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lunes

Emotiva ceremonia de consagración del altar y dedicación del templo en Sumalao

Durante la mañana del domingo 23 de julio, el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, consagró el altar, bendijo el ambón y dedicó el templo remodelado de Nuestra Señora del Rosario, ubicado en Sumalao, departamento Valle Viejo, perteneciente a la parroquia de San Isidro Labrador.
La misa fue concelebrada por el párroco, Pbro. Juan Ramón Cabrera, y el Pbro. Carlos Robledo, párroco de Fiambalá, quien arribó especialmente para compartir este momento tan emotivo para la comunidad donde trabajó pastoralmente hace unos años atrás.
Una gran cantidad de fieles colmó la capilla para dar gracias a Dios por haber culminado el trabajo de varios años.
En el inicio de la celebración, se leyó el decreto correspondiente y el Pastor Diocesano bendijo con agua el templo y a todas las personas presentes.

Luego de la bendición del ambón, se proclamaron las lecturas y, posteriormente, Mons. Urbanc comenzó su homilía expresando: “Queridos hermanos, algo que fue un sueño ya es una realidad, al tener este templo totalmente renovado en Sumalao. Quiero felicitar a las personas que han cooperado con el esfuerzo de toda la comunidad para que podamos celebrar hoy este acontecimiento”.
Asimismo, explicó que “tener un templo es algo muy importante, porque es el lugar de oración”. Por ello “agradecemos a la Santísima Virgen María, en su advocación del Rosario, que Ella esté protegiendo a este sector de la parroquia de San Isidro en Sumalao”, manifestó.
Seguidamente, se refirió al sentido de la ceremonia, indicando que “a este templo hoy lo vamos a dedicar, eso significa que va a estar dedicado sólo para el culto, no para otra cosa. Hay en las paredes cuatro cruces que nos van a recordar que el templo está consagrado, las voy a ungir, como también voy a ungir el altar con el Santo Crisma. De esta forma el altar representa a Jesucristo. Espero que cada año, celebren la Misa, el 23 de julio, recordando esta dedicación. Qué lindo sería que los niños de la catequesis, cuando vengan, encuentren a su catequista rezando frente a Jesús Eucaristía, que puedan ver cómo la catequista verdaderamente ama
y está unida a Jesús, cómo tiene una gran fe. Ahí sí, los niños van a tener ganas de recibir a Jesús en la Eucaristía”. Y exhortó a los fieles a que “vengan permanentemente a este templo a rezar y lo cuiden”.
También invitó a todos los presentes “a hacer reparación en esta celebración por los daños que causan algunos hermanos a las imágenes de culto. Tenemos que rezar por ellos, y no les quepa la menor duda que María, quien estuvo firme a los pies de la cruz, ama incondicionalmente a los que la atacan, la maltratan, Ella es especialmente Madre de ellos. Y si queremos ser fieles a Ella tenemos que cuidar de esos hermanos”.
Pidió a Nuestra Señora del Rosario, “que nos dé la gracia de que en esta capilla, todos los días, en algún momento de la jornada, se pueda rezar el Santo Rosario”.
Por último, felicitó a las catequistas por el trabajo que realizaron, y les pidió que “no se cansen, sigan e incluyan a más gente”, dijo Mons. Urbanc.
A continuación, se realizó el canto de las Letanías de todos los Santos, que la asamblea acompañó de rodillas, y la unción del altar y de las cruces ubicadas en las paredes, con el óleo sagrado. A este rito le siguió la quema de incienso en el altar, que llenó de perfume el templo.
Las catequistas que trabajaron para la recuperación del templo.
Una vez culminado el rito de la unción, miembros de la comunidad vistieron el altar con manteles, flores y velas. La consagración propiamente dicha se realizó en el momento de la consagración de la Eucaristía, y una gran columna se formó para participar de la comunión.
Antes de impartir la bendición final, el Obispo bendijo el Sagrario y entregó las llaves al párroco para que custodie la Sagrada Eucaristía.
Finalmente, una catequista dirigió unas palabras de agradecimiento, tras lo cual los celebrantes y todos los presentes firmaron el acta y se despidieron cantando.

Con esta verdadera fiesta de la fe, la comunidad de Sumalao vio coronado el esfuerzo de tres años, bajo el impulso de un entusiasta grupo de catequistas, que se puso manos a la obra para recuperar este lugar de encuentro con Dios y los hermanos.