En la noche del jueves 16 de abril, quinto día del Septenario en honor de Nuestra Señora del Valle, rindieron su homenaje autoridades y empleados del Ministerio de Cultura, Turismo y Deporte, Secretarías de Cultura, Turismo y Deporte, SADE, Junta de Estudios Históricos, Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Catamarca, SALAC, Damas Belgranianas, Instituto Sanmartiniano y de Cultura Hispánica, EVEA, Conservatorios de Música, Asociación de Folcloristas Unidos de Catamarca (AFUCA) y demás instituciones culturales y artísticas; hoteles, bares y restaurantes; clubes, asociaciones, Círculos y Federaciones del Deporte, Escuelas de Formación Deportiva y Pastoral de Turismo.
Las honras fueron tributadas
durante la Santa Misa presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y
concelebrada por Mons. Virginio Domingo Bressanelli (SCJ), obispo emérito de
Neuquén; el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral; y el padre
Arildo José Ferrari, sacerdote dehoniano (SCJ), quien se encuentra en Catamarca
junto con miembros de la congregación realizando actividades en el marco de
este Septenario.
Participaron de la ceremonia
litúrgica la secretaria de Gestión Cultural del Ministerio de Cultura, Turismo
y Deporte de la Provincia, Daiana Carolina Roldan; la secretaria de Gestión
Cultural, Laura Maubecín; la secretaria de Gestión Turística, Evangelina
Quarín; el secretario de Deportes y Recreación, Guillermo Perna; la presidenta
la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), Prof. Hilda García, entre otras
autoridades de instituciones culturales del medio.
Al comienzo de su homilía,
Mons. Urbanč dio la bienvenida a quienes trabajan en el ámbito de la cultura,
el deporte y el turismo, rogando “que el mensaje de la Palabra de Dios que
hemos escuchado cale profundamente en sus corazones”, dijo.
“El Espíritu Santo es el gran
protagonista de la Iglesia naciente. Más de dos mil años después sigue
urgiéndonos interiormente a ser testigos del Resucitado en nuestros contextos,
a llenar nuestras casas y ciudades con el anuncio del Evangelio”, afirmó,
agregando que “cuando hemos visto a Jesús resucitado en nuestras vidas y nos
hemos encontrado con su mirada misericordiosa que nos dice: ‘¡No tengan miedo!’,
ser testigos no es una imposición, sino una obediencia que urge desde nuestro
propio interior”.
Más adelante expresó que “Cristo
resucitado ofrece al mundo de la cultura, deporte y turismo un mensaje de
esperanza, renovación y victoria sobre la muerte. Invita a superar la cultura
de la muerte, la inmediatez y el egoísmo, promoviendo valores de amor,
solidaridad y trascendencia, dando un nuevo propósito a la actividad humana”.
“El Resucitado transforma la
cultura al infundirle sentido de eternidad, transformando el arte y la
expresión humana de la mera inmanencia hacia la esperanza y la vida nueva.
Invita a una cultura de vida y trascendencia”, manifestó.
Asimismo, indicó que “para el
deporte, el Resucitado representa la superación, la victoria sobre la
fragilidad humana y la importancia del trabajo en equipo (comunidad). El cuerpo
es valorado como templo del Espíritu Santo, no solo como objeto de rendimiento
y de competición”.
“Y al turismo -continuó- le ofrece
una visión del viaje como peregrinación, un encuentro con la creación, la
historia y la necesidad de descanso y renovación espiritual, encontrando a Dios
en el encuentro con el otro y en la belleza del mundo. En resumen, la
resurrección ayuda a ver cada ámbito de la vida como un lugar donde construir
el Reino de Dios”.
Dirigiéndose a la Madre rogó:
“Querida Virgen del Valle, Madre amada y Patrona Nacional del Turismo, a ti
elevamos nuestra oración. Enséñanos a descubrir las caricias de Dios en el
suelo, el agua y las montañas. Ayúdanos a encontrar rostros de hermanos en cada
viaje, transformando el turismo en un puente de diálogo, hospitalidad y paz
entre las culturas”.
“Te pedimos protección y
orientación para que nuestros esfuerzos físicos, entrenamientos y competencias
sean ocasión de encuentro y diálogo, superando barreras de lengua y raza, y
contribuyendo a la solidaridad humana. Y que cada expresión artística y
cultural fomente la belleza, la verdad y el encuentro con el Dios de la Vida,
uniendo a los pueblos en el amor y la esperanza. Madre del Valle, te pedimos
que bendigas estas actividades, para que sean reflejo de Cristo Resucitado y
nos ayuden a construir juntos la nueva civilización del amor”, imploró.
En el momento del ofertorio,
los alumbrantes acercaron sus ofrendas particulares junto con los dones del pan
y el vino.
Antes de la bendición final, todos juntos alabaron a la Virgen María con el canto del Regina Coeli y se consagraron a Ella.
TEXTO
COMPLETO DE LA HOMILÍA
Queridos
devotos y peregrinos:
Para este quinto día del septenario se nos
propuso ver en María la imagen de la Iglesia que reza. Espero que todos
salgamos convencidos de esto y lo pongamos en práctica.
En esta Misa vespertina rinden su
homenaje a la Madre Celestial quienes trabajan en el ámbito de la cultura, el
deporte y el turismo. Bienvenidos a esta celebración y que el mensaje de la
Palabra de Dios que hemos escuchado cale profundamente en sus corazones.
