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Quedó abierta la Puerta Santa en la Catedral Basílica


Este domingo 13 de diciembre la Iglesia de Catamarca vivió una gran fiesta con la apertura del Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia.
Los actos centrales comenzaron poco después de las 10.30 de la mañana en el templo San Pedro de Alcántara del convento San Francisco con el inicio de la Santa Misa presidida por el Obispo Diocesano Mons. Luis Urbanč y concelebrada por sacerdotes del clero local y gran cantidad de fieles.

En la oportunidad se proclamó el pasaje del Evangelio según san Lucas que se refiere a la oveja perdida y a la alegría del pastor cuando la encuentra, una parábola por la que Jesucristo habla de la alegría que hay en el Cielo cuando un pecador se convierte. Seguidamente se leyó la bula “Misericordiae Vultus” a través de la cual el Papa Francisco convocó al Jubileo Extraordinario de la Misericordia. A continuación se invitó a todos a peregrinar hacia la Catedral Basílica detrás del Obispo, los sacerdotes y la Cruz procesional, lo que se llevó a cabo con cánticos y palmas desde dicho templo franciscano, atravesando calle Rivadavia, girando por República hasta llegar al atrio del Santuario de la Virgen. Allí, las puertas centrales del templo ornamentadas especialmente, representaron la Puerta Santa que Mons. Urbanč abrió para dejar oficialmente inaugurado el Año Santo en la Diócesis de Catamarca. La columna procesional ingresó por la Puerta Santa, que representa a Jesucristo que abre sus brazos misericordiosos para derramar sus gracias a todos cuantos quieran entrar a su Templo.


Ya dentro de la Catedral continuó la celebración de la Eucaristía de este Domingo de Gaudete, o de la alegría, el 3° del Adviento. Durante la homilía, el Obispo invitó a todos a experimentar la misericordia de Dios para lo cual es indispensable que cada cristiano se reconozca pecador, porque para que la gracia del perdón llegue es necesario el arrepentimiento. Mons. Urbanč recordó palabras del Papa Francisco en relación con la corrupción que tanto daño causa, corrupción que es consecuencia del pecado y que está en todos cuantos faltan a la Fe, la Esperanza, el Amor. Aclaró las erróneas interpretaciones que suelen hacerse sobre declaraciones del Santo Padre como si misericordia fuera “hacer la vista gorda” a todo, cuando en realidad es la inmensa gracia de Dios que envió a su Hijo para que en la humildad de la carne se hiciera hermano nuestro y en el más grande gesto de misericordia muriera en la Cruz por nuestros pecados. El pastor diocesano explicó entonces que ante ese infinito amor debemos arrepentirnos de nuestros pecados, pedir perdón en el Sacramento de la Reconciliación y gozar de la Misericordia de Dios. Después Mons. Urbanč pasó a explicar uno de los grandes beneficios que todos los cristianos pueden obtener en este Año Santo Extraordinario, como son las indulgencias, esa fuente inagotable de gracias que Dios quiere derramar en sus hijos. Explicó que en el Sacramento de la Reconciliación el penitente obtiene el perdón de sus pecados, pero las penas y castigos por la reparación de las culpas quedan para cuando el alma entra en el estado que llamamos Purgatorio. Con las indulgencias, todas esas penas y castigos son borradas hasta el día en que se las consigue. Para ello, en este Año Santo, quienes acudan en peregrinación a los lugares establecidos y lo hagan reuniendo los requisitos necesarios (confesarse para estar en Gracia, participar de la Misa y rezar por las intenciones del Papa), podrán alcanzar ese inmenso don.

Cuando concluía la celebración se leyó el decreto diocesano de convocatoria al Jubileo de la Misericordia, en el que el Obispo estableció como lugares de peregrinación para alcanzar las indulgencias los siguientes templos: la Catedral Basílica, la Gruta de la Virgen, el Santuario de San Roque en La Chacarita, el Oratorio de la Divina Misericordia del barrio 9 de Julio; la capilla del Señor de los Milagros en La Tercena (Fray Mamerto Esquiú), el Santuario de Nuestra Señora de Belén, el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Fiambalá (Tinogasta), la sede parroquial de Nuestra Señora del Valle en Icaño (La Paz) y el templo de la Divina Misericordia de Lavalle (Santa Rosa).
De este modo en la Diócesis de Catamarca comenzó el Año Santo que inauguró el Papa Francisco el 8 de diciembre, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María con la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Este acto en Catamarca se realizó el mismo día en que se abrió la Puerta Santa en todas las catedrales del mundo entero. Este tiempo especial de reconciliación y perdón se extenderá hasta el 20 de noviembre de 2016, Fiesta de Cristo Rey.