En la noche del sábado 18 de abril, último día del Septenario en honor de Nuestra Señora del Valle, rindieron su homenaje las familias, Pastoral Familiar y Movimiento Familiar Cristiano, Grávida, Renacer y Familiares de Víctimas de Accidentes de Tránsito Catamarca (Faviatca), y la Dirección de Familias de Fasta.
La Santa Misa fue presidida
por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por Mons. Virginio
Domingo Bressanelli (SCJ), obispo emérito de Neuquén; el padre Leandro Roldán,
capellán mayor del Santuario Catedral; y los sacerdotes peregrinos de la
Diócesis de Merlo-Moreno, Gustavo Esteche y Raúl Pereyra.
En su homilía, Mons. Urbanč
dijo que “para iluminar la familia desde la Resurrección de Jesús debemos
convertir el hogar en una ‘iglesia doméstica’ donde el amor, la esperanza y la
alegría pascual vencen el rencor, la indiferencia y el egoísmo. Implica adoptar
a Cristo vivo como el centro del hogar, permitiendo que su fuerza renueve las
relaciones cotidianas, el matrimonio y la educación de los hijos”.
Seguidamente, propuso algunas
pistas para vivir la Resurrección en familia: “*Transformar el hogar: Las familias deben ser ‘sepulcros vacíos’ que
no conserven signos de muerte (violencia, desorden, egoísmo, falta de diálogo,
rencores, consumismo, falta de oración), permitiendo que la misericordia de
Jesús resucitado transforme el día a día. *Esperanza
y Vida Nueva: que reconozcan que la victoria de Cristo sobre la muerte
significa que no hay crisis familiar definitiva. Es posible volver a empezar,
superar la frialdad y fortalecer el amor conyugal. *Cristo en el centro: la familia necesita orar, leer y meditar la
Palabra de Dios y participar juntos de la vida eclesial, permitiendo que Jesús
guíe las decisiones y la educación de los hijos. *Amor y servicio: que se inspiren en la Sagrada Familia para
fomentar un amor que no controla, sino que respeta la libertad y busca el
crecimiento personal de todos. *Testimonio
de alegría: La Pascua es una invitación a ser ‘contagiadores de la alegría’
en un mundo marcado por el pecado, demostrando que Jesús está vivo”.
Tras reflexionar sobre las
lecturas proclamadas, indicó que “el evangelio que escuchamos (Lc 24,13-35)
corresponde a una de las apariciones del Resucitado más largamente narrada y
por eso la más usada en la catequesis de la comunidad cristiana. La polifonía
del relato exige una lectura pausada y sosegada para llegar hasta donde nos
quiere llevar el autor. Es como si fuera la descripción de una Eucaristía en un
proceso dinámico: primeramente, los peregrinos de Emaús, desconcertados, van
escuchando la interpretación de las Escrituras en lo referente al Mesías. Es
una catequesis de preparación para lo que viene a continuación. Bien podemos
articular esta narración en torno a 2 escenas principales introducidas por la
misma expresión: 1) Lc 24,15: "Y sucedió mientras conversaban..."
(kai egéneto en tô homilein autois...); 2) Lc 24,30: "Y sucedió mientras
se sentó a la mesa ..." (kai egéneto en tô kataklithenai auton...). Muchos
ven que Lucas indica los momentos esenciales de la liturgia: la palabra y el
sacramento, escucha de las Escrituras y liturgia eucarística”.
En otra parte de su
predicación expresó: “¡Qué oportuno que las parejas cristianas se vean
reflejadas en estos discípulos de Emaús, que sólo pueden recuperar el sentido
de la vida, si permiten a Jesús caminar con ellos, escucharlo y pedirle que les
ilumine sus vidas y su relación conyugal!”.
Hacia el final rogó a la
Virgen del Valle que conceda a “nuestros hogares la gracia de amar y de
respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu
seno la vida del Hijo de Dios… Protege a todas las familias para que estén
siempre muy unidas, y bendice la educación de sus hijos… Mira con compasión a
las familias y guíalas continuamente a Jesús y, si caen, ayúdalas a levantarse,
a volver a él, mediante la confesión de sus culpas y pecados en el sacramento
de la penitencia que trae sosiego al alma y a fortalecerse con la Eucaristía”.
“Así, Madre de las Familias,
con la paz de Dios en la conciencia, con sus corazones libres de mal y de
odios, podrán llevar a todos la verdadera alegría y la paz, que vienen de tu
Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos”, concluyó.
Los alumbrantes participaron guiando
la celebración eucarística, proclamando la Palabra de Dios y acercando al altar
las ofrendas particulares junto con los dones del pan y el vino.
Antes que el Obispo impartiera la bendición final, todos juntos se consagraron a la Santísima Virgen María en su advocación del Valle y la saludaron con el canto.
