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18 abril 2026

Mons. Urbanč a los jóvenes: “Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén”

Durante la noche del viernes 17 de abril, sexto día del Septenario en honor de Nuestra Señora del Valle, rindieron su homenaje la Pastoral de Juventud Diocesana, Movimiento Ruca del Valle-FASTA, Movimiento Círculos de Juventud-Eslabón, Jóvenes Franciscanos del Colegio Padre Ramón de la Quintana, Palestra con sus comunidades Consuelo, San Nicolás de Bari, Nuestra Señora de Guadalupe, Saulito, Valle Viejo Joven, Beato Mamerto Esquiú y Jóvenes Adultos “Tito”; Movimiento de la Palabra de Dios, Renovación Carismática, Enfoca2 en Cristo, Talitha  Joven y Fuego Santo; Centro Juvenil “El Cielo no puede esperar”, Centro Juvenil María Auxiliadora, Grupo Juvenil Amigos de Carlo Acutis; Servidores Marianos, Comunicadores de María; Pastoral de Jóvenes de los colegios dependientes del Obispado: Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora del Valle, Virgen Niña, Juan Pablo ll, Clorinda Orellana Herrera, Inmaculada Concepción, Sor Pierina, Instituto Superior San Pío X e Instituto Superior Fray Mamerto Esquiú, y miembros de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por Mons. Virginio Domingo Bressanelli (SCJ), obispo emérito de Neuquén; el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral; y los sacerdotes peregrinos de la Diócesis de Merlo-Moreno, Gustavo Esteche y Raúl Pereyra.

Al comienzo de su homilía, luego de presentar al Obispo y a los presbíteros visitantes, Mons. Urbanč hizo alusión a la maqueta háptica donada por la comunidad sirio-libanesa, que sirve para ayudar a los ciegos a orientarse en la planimetría del Santuario; también destacó la presencia de la Cruz del NOA que viene peregrinando por distintas diócesis y que llegó en este día a Catamarca, la cual fue ingresada por él en procesión al comienzo de la ceremonia litúrgica; asimismo mencionó la llegada de la peregrinación de más de 100 jóvenes del Hogar de Cristo de Santiago del Estero.

Luego se dirigió a los jóvenes afirmando que “nuestra esperanza es Jesús. Es Él, quien suscita en ustedes el deseo de hacer de sus vidas algo grande, para mejorar a ustedes mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna. Manténganse unidos a Él, permanezcan en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente, la caridad generosa, como han enseñado los santos jóvenes Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis. Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor”.

“Cuando contemplamos el misterio de la Resurrección, el primer efecto que causa es que experimentamos un gran consuelo y una gran alegría. Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia Él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo puede funcionar del mismo modo sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos… Y de este modo, junto al olvido de Dios existe como un «boom» de lo religioso”, manifestó, agregando: “Que quede claro que no pretendo denostar todo lo que sucede en este contexto, ya que puede darse una alegría sincera en esta experiencia. No obstante, exagerando un poco, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se elige aquello que da placer, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la «medida de cada uno», ‘a la carta’, al final no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte”.

 

Buscar la verdadera estrella que indica el camino: Jesucristo

En este contexto, llamó a los jóvenes a que “ayuden a los demás a descubrir la verdadera estrella que indica el camino: ¡Jesucristo! Traten ustedes mismos de conocerlo siempre mejor para poder guiar, de modo convincente, a los demás hacia Él. Por esto, es tan importante el amor a la Sagrada Escritura y conocer la fe de la Iglesia que nos enseña el sentido de la Escritura. Es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia en su fe creciente y la ha hecho y hace penetrar, cada vez más, en las profundidades de la verdad (cf. Jn 16,13)”.

Asimismo, los exhortó a que “¡Construyan comunidades basadas en la fe! ... Busquen la comunión en la fe como compañeros de camino, que reproducen la escena de los discípulos que volvían a Emaús (Lc 24,13-35). Sean un ‘Jesús resucitado’ para los demás. La espontaneidad de las nuevas comunidades es importante, pero es asimismo importante conservar la comunión con el Papa, los Obispos y Presbíteros. Son ellos los que garantizan que no se están errados en sus búsquedas, y que están viviendo en aquella gran familia de Dios que el Señor ha fundado con los doce Apóstoles”.

También enfatizó que “sin oración, sin contemplación, sin vida interior, queridos jóvenes, el cristianismo se convierte en un mero hecho cultural, nuestros cultos en meras tradiciones y nuestro servicio a los pobres en pura filantropía. El núcleo del cristianismo es mucho más que unas imágenes o el mero recuerdo de la vida de Jesús. El corazón del cristianismo no es rememorar una historia, sino un acontecimiento actual, una persona viva, el Hijo de Dios, encarnado hace 2026 años para nuestra salvación, que se deja clavar en una Cruz y que, después de su resurrección, sube al cielo y está sentado a la derecha del Padre, siempre vivo para interceder por nosotros, para tener una relación íntima, personal, cálida y amistosa con nosotros, que se convierte en fuente de paz, de sentido, de equilibrio, de esperanza, de dinamismo y de alegría porque transforma  de verdad nuestra vida desde dentro”.

