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19 abril 2026

Mons. Urbanč: “Cristo vivo debe ser el centro del hogar, permitiendo que su fuerza renueve el matrimonio y la educación de los hijos”

En la noche del sábado 18 de abril, último día del Septenario en honor de Nuestra Señora del Valle, rindieron su homenaje las familias, Pastoral Familiar y Movimiento Familiar Cristiano, Grávida, Renacer y Familiares de Víctimas de Accidentes de Tránsito Catamarca (Faviatca), y la Dirección de Familias de Fasta.

La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por Mons. Virginio Domingo Bressanelli (SCJ), obispo emérito de Neuquén; el padre Leandro Roldán, capellán mayor del Santuario Catedral; y los sacerdotes peregrinos de la Diócesis de Merlo-Moreno, Gustavo Esteche y Raúl Pereyra.

En su homilía, Mons. Urbanč dijo que “para iluminar la familia desde la Resurrección de Jesús debemos convertir el hogar en una ‘iglesia doméstica’ donde el amor, la esperanza y la alegría pascual vencen el rencor, la indiferencia y el egoísmo. Implica adoptar a Cristo vivo como el centro del hogar, permitiendo que su fuerza renueve las relaciones cotidianas, el matrimonio y la educación de los hijos”.

Seguidamente, propuso algunas pistas para vivir la Resurrección en familia: “*Transformar el hogar: Las familias deben ser ‘sepulcros vacíos’ que no conserven signos de muerte (violencia, desorden, egoísmo, falta de diálogo, rencores, consumismo, falta de oración), permitiendo que la misericordia de Jesús resucitado transforme el día a día. *Esperanza y Vida Nueva: que reconozcan que la victoria de Cristo sobre la muerte significa que no hay crisis familiar definitiva. Es posible volver a empezar, superar la frialdad y fortalecer el amor conyugal. *Cristo en el centro: la familia necesita orar, leer y meditar la Palabra de Dios y participar juntos de la vida eclesial, permitiendo que Jesús guíe las decisiones y la educación de los hijos. *Amor y servicio: que se inspiren en la Sagrada Familia para fomentar un amor que no controla, sino que respeta la libertad y busca el crecimiento personal de todos. *Testimonio de alegría: La Pascua es una invitación a ser ‘contagiadores de la alegría’ en un mundo marcado por el pecado, demostrando que Jesús está vivo”.

Tras reflexionar sobre las lecturas proclamadas, indicó que “el evangelio que escuchamos (Lc 24,13-35) corresponde a una de las apariciones del Resucitado más largamente narrada y por eso la más usada en la catequesis de la comunidad cristiana. La polifonía del relato exige una lectura pausada y sosegada para llegar hasta donde nos quiere llevar el autor. Es como si fuera la descripción de una Eucaristía en un proceso dinámico: primeramente, los peregrinos de Emaús, desconcertados, van escuchando la interpretación de las Escrituras en lo referente al Mesías. Es una catequesis de preparación para lo que viene a continuación. Bien podemos articular esta narración en torno a 2 escenas principales introducidas por la misma expresión: 1) Lc 24,15: "Y sucedió mientras conversaban..." (kai egéneto en tô homilein autois...); 2) Lc 24,30: "Y sucedió mientras se sentó a la mesa ..." (kai egéneto en tô kataklithenai auton...). Muchos ven que Lucas indica los momentos esenciales de la liturgia: la palabra y el sacramento, escucha de las Escrituras y liturgia eucarística”.

En otra parte de su predicación expresó: “¡Qué oportuno que las parejas cristianas se vean reflejadas en estos discípulos de Emaús, que sólo pueden recuperar el sentido de la vida, si permiten a Jesús caminar con ellos, escucharlo y pedirle que les ilumine sus vidas y su relación conyugal!”.

Hacia el final rogó a la Virgen del Valle que conceda a “nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios… Protege a todas las familias para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de sus hijos… Mira con compasión a las familias y guíalas continuamente a Jesús y, si caen, ayúdalas a levantarse, a volver a él, mediante la confesión de sus culpas y pecados en el sacramento de la penitencia que trae sosiego al alma y a fortalecerse con la Eucaristía”.

“Así, Madre de las Familias, con la paz de Dios en la conciencia, con sus corazones libres de mal y de odios, podrán llevar a todos la verdadera alegría y la paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos”, concluyó.

Los alumbrantes participaron guiando la celebración eucarística, proclamando la Palabra de Dios y acercando al altar las ofrendas particulares junto con los dones del pan y el vino.