El Espíritu Santo es el gran
protagonista de la Iglesia naciente. Más de dos mil años después sigue
urgiéndonos interiormente a ser testigos del Resucitado en nuestros contextos,
a llenar nuestras casas y ciudades con el anuncio del Evangelio.
La experiencia de la Pascua nos obliga. No es
una obediencia a un mandato exterior e impuesto, sino que, tras el encuentro con
Jesús muerto y resucitado, la alianza ha sido inscrita en nuestros corazones.
Por eso dicen, con razón, los apóstoles, que «Hay que obedecer a Dios antes
que a los hombres» (Hch 5,29). No se trata de una rebeldía antisistema,
sino de una transformación interior tan real y concreta que cambia nuestras
prioridades y nuestra lógica mundana.
Cuando hemos visto a Jesús resucitado en
nuestras vidas y nos hemos encontrado con su mirada misericordiosa que nos
dice: ¡No tengan miedo!, ser testigos no es una imposición, sino una
obediencia que urge desde nuestro propio interior. No es un pulso entre la
fidelidad a los poderes de este mundo o a Dios, sino que la fuerza del Espíritu
Santo se hace tan real que sus mandatos son insoslayables haciendo que los
criterios humanos pasen a un segundo plano.
Cuidado con que, con nuestro modo de pensar y
obrar, le estemos dando la razón a Jesús, cuando nos acaba de decir: “El que
es de la tierra, pertenece a la tierra y habla de la tierra” (Jn 3,31b),
sería muy lamentable, y, peor, si nos sentimos cómodos así.
Si en la primera lectura encontramos la llamada
interior que nos lleva a dar testimonio, incluso cuando nos pueda acarrear
persecución, el Evangelio nos ofrece el ejemplo concreto de Juan el Bautista
que, como sabemos asumió la muerte por predicar la Verdad y se sometió a Dios
antes que a los poderes de este mundo.
«El
que es de la tierra, pertenece a la tierra y habla de la tierra» pero
nosotros, al haber sido insertado en Cristo, hemos sido hechos criaturas
nuevas, y estamos llamados a hablar con nuestra existencia del Cielo: ¡hemos
resucitado con Cristo! Nuestras vidas deben hablar y anhelar el Cielo. «De
lo que ha visto y oído da testimonio» (Jn 3,32). No nos lo han contado, no
es un discurso aprendido que debamos repetir. Nos urge dar testimonio de
aquellas maravillas que hemos visto a Dios hacer en nuestras vidas. Creemos en
el Hijo y, por tanto, poseemos la Vida Eterna y, al mismo tiempo, somos
testimonio para el mundo.
Hemos sido enviados a anunciar el mensaje de
Dios, somos una Palabra de Dios para nuestra generación, pues, también a
nosotros, Dios nos ha dado su Espíritu sin medida. ¡No cometamos la torpeza de
digitar al Espíritu Santo! Por el contrario, que se note que “somos testigos
del Resucitado y del Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen”
(Hch 5,32).
En plena celebración de la Pascua, se nos
invita, una vez más, a vivir como hijos resucitados. La experiencia Pascual
tiene directas y concretas consecuencias en cada uno de nosotros. No es un
recuerdo de algo que en nada afecta a nuestras vidas, sino que, en realidad,
nos cambia del todo, pues hemos pasado de la muerte a la vida. ¿Se nota?
Cristo resucitado ofrece al mundo de
la cultura, deporte y turismo un mensaje de esperanza, renovación y
victoria sobre la muerte. Invita a superar la cultura de la muerte, la
inmediatez y el egoísmo, promoviendo valores de amor, solidaridad y
trascendencia, dando un nuevo propósito a la actividad humana.
El Resucitado transforma la cultura al
infundirle sentido de eternidad, transformando el arte y la expresión humana de
la mera inmanencia hacia la esperanza y la vida nueva. Invita a una cultura de
vida y trascendencia.
Para el deporte, el Resucitado representa la
superación, la victoria sobre la fragilidad humana y la importancia del trabajo
en equipo (comunidad). El cuerpo es valorado como templo del Espíritu Santo, no
solo como objeto de rendimiento y de competición.
Y al turismo le frece una visión del
viaje como peregrinación, un encuentro con la creación, la historia y la
necesidad de descanso y renovación espiritual, encontrando a Dios en el
encuentro con el otro y en la belleza del mundo.
En resumen, la resurrección ayuda a ver cada
ámbito de la vida como un lugar donde construir el Reino de Dios.
Querida Virgen del Valle, Madre amada y Patrona
Nacional del Turismo, a ti elevamos nuestra oración.
Enséñanos a descubrir las caricias de Dios en
el suelo, el agua y las montañas. Ayúdanos a encontrar rostros de hermanos en
cada viaje, transformando el turismo en un puente de diálogo, hospitalidad y
paz entre las culturas.
Te pedimos protección y orientación para que
nuestros esfuerzos físicos, entrenamientos y competencias sean ocasión de encuentro
y diálogo, superando barreras de lengua y raza, y contribuyendo a la
solidaridad humana.
Y que cada expresión artística y cultural
fomente la belleza, la verdad y el encuentro con el Dios de la Vida, uniendo a
los pueblos en el amor y la esperanza.
Madre del Valle, te pedimos que bendigas estas actividades, para que sean reflejo de Cristo Resucitado y nos ayuden a construir juntos la nueva civilización del amor. Amén.
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