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Con la participación de más de 250 asambleístas, la Diócesis define acciones para el año de los laicos

Desde esta mañana, en las instalaciones del Centro Educativo y Cultural Virgen del Valle (ex Seminario), se viene desarrollando la Asamblea Diocesana convocada por el Obispo de Catamarca, Mons. Luis Urbanc, con el objetivo de elaborar propuestas que ayuden a delinear acciones pastorales para el 2015, año que estará dedicado a los laicos, en el contexto de la Misión Diocesana Permanente, que transita la Iglesia local.
Más de 250 personas provenientes de parroquias  pertenecientes a los Decanatos Capital, Centro, Este y Oeste, movimientos, instituciones y áreas pastorales, colegios, sacerdotes y religiosas, como también representantes de instituciones civiles y particulares, se dieron cita para escuchar, compartir y realizar un aporte concreto al gobierno
eclesiástico local.
Las actividades comenzaron a las 8.30 con la Santa Misa, presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por los sacerdotes José Antonio Díaz, Armengol Acevedo, Sergio Chumbita, Moisés Pachado, Rogelio Suárez y Lucas Segura, en la capilla del ex Seminario Diocesano.
Durante su homilía, Mons. Urbanc destacó el protagonismo que tendrán los laicos en el año 2015, por lo que exhortó a profundizar esta “bella vocación”, que es “santificar el mundo”. “En esta asamblea -dijo- ustedes, los laicos, son los anfitriones, ya que el próximo año serán los protagonistas de nuestra vida eclesial, y nosotros, los pastores, que somos una minúscula parte, estamos ávidos de acompañarlos en su crecimiento y aprender de su vida cristiana, puesto que también en ustedes obra el Espíritu Santo”.
En el tramo final de su predicación, pidió “a san Juan XXIII, a san Juan Pablo II y a la Virgen del
Valle que nos acompañen en esta jornada de encuentro, oración y reflexión sobre la vida y misión de los fieles laicos, a fin de aportar sabias orientaciones para preparar y vivir con entusiasmo y fecundidad el año dedicado a ustedes, que marcan la fisonomía del Pueblo de Dios en las distintas etapas de su historia”. Asimismo, rogó por la Diócesis de Santo Tomé, que también en este día lleva a cabo su II Asamblea Diocesana.

Exposiciones y trabajo en comisiones

Finalizada la celebración eucarística, los asambleístas se trasladaron hasta el salón de actos
del Centro Educativo y Cultural, donde el Pbro. Eduardo López Márquez, Delegado Episcopal para la Pastoral Familiar, mostró el camino recorrido por la Diócesis desde la década del ’90, resaltando algunos acontecimientos como el Congreso de Laicos, el Sínodo Diocesano sobre la Familia, el Jubileo del 2000, el Trienio de Preparación y Jubileo por el Centenario de la Diócesis, hasta llegar a la actual etapa de la Misión Diocesana Permanente con opciones preferenciales definidas en la Asamblea Pastoral de 2011: 2012- familia, 2013- jóvenes, 2014- niños, niñas y adolescentes.
Luego, el Padre Santiago Granillo, Responsable Diocesano de la Pastoral de la Niñez, presentó
una síntesis del trabajo realizado en lo que va de este año orientado a los niños, niñas y adolescentes; en tanto que el Padre José Antonio Díaz, Vicario Episcopal de Pastoral, presentó brevemente las propuestas surgidas de la Semana del Clero y de la reunión del Consejo Diocesano de Pastoral para el año de los laicos.
Seguidamente, el Pbro. Salvador Acevedo disertó sobre “Dignidad de los laicos en la Iglesia Misterio”, introduciendo a los presentes en la temática a partir del término laico, para luego resaltar el carácter secular de la vocación laical. “El laico es el fiel cristiano inserto en el mundo, cuya vocación específica es ordenar las realidades temporales y la actividades terrenas según la
voluntad de Dios”, sintetizó el sacerdote, cuya exposición fue seguida con mucho interés.
El cronograma de la jornada continuó con el trabajo de las comisiones, tomando como base de reflexión la Exhortación Apostólica Post Sinodal de 1988 Christifideles Laici, del Papa Juan Pablo II.
Para ello, los participantes se distribuyeron en grupos según los siguientes ejes: 1) La participación de los fieles laicos en la vida de la Iglesia Comunión; 2) La corresponsabilidad de los fieles laicos en la Iglesia Misión; 3) Buenos administradores de la multiforme gracia de Dios; y 4) La formación de los fieles laicos.
Cada comisión elabora sus propuestas de acción pastoral, como también el objetivo y el lema para el año del laicado, que luego serán expuestas en el plenario y puestas a consideración a través de votaciones.
Alrededor de las 17.30 está previsto el cierre de la convocatoria con las palabras del Obispo Diocesano.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA DE LA MISA DE APERTURA DE LA ASAMBLEA DIOCESANA

