa Misa presidida por Mons. Urbanč, mientras el padre Acevedo atendía a los fieles que se acercaron a recibir el Sacramento de la Reconciliación.

En su homilía, el Obispo llamó a vivir como hijos de Dios en la luz de la verdad, que es Jesucristo. “Sepan que nuestro querido Jesús hoy y toda la semana estará pidiendo al Padre que nos libere de la tiniebla del error y que vivamos en el esplendor de la verdad”, dijo, apuntando que “esta súplica está iluminada hoy por los textos bíblicos que acabamos de escuchar, el primero es la segunda lectura que se viene meditando de la Carta a los Romanos en estos domingos. Hoy estamos empezando el capítulo 6, y San Pablo pone la mirada en el bautismo, porque cada uno de nosotros ese día se ha constituido en un hijo o en una hija, adoptivo o adoptiva de Dios, hemos entrado a formar parte de la familia divina. De este modo tenemos el fundamento por el cual podemos entender lo que Jesús exige en el Evangelio de hoy en el capítulo 10 de Mateo”.

“Si somos hijos de Dios y entendemos quién es Dios, de quien decimos que es Todopoderoso, que es nuestro Padre, que es el dueño de todo, que sostiene nuestra vida, que nada se escapa de Él, entonces sí podemos aceptar la exigencia de Jesús que tenemos que amar a Dios por encima de todos”, manifestó, resaltando que “sólo con la gracia de Dios podemos responder a esta exigencia de Jesús, con nuestra propia fuerza, no”.

En este sentido enfatizó que “Dios es lo único importante. Y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene en el fondo esta convicción. Si creo en este corazón maravilloso de Dios, que es misericordioso, compasivo, benevolente, paciente, manso, cómo lo puedo cambiar por el cariño de una mera criatura que no me puede salvar… el único que me ha dado el Cielo y me sostiene la puerta abierta es Cristo. Entonces, si yo quiero estar con Cristo debo amarlo siempre en primer lugar y llegar a la convicción que lo único necesario en la vida es Dios. Todo lo otro es pasajero, puede desaparecer, pero si permanezco unido a Cristo seré feliz eternamente”.

En otro tramo manifestó que “después hay un segundo momento del texto bíblico en el que Jesús dice: ‘El que los recibe a ustedes me recibe a mí y el que me reciba a mí recibe al Padre que me ha enviado’. Qué importante es recibir a Cristo en la vida, y recibirlo en el rostro de nuestros hermanos cuando acojo a un pobre, a un enfermo, al papá, a la mamá, al hijo y a la hija, hay que aprender a ver a Cristo en el rostro de los demás, porque si no, nuestra fe se volvería una mera entelequia, es decir, una idea en el aire que no sirve para nada. La vida cristiana tiene que ser realista, concreta, y por eso dirá, tanto Juan como después Santiago en su carta, que uno no puede amar a Dios a quien no ve, si no ama al prójimo a quien ve. Es decir, yo tengo la certeza de que amo a Dios porque amo a mi prójimo”.

Más adelante exhortó a que “pidamos esta gracia al Sagrado Corazón de Jesús, que tengamos un corazón como el suyo, que le amemos por encima de todo, y por amor a Él estemos dispuestos a amar a todos aquellos que el Señor nos pone en el camino de la vida”.

Después de la Comunión, el padre Salvador Acevedo agradeció a todos los que colaboraron para que las festividades se pudieran realizar, e invitó a todos los presentes a compartir un chocolate caliente con bollitos y una retreta en el patio.

Antes de la bendición final, toda la asamblea hizo la Oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

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