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14 abril 2026

Mons. Urbanč: “Contemplemos la figura del Beato Mamerto Esquiú, un campeón de la educación”

Durante la noche del lunes 13 de abril, segundo día del Septenario en honor de Nuestra Madre del Valle, rindieron su homenaje autoridades y empleados del Ministerio de Educación; Educación estatal, municipal, privada, social y cooperativa; Institutos de Educación Superior; docentes en actividad, docentes jubilados, Docentes Jubilados Autoconvocados, gremios docentes, Vicaría Episcopal para la Educación y Pastoral de la Educación.

La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el Vicario Episcopal para la Educación, padre Lucas Segura, y el rector del Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica, padre Juan Ramón Cabrera.

Participaron autoridades del Ministerio de Educación, entre ellas la secretaria de Educación Roxana Monasterio; el director provincial de Educación de Gestión Municipal, Privada, Social y Cooperativa Pablo Figueroa y el director provincial de Educación Técnica, Agrotécnica y Formación Profesional Matías Cabrera; representantes legales y directivos de instituciones educativas de los distintos niveles, miembros de la Vicaría para la Educación y docentes en general.

En su homilía, Mons. Urbanč dio la bienvenida a los alumbrantes y pidió “que la Madre y Maestra de los cristianos les ayude a alimentar su oración con la Palabra de Dios y, así, fortalecer e iluminar su servicio”.

Al reflexionar sobre la Palabra de Dios proclamada, se refirió a aquellos “hombres comunes, con oficios comunes, con emociones, actitudes y comportamientos humanos comunes”, que luego de la Resurrección de Jesús se transforman en testigos de este gran acontecimiento de fe.

En este sentido afirmó que “más allá de la tumba vacía, una ‘prueba’ de la veracidad de la Resurrección es la transformación operada en estas personas. Sólo una experiencia de tal impacto interior, como es la acción del Espíritu Santo, don del Padre y del Hijo Resucitado, explica tal cambio. Quienes se encerraban en una casa por miedo, ahora entran y salen de las cárceles y circulan libre y resueltamente por la ciudad predicando con valentía la Palabra de Dios”.

En otro tramo de su predicación, se centró en la figura de Nicodemo, señalando que “con el diálogo de Jesús y Nicodemo, la liturgia invita a profundizar en la novedad pascual del Bautismo cristiano. Y la figura de Nicodemo actúa de testimonio pedagógico. Este fariseo y maestro de la Ley, parece representar a algunos de su grupo que, lejos de sentirse amenazados con la predicación de Jesús, se sienten llamados y atraídos. Así pues, al ir, de noche, al encuentro de Jesús, Nicodemo refleja, por una parte, una insatisfacción con su modo de vivir la relación con Dios y lo religioso y, por otra, una sed, una búsqueda de novedad y hasta una intuición de que en Jesús puede residir esa respuesta anhelada: «Los signos que tú realizas…sólo pueden venir de Dios» (Jn 3,2b)”.

 

Un modo nuevo de vivir

“Como al joven rico, Jesús invitó a seguirlo, así invita a Nicodemo a un nuevo nacimiento. Como diciéndole que no se trata solo de ‘saber sobre Él’ sino de ‘vivir de Él’, se trata de otro modo de vivir, por eso es necesario otro nacimiento. Nacer de nuevo, de agua y de espíritu, es dar un giro a la vida. O mejor aún, permitir que la gracia dé ese giro. Vivir una vida distinta, orientada a Dios, buscando la verdad y el bien”, dijo, agregando que “sin duda que los discípulos, al encontrarse con el Resucitado, renacieron; por eso fueron transformados y comenzaron a transformar el mundo en Reino de Dios”.

En esta línea aseveró que “todo educador, a la luz de la Pascua, es un ‘sembrador de esperanza y vida nueva’, que transforma el aula en un lugar de encuentro, amor y solidaridad. Su misión es renovar la fe y la vocación de servicio, educando con el corazón, superando dificultades con la fuerza de la Resurrección de Jesucristo”.

“Por tanto -continuó-, es sembrador de esperanza, educa desde el corazón, guía con la luz de la Verdad, es transformador porque convierte los desafíos en oportunidades, y se pone al hombro el estilo del Servidor. Aquí los invito a contemplar la figura del Beato Mamerto Esquiú, un campeón de la educación”, expresó resaltando la figura de este amado hijo de la Virgen del Valle, a quien celebramos en el Bicentenario de su Nacimiento.