TEXTO
COMPLETO DE LA HOMILIA
Queridos
devotos y peregrinos:
En este séptimo día del septenario se nos
propuso meditar acerca de la gracia que es la Virgen del Valle para todos los
bautizados. Abramos nuestros corazones para acogerla.
En esta Misa vespertina rinden su
homenaje a la Madre Celestial las familias y los movimientos que acompañan a
las familias.
Ahora bien, para iluminar la familia
desde la Resurrección de Jesús debemos convertir el hogar en una
"iglesia doméstica" donde el amor, la esperanza y la alegría pascual
vencen el rencor, la indiferencia y el egoísmo. Implica adoptar a Cristo vivo
como el centro del hogar, permitiendo que su fuerza renueve las relaciones
cotidianas, el matrimonio y la educación de los hijos.
Propongo algunas pistas para vivir la
Resurrección en familia:
*Transformar el hogar: Las familias
deben ser "sepulcros vacíos" que no conserven signos de muerte
(violencia, desorden, egoísmo, falta de diálogo, rencores, consumismo, falta de
oración), permitiendo que la misericordia de Jesús resucitado transforme el día
a día.
*Esperanza y Vida Nueva: que
reconozcanque la victoria de Cristo sobre la muerte significa que no hay crisis
familiar definitiva. Es posible volver a empezar, superar la frialdad y
fortalecer el amor conyugal.
*Cristo en el Centro: la familia necesita
orar, leer y meditar la Palabra de Dios y participar juntos de la vida eclesial,
permitiendo que Jesús guíe las decisiones y la educación de los hijos.
*Amor y Servicio: que se inspiren
en la Sagrada Familia para fomentar un amor que no controla, sino que respeta
la libertad y busca el crecimiento personal de todos.
*Testimonio de Alegría: La
Pascua es una invitación a ser "contagiadores de la alegría" en un
mundo marcado por el pecado, demostrando que Jesús está vivo.
El Amor de Cristo Resucitado debe ser el
criterio para que la familia sea evangelizadora de la Iglesia doméstica,
de manera que toda familia camine hacia Él.
La primera lectura (Hch 2,14.22-33) nos
presenta el prototipo del primer anuncio (kerygma) que los apóstoles
proclamaban ante los judíos, y ante todos los hombres. Consistía en proponer al
mundo la muerte en la cruz y la Resurrección de Jesús de Nazaret como el
acontecimiento más importante de la historia de la salvación.
Este discurso está organizado en 3 partes:
Invitación a escuchar: "Escuchen Israelitas" (v. 22a);
Exposición del suceso fundamental: “Dios ha resucitado a Jesús el Nazareno”
(v. 22b-24); Un apoyo o “testimonio de la Biblia”, que es el Sal 16,8-11
(vv. 25-28).
La respuesta de Dios a la muerte de Jesús,
teniendo en cuenta ese designio divino, es la resurrección. Dios lo ha liberado
de los “dolores de la muerte” (v. 24), como si fuera un parto. Así como
en el parto la madre y el hijo sufren hasta que los 2 se abrazan en un misterio
de vida nueva, de la misma manera, el dolor de la muerte de Jesús lleva al
abrazo divino de la vida nueva del Crucificado. De la misma manera deberíamos
leer e interpretar el misterio de nuestra propia muerte y la esperanza de
nuestra propia resurrección. Morir para nosotros debería ser un parto que nos
lleva a la vida nueva y verdadera. El discurso de Pedro se apoya (vv. 25-28) en
el Sal 16 en el que se nos manifiesta un creyente que confía en Dios hasta
pensar que no verá la corrupción.
Por ello, cuando se habla de la fuerza de la Palabra
de Dios en los cristianos primitivos, esa fuerza no consistía en otra cosa que
en la fuerza que tenía la misma muerte y resurrección de Jesús. Es una fuerza
que cambia los corazones y, si cambia los corazones, cambia también la
historia; porque en la muerte de Jesús, en la cruz, muerte ignominiosa de
esclavos y revoltosos, se revela todo el amor de Dios por nosotros; y en la
Resurrección se revela el poder de Dios sobre la muerte de Jesús y de la
humanidad.
La segunda lectura (1Pe 1,17-21) declara
que nuestra esperanza está en Dios, e insiste con fuerza en el anuncio (kerigma)
del misterio de la Pascua, o sea, de la muerte y la Resurrección de Jesús.
Propone, que no es el oro y el poder lo que cambiará la historia, aunque muchos
consideren que es lo que moviliza este mundo. El oro, el poder, las armas sólo
traen la tragedia a nuestros pueblos. Pero en el misterio de la Pascua, que es
el misterio del «sin poder», se abre todo a la esperanza y a la vida para
siempre.
