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sábado

Reflexión del Obispo sobre el Evangelio del domingo

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Jesús propuso esta parábola a la gente: -«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña.
Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”
Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: «¿Quieres que vayamos a recogerla?
Pero él les respondió: «No, que, al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: <>
Sus discípulos le dijeron: -«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: -«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».    Palabra del Señor.

Meditación

Una característica notable de la parábola del trigo y la cizaña radica en lo fácil que es pasar por alto el equilibrio y la madurez de los criados. Si hubieran sido criados inmaduros, tercos o desequilibrados la parábola pudiera haber terminado de esta manera: Y los criados del amo fueron y le dijeron “Maestro, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Qué paso?” Él respondió: “Un enemigo ha hecho esto.” Los criados le dijeron: “Entonces, ¿quieres que vayamos y la recojamos?” Pero él respondió: “No, ya que pudieran al recoger la cizaña arrancar también el trigo.” Entonces uno de los criados respondió: “No Maestro. Yo sé exactamente la diferencia entre el trigo y la cizaña.” Y el criado salió y comenzó a arrancar las malas hierbas pero resultó como lo había dicho el Señor. Terminó arrancando el trigo con la cizaña. Resultado de la parábola totalmente diferente.
Muchos cristianos hoy actuamos con exceso de celo así como los criados que no podían tolerar las malas hierbas. En nuestro afán de servir a Dios dirigimos cruzadas en contra de aquellos que percibimos como “malos” con la intención de limpiar la iglesia, la nación o el mundo. Al final descubrimos que hemos cometido grandes errores. Cabe preguntarnos, ¿por qué el dueño de la tierra se resiste a que se saquen las malezas? Podemos pensar en dos razones. En primer lugar, el maestro sabía que el trigo podría sobrevivir a pesar de la presencia de las malas hierbas. Las malas hierbas pueden incomodar al trigo temporalmente, pero no ahogarla a muerte o hacerse cargo de la siembra. En segundo lugar, y esto es crucial, sabía lo difícil que es distinguir entre el trigo y la cizaña. Ellos se parecen tanto. Sólo en época de cosecha podían distinguirse con certeza por sus frutos. Si fuera posible distinguir con exactitud las malas hierbas del trigo probablemente no habría impedido que ellos las arrancaran. Pero él les impedía por éste motivo: “no, que al arrancar la cizaña, podrían arrancar también el trigo.” Jesús, entonces, pasó a explicar la parábola con sencillez asombrosa. Todos tenemos nuestras ideas sobre los que son los buenos y los que son los malos; sin embargo, nuestros pensamientos podrían estar equivocados. Los siervos fieles son aquellos que reconocen esta posibilidad de que podrían estar equivocados y así se preparan para suspender el juicio y la acción. La intolerancia, el deseo de deshacerse de la gente mala que nos rodea, y el fanatismo no nos deja ver que Dios “hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. “
Para los que podemos ser intolerantes, arrogantes y poseedores de la verdad absoluta, el mensaje del evangelio de hoy es fuerte y claro: si quieres ser un fiel siervo de Dios debes estar preparado para dar cabida a aquellos que percibimos como malos. Debemos prestar atención a las palabras del Maestro: “Déjenlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y átenlo en gavillas para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero.” Esta es la función de Dios y no la nuestra.

Mons. Luis Urbanc