Queridos Asambleístas:
                                                         Les doy mi fraterna y paternal bienvenida a esta Asamblea Diocesana. Gracias por haber aceptado la invitación a participar en este encuentro eclesial tan querido por Jesús para nuestro crecimiento en la fe, la esperanza y el amor.
              A decir verdad, en esta asamblea ustedes los laicos son los anfitriones, ya que el próximo año ustedes serán los protagonistas de nuestra vida eclesial, y nosotros los pastores, que somos una minúscula parte, estamos ávidos de acompañarlos en su crecimiento y aprender de su vida cristiana, puesto que también en ustedes obra el Espíritu Santo.
              Entre 1962 y 1965, durante la celebración del Concilio Vaticano II, que fue convocado por san Juan XXIII, a quien en este día conmemoramos, uno de los temas obligatorios y centrales fue restituir al laico o seglar, su lugar imprescindible en la actividad de la Iglesia Católica, para que los
laicos no sólo fueran objeto de la evangelización sino protagonistas y responsables de esta tarea; de ahí surgió el Documento del Concilio llamado «Apostolicam actuositatem» que está de dedicado al laico. Y, desde entonces, se ha venido perfilando la vocación del laico como miembro de la Iglesia, como hombres y mujeres en comunión con la Iglesia, seguidores de Jesucristo, pero que no viven en el convento, que no traen un hábito, sino que viven en el corazón del mundo, y el corazón del mundo son las familias, la educación,  las fábricas, las oficinas, la política, la justicia, la economía, la ciencia, el arte, el deporte, las comunicaciones, la ecología, etc; ahí la vocación del laico es santificar el ambiente.
Les doy un ejemplo: en África, donde la conversión de un islámico al cristianismo merece la muerte, muchos musulmanes se están haciendo católicos, contrario a la creencia de que era imposible que un islámico se convirtiera al cristianismo. Lo curioso es que como los amenazan de muerte, huyen un tiempo de su lugar de origen a un lugar donde ser católico no esté penalizado, pero después de un tiempo de empaparse de Dios, de la fe católica, vuelven a su tierra para ser misioneros sin temor de dar la vida por su fe. Aquí está la vocación esencial del laico, no separarse del mundo sino vivir inserto en él, y desde él, evangelizar.
Por tanto, los laicos, son los principales protagonistas de la evangelización; deben llegar adonde no llega el sacerdote o la religiosa; son los evangelizadores de avanzada. Esta es la hora del laico, pero sabedores que no deben separarse del mundo para realizar su labor.
No tengan miedo, tienen su carta magna: la Exhortación Apostólica post sinodal “Christifideles laici”, de san Juan Pablo II, al que conmemoraremos el próximo 22 de octubre. Adquiéranla y estúdienla pues les ayudará, con las luces del Espíritu Santo, a descubrir o profundizar la belleza de su misión en el mundo y en la Iglesia.
Por el hecho de que la Iglesia es un misterio de Comunión y Participación, a ejemplo del Misterio de la Santísima Trinidad, los laicos están plenamente implicados en la misión evangelizadora de la Iglesia (Christifideles Laici, n° 34, párrafo 4). Por ende, los laicos, por su "índole secular" ocupan un puesto concreto en la tarea de la Iglesia de hacer más humana la familia de los hombres (ibidem, n° 36, párrafos 4 y 5)… El matrimonio y la familia constituyen el primer campo para el compromiso social de los laicos (ibidem, n° 40, párrafo 4), pero, de ningún modo pueden abdicar de su participación en la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural (ibidem, n° 42, párrafo 2), con lo cual evangelizan la cultura (ibidem, n° 44, párrafo).