El evangelio que escuchamos (Lc
24,13-35) corresponde a una de las apariciones del Resucitado más largamente
narrada y por eso la más usada en la catequesis de la comunidad cristiana. La
polifonía del relato exige una lectura pausada y sosegada para llegar hasta
donde nos quiere llevar el autor. Es como si fuera la descripción de una Eucaristía
en un proceso dinámico: primeramente, los peregrinos de Emaús, desconcertados,
van escuchando la interpretación de las Escrituras en lo referente al Mesías.
Es una catequesis de preparación para lo que viene a continuación. Bien podemos
articular esta narración en torno a 2 escenas principales introducidas por la
misma expresión: 1) Lc 24,15: "Y sucedió mientras conversaban..."
(kai egéneto en tô homilein autois...); 2) Lc 24,30: "Y sucedió mientras
se sentó a la mesa ..." (kai egéneto en tô kataklithenai auton...). Muchos
ven que Lucas indica los momentos esenciales de la liturgia: la palabra y el
sacramento, escucha de las Escrituras y liturgia eucarística.
La primera parte es en el camino. Desde la
nostalgia solamente no es posible abrirse a la resurrección. No es la nostalgia
la forma y manera de adentrarse en el anuncio pascual de que “el crucificado
vive”. Mientras iban de camino, el Resucitado, les sale al encuentro sin que
puedan reconocerlo. Sabemos que Lucas es un verdadero catequista del camino.
Así entiende toda la vida de Jesús, y muy especialmente en su decisión
irrevocable de ir a Jerusalén (Lc 9,51-19,24). Y enseña, a su vez, que el
discipulado cristiano es un camino que se ha de recorrer con Jesús; no es un
discipulado de tipo intelectual. Se aprende viviendo, caminando. Jesús
toma su iniciativa: se hace un peregrino, un itinerante con ellos, que vienen
de Jerusalén descreídos, desesperados y desencantados, porque ni siquiera han
tomado en consideración lo que algunas mujeres ya decían. Y Él, sin que se lo
pidan, hace el camino con ellos y les explica las Escrituras, porque ya no
pueden vivir sin Él, sin su palabra de consuelo y de vida.
Pero, éstos, como buenos orientales, han dado
hospitalidad a este peregrino desconocido que les ha interpretado las palabras
de los profetas sobre la muerte y la resurrección de Jesús. Eso fue lo que
tuvieron que hacer los primeros cristianos para explicarse y vivir
espiritualmente la muerte y la resurrección de Jesús. Y entonces, en la casa,
símbolo de una comunidad eucarística, Él, que aparecía como un hombre de paso, se
constituye en el anfitrión de aquella celebración y lo «reconocen» en un gesto
como el que pudo hacer en la noche de la última cena; podemos entender que
parte el pan y lo reparte y beben de la copa. Así se cumple, pues, el sentido
de las palabras de Jesús, en la tradición de Lucas y Pablo: "hagan esto
en memoria mía" (Lc 22,19c; 1Cor 11,24c). Lucas nos quiere enseñar
que, aunque ellos como nosotros, no pudimos vivir con Jesús, ni conocerlo, sin
embargo, en la Eucaristía es posible tener esta experiencia de vida. La
Eucaristía, como memorial de la Muerte y la Resurrección de Cristo, es un
misterio de liberación, que no se percibe con los ojos físicos, sino con los
ojos de la fe, como lo da a entender el versículo final “y se decían el uno
al otro: ¿no ardía nuestro corazón cuando por el camino nos hablaba y explicaba
las Escrituras?”
¡Qué oportuno que las parejas cristianas se
vean reflejadas en estos discípulos de Emaús, que sólo pueden recuperar el
sentido de la vida, si permiten a Jesús caminar con ellos, escucharlo y pedirle
que les ilumine sus vidas y su relación conyugal!
Querida Virgen del Valle, Madre de Dios y Madre
de la Iglesia. Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo: escucha la oración que con filial
confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor
nuestro.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a
nuestros pueblos, ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena
fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Concede a nuestros hogares la gracia de amar y
de respetar la vida que comienza, con el mismo amor con el que concebiste en tu
seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso,
protege a todas las familias para que estén siempre muy unidas, y bendice la
educación de sus hijos.
Esperanza nuestra, mira con compasión a las
familias y guíalas continuamente a Jesús y, si caen, ayúdalas a levantarse, a
volver a él, mediante la confesión de sus culpas y pecados en el sacramento de
la penitencia que trae sosiego al alma y a fortalecerse con la Eucaristía.
Así, Madre de las Familias, con la paz de Dios
en la conciencia, con sus corazones libres de mal y de odios, podrán llevar a
todos la verdadera alegría y la paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor
Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los
siglos de los siglos. Amén.
¡¡¡Viva
la Virgen del Valle!!! ¡¡¡Viva EL Beato
Mamerto Esquiú!!!
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