Hacia el final rogó a la Madre del Valle “por los jóvenes para que con audacia se hagan cargo de la propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre... Que sean entusiastas testigos de la Resurrección de Jesucristo y sepan reconocerlo vivo junto a ellos, anunciando con gozo su misericordia y su fidelidad”.

También pidió “por los jóvenes que están pasando por momentos difíciles, que se sienten solos y sin esperanza. Protege a aquellos que luchan contra la adicción y la drogadicción, que buscan encontrar su camino y superar sus desafíos. Ayuda a aquellos que sufren de problemas de salud mental, que necesitan encontrar paz y tranquilidad en medio de la tormenta. Guíalos hacia la fe y la esperanza, y ayúdales a descubrir su propósito y su vocación”.

En el momento del ofertorio, los alumbrantes acercaron al altar elementos que serán destinados a la atención de los hermanos peregrinos, junto con los dones del pan y del vino.

Antes de la bendición final, se consagraron a Nuestra Madre Santísima del Valle.

#FiestasVirgenDelValle2026

#VirgenDelValleCatamarca

 

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA

Queridos devotos y peregrinos:

 Hoy se nos propuso internalizar que cada vocación es un don de Dios para la comunidad. Recemos por la santificación, perseverancia y el aumento de las vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras.

Hoy rinden su homenaje a la Virgen del Valle los jóvenes. Que la Madre del Cielo los cobije bajo su manto de ternura y esperanza.

Queridos jóvenes, nuestra esperanza es Jesús. Es Él, quien suscita en ustedes el deseo de hacer de sus vidas algo grande, para mejorar a ustedes mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna. Manténganse unidos a Él, permanezcan en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente, la caridad generosa, como han enseñado los santos jóvenes  b  Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis. Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor.

Cuando contemplamos el misterio de la Resurrección, el primer efecto que causa es que experimentamos un gran consuelo y una gran alegría. Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia Él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo puede funcionar del mismo modo sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Ciertamente no. Y de este modo, junto al olvido de Dios existe como un «boom» de lo religioso. Que quede claro que no pretendo denostar todo lo que sucede en este contexto, ya que puede darse una alegría sincera en esta experiencia. No obstante, exagerando un poco, la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se elige aquello que da placer, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la «medida de cada uno», “a la carta”, al final no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte. Por eso, queridos jóvenes ayuden a los demás a descubrir la verdadera estrella que indica el camino: ¡Jesucristo! Traten ustedes mismos de conocerlo siempre mejor para poder guiar, de modo convincente, a los demás hacia Él. Por esto, es tan importante el amor a la Sagrada Escritura y conocer la fe de la Iglesia que nos enseña el sentido de la Escritura. Es el Espíritu Santo el que guía a la Iglesia en su fe creciente y la ha hecho y hace penetrar, cada vez más, en las profundidades de la verdad (cf. Jn 16,13). 

 ¡Construyan comunidades basadas en la fe! En los últimos decenios han nacido movimientos y comunidades en los cuales la fuerza del Evangelio se deja sentir con vivacidad. Busquen la comunión en la fe como compañeros de camino, que reproducen la escena de los discípulos que volvían a Emaús (Lc 24,13-35). Sean un ‘Jesús resucitado’ para los demás. La espontaneidad de las nuevas comunidades es importante, pero es asimismo importante conservar la comunión con el Papa, los Obispos y Presbíteros. Son ellos los que garantizan que no se están errados en sus búsquedas, y que están viviendo en aquella gran familia de Dios que el Señor ha fundado con los doce Apóstoles.       Sin oración, sin contemplación, sin vida interior, queridos jóvenes, el cristianismo se convierte en un mero hecho cultural, nuestros cultos en meras tradiciones y nuestro servicio a los pobres en pura filantropía. El núcleo del cristianismo es mucho más que unas imágenes o el mero recuerdo de la vida de Jesús. El corazón del cristianismo no es rememorar una historia, sino un acontecimiento actual, una persona viva, el Hijo de Dios, encarnado hace 2026 años para nuestra salvación, que se deja clavar en una Cruz y que, después de su resurrección, sube al cielo y está sentado a la derecha del Padre, siempre vivo para interceder por nosotros, para tener una relación íntima, personal, cálida y amistosa con nosotros, que se convierte en fuente de paz, de sentido, de equilibrio, de esperanza, de dinamismo y de alegría porque transforma  de verdad nuestra vida desde dentro.