En el capítulo V de Cristifideles Laici, san Juan Pablo II, afirma que la formación de los fieles laicos se ha de colocar entre las prioridades de la diócesis (n° 57, párrafo 5), para que descubran con más claridad la propia VOCACION y la disponibilidad siempre mayor para vivirla en el cumplimiento de la propia MISIÓN (n° 58, párrafo 1), puesto que Dios los llama y los envía como obreros para trabajar por el advenimiento de su Reino en la historia (n° 58, párrafo 2) y, en esa tarea les va revelando su plan amoroso para sus vidas (n° 58, párrafo 3). Pero, no se trata sólo de saber lo que Dios quiere de ustedes, sino de hacer lo que Dios quiere (n° 58, párrafo 6).
Como la formación debe ayudarlos a vivir su vida en la unidad, y no disociada en lo espiritual por un lado y lo secular por otro (n° 59), enfatiza diversos aspectos a tener en cuenta: espiritual, bíblico, litúrgico, catequético, teológico, social, pastoral, moral y sexual (n° 60). Además, señala que la formación no es privilegio de algunos, sino un derecho y un deber de todos, para poder realizar su plena vocación humana y cristiana (n° 63, párrafo 1), y que no se da formación verdadera y eficaz si cada uno no asume y no desarrolla por sí mismo la responsabilidad de la formación (n° 63, párrafo 2 y 4) usando los medios y métodos de las ciencias humanas, con la imprescindible ayuda de Dios (n° 63, párrafo 6)… Sólo el sarmiento que no teme dejarse podar por el viñador, da más fruto para sí y para los demás.
El texto de Ezequiel 34,11-16 que acabamos de escuchar los involucra de un modo especial, ya que Dios mismo en persona vela por ustedes, los cuida, los busca, los pastorea, los apacienta, los cura y los reconforta… Por lo tanto, no hay lugar para quejas o lamentos, sino para animarse y confiar en la bondad, ternura y fidelidad de Dios que no abandona a nadie.
Y qué no decir del texto de Juan 21,15-17 en el que el Señor Jesús a cada uno lo interpela como lo hizo con Pedro para la misión que a él le confiaba. A quien es presa de su debilidad, de su desidia, de su apatía o de su miedo, Jesús no lo abandona, sino que quiere sanarlo con el bálsamo de su amor, puesto que sólo en clave de amor es comprensible y aceptable una Misión y una relación con Dios y con los semejantes. El amor es esencialmente curativo y generador de compromisos y vínculos hasta la muerte. Jesús te pregunta: ¿Me amas más que éstos y que a tu propia vida?... Y espera tu respuesta concreta, confiada y generosa.


En fin, pidamos a san Juan XXIII, a san Juan Pablo II y a la Virgen del Valle que nos acompañen en esta jornada de encuentro, oración y reflexión sobre la vida y misión de los fieles laicos, a fin de aportar sabias orientaciones para preparar y vivir con entusiasmo y fecundidad el año dedicado a ustedes, que marcan la fisonomía del Pueblo de Dios en las distintas etapas de su historia. También roguemos por la diócesis de Santo Tomé que también hoy lleva a cabo su II Asamblea Diocesana. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén