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Mons. Urbanc en el homenaje de las Secretarías de Ambiente y Desarrollo sustentable y del Agua a la Virgen




El amor al prójimo debe ser fruto de nuestro amor a Dios

El jueves 3, en el quinto día de la novena en honor a nuestra Madre del Valle participaron como alumbrantes de la misa de 21.00 miembros de las Secretarías de Ambiente y Desarrollo Sustentable y de la Secretaría del Agua. La celebración fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, quien les dio la bienvenida y agradeció su participación.
En el inicio de su homilía, recordó a San Francisco Javier, patrono de las misiones a quien la Iglesia recuerda en esta fecha. “Le pidamos que nos ayude a ser discípulos misioneros”, animó, destacando que el tema a reflexionar durante la jornada fueron las “obras de misericordia corporales, que se inspiran en el pasaje de Mt 25,35-36, a saber: 1.- Dar de comer al hambriento. 2.- Dar de beber al sediento. 3.- Dar posada al necesitado. 4.- Vestir al desnudo. 5.- Visitar al enfermo. 6. Socorrer a los presos. 7.- Enterrar a los muertos”.

También resaltó que “Misericordia significa sentir con el otro sus miserias y necesidades, y como consecuencia de esa compasión ayudarlo, auxiliarlo. Para poder practicar provechosamente las obras de misericordia corporales es necesario que tengamos claro que el amor al prójimo debe ser fruto de nuestro amor a Dios”.


Para finalizar, pidió a los presentes que “recen para que los devotos de la Virgen del Valle sean un auténtico instrumento de Dios para la renovación de toda la sociedad, de cada una de las familias y de las diversas instituciones que están al servicio del Bien Común. Además, roguemos por todos aquellos que hubiesen querido venir, pero por diversas razones están impedidos, para que igualmente reciban aquellas bendiciones que anhelan y sean testigos de las maravillas de Dios en su ambiente”.

Luego los alumbrantes acercaron al altar el pan y el vino en el momento de las ofrendas, junto a donativos que serán destinados a la atención de los peregrinos.
Antes de finalizar la Santa Misa, todos los presentes se consagraron a María y la honraron cantando su Himno.