 

“Virgen María, ayuda a los maestros en su misión diaria”

Hacia el final encomendó a la Virgen María, Madre y Maestra de la vida, a todos los educadores, padres y docentes.

“Virgen María, llena de gracia y ternura, ayuda a los maestros en su misión diaria. Dales sabiduría para enseñar con claridad, paciencia para sostener a los cansados, y alegría para seguir formando vidas. Que sean reflejo de tu amor maternal en las aulas y en el hogar, sembrando esperanza, paz, respeto, armonía, valores y justicia en cada estudiante. Acompáñalos en sus dificultades, para que nunca pierdan la fe, la esperanza y el amor, ni la vocación de servicio. Virgen María, modelo de educadora, ruega por nosotros y por todos los educadores, en especial, los más atribulados”, rogó.

Los alumbrantes participaron de los diferentes momentos de la Liturgia guiando la celebración, proclamando la Palabra de Dios y acercando las ofrendas particulares junto con los dones del pan y del vino hasta el altar.

Antes de la bendición final, alabaron y se consagraron a la Reina y Señora de este Valle.


TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos devotos y peregrinos:

 Para este segundo día del septenario se nos propuso reflexionar sobre cómo la Palabra de Dios alimenta nuestra oración, realidades inseparables en nuestra fe cristiana.

En esta Misa vespertina honran a la Virgen del Valle quienes trabajan en el ámbito de la Educación. Bienvenidos a esta celebración, y que la Madre y Maestra de los cristianos les ayude a alimentar su oración con la Palabra de Dios y, así, fortalecer e iluminar su servicio.

La imagen que los evangelios ofrecen de los discípulos de Jesús no es para nada idealista. Son presentados como hombres comunes, con oficios comunes, con emociones, actitudes y comportamientos humanos comunes. Junto a aspectos positivos: deseo de bien, generosidad, perseverancia, etc., encontramos otros negativos: miedo, luchas de poder, murmuraciones, competencias, protestas, abandono, desconfianzas, mezquindad, cerrazón, desesperanza, etc.

¿Cómo es posible que de estas mismas personas –tal cual fueron descritas en los evangelios– el libro de los Hechos de los Apóstoles relate situaciones heroicas y audaces como las que leemos en la primera lectura de hoy? ¿Qué aconteció entre aquellos hombres y éstos, que los transformó en testigos tan convencidos, tan dispuestos a la gracia del martirio? ¡Nada más y nada menos que la Resurrección!

Más allá de la tumba vacía, una “prueba” de la veracidad de la Resurrección es la transformación operada en estas personas. Sólo una experiencia de tal impacto interior, como es la acción del Espíritu Santo, Don del Padre y del Hijo Resucitado, explica tal cambio. Quienes se encerraban en una casa por miedo, ahora entran y salen de las cárceles y circulan libre y resueltamente por la ciudad predicando con valentía la Palabra de Dios.

El Espíritu Santo les ha otorgado la sabiduría, la gracia de poder ver el mundo, las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios. El texto, hoy proclamado (Hch 4,23-31), relaciona lo que están viviendo con lo rezado en el Salmo 2, que también meditamos, al reconocer en la persecución que están sufriendo una previsión divina, y, por lo tanto, una oportunidad para crecimiento del Reino de Dios.

El Espíritu Santo les ha otorgado valentía, en griego: ‘parresía’. Tiembla el lugar donde oran, como un nuevo Pentecostés y se les renueva la fortaleza: quedaron atrás la tibieza, las incertidumbres y los temores que antes frenaban la enseñanza del Maestro. Ahora, por el contrario, la semilla de la Palabra da fruto en ellos de manera auténtica, alegre, generosa y valiente.

¿En qué consiste esa transformación tan radical? El evangelio nos da una pista para ello: “El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3,5).

Con el diálogo de Jesús y Nicodemo, la liturgia invita a profundizar en la novedad pascual del Bautismo cristiano. Y la figura de Nicodemo (presentado 3 veces en el evangelio de Juan, como recorriendo un camino discipular: Jn 3,1-12; 7,45-52; 19,38-42) actúa de testimonio pedagógico.

Este fariseo y maestro de la Ley, parece representar a algunos de su grupo que, lejos de sentirse amenazados con la predicación de Jesús, se sienten llamados y atraídos. Así pues, al ir, de noche, al encuentro de Jesús, Nicodemo refleja, por una parte, una insatisfacción con su modo de vivir la relación con Dios y lo religioso y, por otra, una sed, una búsqueda de novedad y hasta una intuición de que en Jesús puede residir esa respuesta anhelada: «los signos que tú realizas…sólo pueden venir de Dios» (Jn 3,2b).

Como al joven rico, Jesús invitó a seguirlo, así invita a Nicodemo a un nuevo nacimiento. Como diciéndole que no se trata solo de “saber sobre Él” sino de “vivir de Él”, se trata de otro modo de vivir, por eso es necesario otro nacimiento. Nacer de nuevo, de agua y de espíritu, es dar un giro a la vida. O mejor aún, permitir que la gracia dé ese giro. Vivir una vida distinta, orientada a Dios, buscando la verdad y el bien. Supone optar por la bondad frente al insulto, el desprecio, la burla; la compasión hacia el dolor de otros; la lucha por la justicia. Nacer de nuevo significa tener la vida auténtica, y no lo que quizás llamamos vida, queriendo decir, cierta antigua rutina conocida y cómoda.

Cuando Nicodemo pide más explicaciones, Jesús le nombra al Espíritu, confirmando que este nuevo nacimiento no es algo que el interesado realice por sí mismo, sino que es algo que se realiza en él.

Así como fuimos paridos por nuestra madre, al igual necesitamos ser paridos por el Espíritu Santo, que nos va disponiendo a un modo de vivir en la libertad que Dios soñó originalmente para nosotros.

Entonces ¿Cómo nos podemos disponer para que el Espíritu Santo “nos haga nacer” de lo alto, siempre de nuevo, siempre más?

La figura de Nicodemo nos puede orientar con las siguientes preguntas: ¿cómo reconocer las insatisfacciones, las búsquedas, las intuiciones que nos ponen en camino, aunque sea un poco a tientas? ¿Qué signos reconocemos a nuestro alrededor que indican que Dios está allí, aunque se encuentren en ámbitos novedosos? ¿Qué pasos dar, aún en la noche, para encontrarnos con ese Jesús que nos desafía siempre a un nuevo nacimiento?

Sin duda que los discípulos, al encontrarse con el Resucitado, renacieron; por eso fueron transformados y comenzaron a transformar el mundo en Reino de Dios… ¿Nos animamos a seguir su ejemplo?

Ahora bien, ¿Cómo describir a un docente, o a todos los que se ocupan de educar, a la Luz del Misterio Pascual?

Todo educador, a la luz de la Pascua, es un ‘sembrador de esperanza y vida nueva’, que transforma el aula en un lugar de encuentro, amor y solidaridad. Su misión es renovar la fe y la vocación de servicio, educando con el corazón, superando dificultades con la fuerza de la Resurrección de Jesucristo.

Por tanto, es *sembrador de esperanza, *educa desde el corazón, *guía con la luz de la Verdad, *es transformador porque convierte los desafíos en oportunidades, y *se pone al hombro el estilo del Servidor.

Aquí los invito a contemplar la figura del Beato Mamerto Esquiú, un campeón de la educación.

            Santa María, Madre y Maestra de la vida, acudimos a Ti para encomendarte a todos los educadores, padres y docentes.

Tú, que escuchaste la Palabra y la pusiste en práctica, enséñanos a acoger, como Tú, la verdad en el corazón y a trasmitirla con amor. 

Virgen María, llena de gracia y ternura, ayuda a los maestros en su misión diaria. Dales sabiduría para enseñar con claridad, paciencia para sostener a los cansados, y alegría para seguir formando vidas. 

Que sean reflejo de tu amor maternal en las aulas y en el hogar, sembrando esperanza, paz, respeto, armonía, valores y justicia en cada estudiante. Acompáñalos en sus dificultades, para que nunca pierdan la fe, la esperanza y el amor, ni la vocación de servicio. 

Virgen María, modelo de educadora, ruega por nosotros y por todos los educadores, en especial, los más atribulados. Amén. 

¡¡¡Viva la Virgen del Valle!!!   ¡¡¡Viva el Beato Mamerto Esquiú!!!

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