El texto de la primera lectura pertenece a la llamada sección del “nombre” (Hch 3-5), en la que los apóstoles dan testimonio y hacen signos, como la curación del tullido en el templo (Hch 3,1-10), “en el nombre de Jesús”. Con esta expresión “el nombre”, un semita se refiere a la realidad de la persona, por lo que podríamos decir que los doce dan testimonio y hacen signos, como si los hiciera el mismo Jesús. Todo esto los lleva a un conflicto con las autoridades que los hará comparecer ante el Sanedrín (Hch 5,17-42).

En este contexto toma la palabra, Gamaliel, doctor de la ley, fariseo y respetado por el pueblo. Gamaliel recuerda dos movimientos mesiánicos fallidos: el de Teudas y el de Judas el Galileo. Ambos reunieron seguidores, pero cuando murieron sus movimientos desaparecieron. A la luz de ambos, hace una conclusión que implicará prudencia con el nuevo movimiento religioso nacido en torno a Jesús de Nazaret: “En el caso presente, les digo: no se metan con esos hombres; suéltenlos. Si su actividad es cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograrán destruirlos, y se expondrían a luchar contra Dios” (Hch 5,38-39). Por eso, queridos jóvenes, no tengan miedo de vivir  la fe y anunciar a Jesús, porque nadie podrá destruirlos.

Esta expresión tan contundente hará que el resto de los miembros del Sanedrín le den la razón. Aunque, antes de soltar a los apóstoles, estos no se librarán de los azotes, y son advertidos de no hablar más en nombre de Jesús. El autor nos relata que salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre y que siguieron enseñando en el templo y en las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús, ya que eran muy conscientes que “había que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29).

Hoy, y toda la semana que viene, vamos a meditar el capítulo 6 de san Juan, donde se destaca la gran enseñanza del Pan de Vida (Jn 6,22-59), sirviendo el signo de los panes como punto de partida para revelar la identidad de Jesús. Este milagro es el único que aparece en los 4 evangelios (Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,10-17; Jn 6,1-15) lo que indica la importancia de la tradición del signo.

Jesús realiza este signo en el contexto de la Pascua judía, pero Jesús no quiere hacer un signo sin contar con sus discípulos y pregunta a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?” (Jn 6,5). Felipe hace sus cálculos, pero Jesús acogerá la propuesta hecha por Andrés que menciona al chico de los 5 panes de cebada y 2 pescados.

El Maestro, partiendo de esa pobre realidad, realiza el signo dando gracias y repartiendo, verbos que recuerdan claramente la Eucaristía. De lo que va apareciendo en lo cestos, no sólo comen todos, sino que sobra y se recoge en 12 canastos, número simbólico en la Biblia, que evoca las doce tribus de Israel o la plenitud del pueblo de Dios. El signo muestra que el don de Jesús parte de lo insignificante, como son 5 panes y 2 pescados (hermoso símbolo de los pocos jóvenes deseosos de participar en la misión de la Iglesia), para multiplicarlo hasta transformarlo en don que se derrocha, generando sobreabundancia.

A la luz del texto, podemos preguntarnos: ¿Ofrecemos a Jesús nuestros dones para que, en el servicio del Reino, Él los multiplique? ¿Cómo vivimos la Eucaristía? ¿Ilumina nuestra vida para que nos partamos y repartamos sirviendo a los hermanos?

Oh, María, Madre de Dios y Madre nuestra, te pedimos por los jóvenes para que con audacia se hagan cargo de la propia vida, vean las cosas más hermosas y profundas y conserven siempre el corazón libre. Que busquen ser acompañados por guías sabios y generosos, para que puedan responder a la vocación que Dios tiene pensada para cada uno de ellos, la asuman como propio proyecto de vida y alcancen la felicidad. Mantén abiertos sus corazones a los grandes sueños y haz que estén atentos al bien de los hermanos. Que sean entusiastas testigos de la Resurrección de Jesucristo y sepan reconocerlo vivo junto a ellos, anunciando con gozo su Misericordia y su Fidelidad.

Te pedimos que intercedas, sobre todo, por los jóvenes que están pasando por momentos difíciles, que se sienten solos y sin esperanza. Protege a aquellos que luchan contra la adicción y la drogadicción, que buscan encontrar su camino y superar sus desafíos. Ayuda a aquellos que sufren de problemas de salud mental, que necesitan encontrar paz y tranquilidad en medio de la tormenta. Guíalos hacia la fe y la esperanza, y ayúdales a descubrir su propósito y su vocación. Protege a aquellos que están expuestos a tentaciones y peligros y ayúdalos a tomar decisiones sabias y responsables. Enséñales a buscar la verdad y a ser sinceros; a poner su confianza en Dios y a trabajar con empeño, para que sean alegres y creíbles testigos del Evangelio en el hoy de la historia. Acompáñalos para que conozcan el amor verdadero y eduquen con libertad y responsabilidad sus afectos.

Oh, María, Madre de la Iglesia, intercede por nosotros y por los jóvenes que necesitan tu ayuda. Amén

¡¡¡Viva la Virgen del Valle!!!   ¡¡¡Viva el Beato Mamerto Esquiú!!!

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