Texto completo de la Homilía

Queridos Devotos y Peregrinos:
                                                               En este quinto día de la novena en honor a nuestra Madre del Valle participan como alumbrantes miembros de las Secretarías de Ambiente y Desarrollo Sustentable y de la Secretaría del Agua. Bienvenidos a esta celebración.
            La Iglesia recuerda hoy la memoria de san Francisco Javier, jesuita misionero en India, Japón y China, que, junto con santa Teresa del Niño Jesús, es el patrono de la tarea misionera de la Iglesia. Le pidamos que nos ayude a ser discípulos misioneros.
            La temática que se desarrolló a lo largo de la jornada consistió en meditar sobre las obras de misericordia corporales, que se inspiran en el pasaje deMt 25,35-36, a saber:1.- Dar de comer al hambriento. 2.- Dar de beber al sediento. 3.- Dar posada al necesitado. 4.- Vestir al desnudo. 5.- Visitar al enfermo. 6. Socorrer a los presos. 7.- Enterrar a los muertos.
                Misericordia significa sentir con el otro sus miserias y necesidades, y –como consecuencia de esa compasión – ayudarlo, auxiliarlo.
            Para poder practicar provechosamente las obras de misericordia corporales es necesario que tengamos claro que el amor al prójimo debe ser fruto de nuestro amor a Dios. Si pretendemos primero amar a los demás sin antes amar a Dios, estamos siendoaltruístas, filántropos, benefactores. Eso no está mal, pero eso lo puede hacer y de hecho lo hace cualquiera que no sea cristiano y que no lo haga por ser cristiano. Lo puede hacer, por ejemplo, un buen gobernante o cualquiera que pertenezca a una ONG nacional o internacional. En cambio el Cristiano tiene que amar al prójimo desde Dios, por amor de Dios. Al amar al prójimo desde Dios, hay un flujo de gracia invisible, que viene de Dios y que va más allá de la ayuda misma que se está dando.
El ejemplo más claro de cómo funciona el Amor es la Santísima Virgen María en su visita a su prima Santa Isabel. La Virgen fue portadora de Dios, pues llevaba a Dios recién encarnado en su seno. Y Santa Isabel lo supo de inmediato, pues San Juan Bautista, que se estaba gestando en su vientre, lo hizo saber con grandes saltos de alegría (ver Lc 1,39-44). Así debe ser nuestro amor por los demás: llevándoles a Dios que habita en nosotros. Aunque el beneficiado no lo exprese igual que San Juan Bautista y Santa Isabel, la persona va a recibir muchas gracias del Señor, muchas más que las que cree estar necesitando, muchas más de las que nosotros creamos estar aportando con nuestro auxilio.
Además las Obras de Misericordia nos van ayudando a avanzar en el camino al Cielo. Es como si ahorráramos para el Cielo. “No junten tesoros en la tierra”, más bien, acumulen tesoros en el Cielo” (Mt 6,19-20). Al seguir esta máxima del Señor cambiamos los bienes temporales por los eternos, que son los que valen de verdad.
Veamos qué nos enseña la Palabra de Dios que acabamos de escuchar.
En la primera lectura (Is 26,1-6) se nos refiere una parte de un cántico de triunfo para expresar lo que Dios hace en favor de los que le son fieles y que siempre confían en él. Lo que en el evangelio el Señor Jesús los dice con mayor contundencia con la comparación de haber construido sobre roca o sobre arena.
No importa lo que nos pueda suceder si verdaderamente hemos puesto la confianza en el Señor. Digo verdaderamente, porque cuando Jesús utilizó estas palabras eran muy frecuentes en su tiempo los falsos creyentes, los falsos profetas, los falsos doctores. Por eso dice Jesús en este pasaje del evangelio: “No todo el que me dice "Señor, Señorsino el que cumple la voluntad de mi Padre” (cf. Mt 7,21). Al Señor no le interesa la ortodoxia, sino la ortopraxis, es decir, el que verdaderamente cumple o intenta cumplir la voluntad de mi Padre. Si confiamos de esta manera, si nos tomamos en serio nuestra fe, ya pueden soplar los vientos más huracanados o temblar la tierra que nuestra casa, es decir, nuestra integridad moral y espiritual, permanecerá en pie porque está bien cimentada. Por esta razón tenemos motivos para la esperanza.
Por tanto, será de mucho provecho aprovechar este tiempo de Adviento para fortalecer nuestras vidas con la oración, los sacramentos y las obras de misericordia.
Se trata de ser prudentes y no necios, como fue san Francisco Javier, quien tuvo ‘un corazón grande y un alma noble’, como dijo de él san Ignacio de Loyola.
Queridos peregrinos, los invito a que recemos de un modo muy especial por todos lo que en diversas partes del mundo están padeciendo la persecución por causa de su fe, o que están siendo expulsados de sus territorios, o simplemente son exterminados sin ningún tipo de consideración, para que ese testimonio elocuente nos movilice a todos los devotos de la Virgen del Valle a purificar nuestras motivaciones religiosas de todo aquello que es mera apariencia y que no transforma nuestra vida de acuerdo con los valores que brotan del Evangelio de Jesús y de las sabias enseñanzas de la Iglesia, de modo que cada uno sea un auténtico instrumento de Dios para la renovación de toda la sociedad, de cada una de las familias y de las diversas instituciones que están al servicio del Bien Común. Además, roguemos por todos aquellos que hubiesen querido venir, pero por diversas razones están impedidos, para que igualmente reciban aquellas bendiciones que anhelan y sean testigos de las maravillas de Dios en su ambiente.
Y ahora volvamos nuestro corazón a la querida Madre del Cielo, visualizada en esta sagrada imagen, para agradecerle que siempre ha sido fiel a la voluntad de Dios y que nos ayude a serlo mejor de aquí en adelante, para que el Reino de Dios esté en todos.
¡¡¡Nuestra Madre del Valle, ruega por nosotros!!!