Antes que el Obispo impartiera la bendición final, todos juntos se consagraron a la Santísima Virgen María en su advocación del Valle y la saludaron con el canto.

 

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA

Queridos devotos y peregrinos:

                                                                 En este séptimo día del septenario se nos propuso meditar acerca de la gracia que es la Virgen del Valle para todos los bautizados. Abramos nuestros corazones para acogerla.

            En esta Misa vespertina rinden su homenaje a la Madre Celestial las familias y los movimientos que acompañan a las familias.

            Ahora bien, para iluminar la familia desde la Resurrección de Jesús debemos convertir el hogar en una "iglesia doméstica" donde el amor, la esperanza y la alegría pascual vencen el rencor, la indiferencia y el egoísmo. Implica adoptar a Cristo vivo como el centro del hogar, permitiendo que su fuerza renueve las relaciones cotidianas, el matrimonio y la educación de los hijos. 

Propongo algunas pistas para vivir la Resurrección en familia:

*Transformar el hogar: Las familias deben ser "sepulcros vacíos" que no conserven signos de muerte (violencia, desorden, egoísmo, falta de diálogo, rencores, consumismo, falta de oración), permitiendo que la misericordia de Jesús resucitado transforme el día a día.

*Esperanza y Vida Nueva: que reconozcanque la victoria de Cristo sobre la muerte significa que no hay crisis familiar definitiva. Es posible volver a empezar, superar la frialdad y fortalecer el amor conyugal.

*Cristo en el Centro: la familia necesita orar, leer y meditar la Palabra de Dios y participar juntos de la vida eclesial, permitiendo que Jesús guíe las decisiones y la educación de los hijos.

*Amor y Servicio: que se inspiren en la Sagrada Familia para fomentar un amor que no controla, sino que respeta la libertad y busca el crecimiento personal de todos.

*Testimonio de Alegría: La Pascua es una invitación a ser "contagiadores de la alegría" en un mundo marcado por el pecado, demostrando que Jesús está vivo. 

El Amor de Cristo Resucitado debe ser el criterio para que la familia sea evangelizadora de la Iglesia doméstica, de manera que toda familia camine hacia Él. 

La primera lectura (Hch 2,14.22-33) nos presenta el prototipo del primer anuncio (kerygma) que los apóstoles proclamaban ante los judíos, y ante todos los hombres. Consistía en proponer al mundo la muerte en la cruz y la Resurrección de Jesús de Nazaret como el acontecimiento más importante de la historia de la salvación.

Este discurso está organizado en 3 partes: Invitación a escuchar: "Escuchen Israelitas" (v. 22a); Exposición del suceso fundamental: “Dios ha resucitado a Jesús el Nazareno” (v. 22b-24); Un apoyo o “testimonio de la Biblia”, que es el Sal 16,8-11 (vv. 25-28).

La respuesta de Dios a la muerte de Jesús, teniendo en cuenta ese designio divino, es la resurrección. Dios lo ha liberado de los “dolores de la muerte” (v. 24), como si fuera un parto. Así como en el parto la madre y el hijo sufren hasta que los 2 se abrazan en un misterio de vida nueva, de la misma manera, el dolor de la muerte de Jesús lleva al abrazo divino de la vida nueva del Crucificado. De la misma manera deberíamos leer e interpretar el misterio de nuestra propia muerte y la esperanza de nuestra propia resurrección. Morir para nosotros debería ser un parto que nos lleva a la vida nueva y verdadera. El discurso de Pedro se apoya (vv. 25-28) en el Sal 16 en el que se nos manifiesta un creyente que confía en Dios hasta pensar que no verá la corrupción.

Por ello, cuando se habla de la fuerza de la Palabra de Dios en los cristianos primitivos, esa fuerza no consistía en otra cosa que en la fuerza que tenía la misma muerte y resurrección de Jesús. Es una fuerza que cambia los corazones y, si cambia los corazones, cambia también la historia; porque en la muerte de Jesús, en la cruz, muerte ignominiosa de esclavos y revoltosos, se revela todo el amor de Dios por nosotros; y en la Resurrección se revela el poder de Dios sobre la muerte de Jesús y de la humanidad.

            La segunda lectura (1Pe 1,17-21) declara que nuestra esperanza está en Dios, e insiste con fuerza en el anuncio (kerigma) del misterio de la Pascua, o sea, de la muerte y la Resurrección de Jesús. Propone, que no es el oro y el poder lo que cambiará la historia, aunque muchos consideren que es lo que moviliza este mundo. El oro, el poder, las armas sólo traen la tragedia a nuestros pueblos. Pero en el misterio de la Pascua, que es el misterio del «sin poder», se abre todo a la esperanza y a la vida para siempre.

            El evangelio que escuchamos (Lc 24,13-35) corresponde a una de las apariciones del Resucitado más largamente narrada y por eso la más usada en la catequesis de la comunidad cristiana. La polifonía del relato exige una lectura pausada y sosegada para llegar hasta donde nos quiere llevar el autor. Es como si fuera la descripción de una Eucaristía en un proceso dinámico: primeramente, los peregrinos de Emaús, desconcertados, van escuchando la interpretación de las Escrituras en lo referente al Mesías. Es una catequesis de preparación para lo que viene a continuación. Bien podemos articular esta narración en torno a 2 escenas principales introducidas por la misma expresión: 1) Lc 24,15: "Y sucedió mientras conversaban..." (kai egéneto en tô homilein autois...); 2) Lc 24,30: "Y sucedió mientras se sentó a la mesa ..." (kai egéneto en tô kataklithenai auton...). Muchos ven que Lucas indica los momentos esenciales de la liturgia: la palabra y el sacramento, escucha de las Escrituras y liturgia eucarística.

La primera parte es en el camino. Desde la nostalgia solamente no es posible abrirse a la resurrección. No es la nostalgia la forma y manera de adentrarse en el anuncio pascual de que “el crucificado vive”. Mientras iban de camino, el Resucitado, les sale al encuentro sin que puedan reconocerlo. Sabemos que Lucas es un verdadero catequista del camino. Así entiende toda la vida de Jesús, y muy especialmente en su decisión irrevocable de ir a Jerusalén (Lc 9,51-19,24). Y enseña, a su vez, que el discipulado cristiano es un camino que se ha de recorrer con Jesús; no es un discipulado de tipo intelectual. Se aprende viviendo, caminando. Jesús toma su iniciativa: se hace un peregrino, un itinerante con ellos, que vienen de Jerusalén descreídos, desesperados y desencantados, porque ni siquiera han tomado en consideración lo que algunas mujeres ya decían. Y Él, sin que se lo pidan, hace el camino con ellos y les explica las Escrituras, porque ya no pueden vivir sin Él, sin su palabra de consuelo y de vida.

Pero, éstos, como buenos orientales, han dado hospitalidad a este peregrino desconocido que les ha interpretado las palabras de los profetas sobre la muerte y la resurrección de Jesús. Eso fue lo que tuvieron que hacer los primeros cristianos para explicarse y vivir espiritualmente la muerte y la resurrección de Jesús. Y entonces, en la casa, símbolo de una comunidad eucarística, Él, que aparecía como un hombre de paso, se constituye en el anfitrión de aquella celebración y lo «reconocen» en un gesto como el que pudo hacer en la noche de la última cena; podemos entender que parte el pan y lo reparte y beben de la copa. Así se cumple, pues, el sentido de las palabras de Jesús, en la tradición de Lucas y Pablo: "hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19c; 1Cor 11,24c). Lucas nos quiere enseñar que, aunque ellos como nosotros, no pudimos vivir con Jesús, ni conocerlo, sin embargo, en la Eucaristía es posible tener esta experiencia de vida. La Eucaristía, como memorial de la Muerte y la Resurrección de Cristo, es un misterio de liberación, que no se percibe con los ojos físicos, sino con los ojos de la fe, como lo da a entender el versículo final “y se decían el uno al otro: ¿no ardía nuestro corazón cuando por el camino nos hablaba y explicaba las Escrituras?

¡Qué oportuno que las parejas cristianas se vean reflejadas en estos discípulos de Emaús, que sólo pueden recuperar el sentido de la vida, si permiten a Jesús caminar con ellos, escucharlo y pedirle que les ilumine sus vidas y su relación conyugal!

 

Querida Virgen del Valle, Madre de Dios y Madre de la Iglesia. Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo: escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos, ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado. Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.

Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a todas las familias para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de sus hijos.

Esperanza nuestra, mira con compasión a las familias y guíalas continuamente a Jesús y, si caen, ayúdalas a levantarse, a volver a él, mediante la confesión de sus culpas y pecados en el sacramento de la penitencia que trae sosiego al alma y a fortalecerse con la Eucaristía.

Así, Madre de las Familias, con la paz de Dios en la conciencia, con sus corazones libres de mal y de odios, podrán llevar a todos la verdadera alegría y la paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

¡¡¡Viva la Virgen del Valle!!!   ¡¡¡Viva EL Beato Mamerto Esquiú!!!

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