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lunes

Peregrinación a Capayán en el cierre del Año Paulino




El sábado 27 de junio, la localidad de San Pablo, en el departamento Capayán, se convirtió en el epicentro donde convergió una importante cantidad de bautizados que peregrinó hasta el templo dedicado a San Nicolás de Bari, para participar de una de las actividades de cierre del Año Paulino en la Diócesis de Catamarca.
La caravana vehicular partió desde el Paseo de la Fe, en la ciudad capital, recorriendo ruta nacional 38 y el camino interno que conduce a la localidad capayense, donde su comunidad vistió las mejores galas para vivir este acontecimiento histórico.
El pequeño templo, que data del siglo pasado, y cuyo fundador fue el Pbro. L. Justiniano Salas, albergó a los peregrinos llegados de distintos puntos de la ciudad capital y de departamentos del Valle Central, para asistir a la celebración eucarística, presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el Párroco de Capayán, Pbro. Moisés Pachado; el delegado Episcopal para la Animación Bíblica de la Pastoral, Pbro. Oscar Tapia, entre otros sacerdotes de la diócesis.

De perseguidor a seguidor
Durante su homilía, Mons. Luis Urbanč resaltó el año de gracia que se vivió en torno a la figura de Pablo, a dos mil años de su nacimiento, destacando del apóstol “su humildad, su experiencia de fe que nos ha transmitido, esa experiencia viva de Jesús”, que le permitió convertirse de perseguidor en seguidor de Cristo. “Pablo era un perseguidor de los cristianos, orgulloso y altanero, pero se encontró con Jesús, quien le salió al encuentro”, y eso modificó esencialmente su vida, dedicada a la búsqueda de la verdad.
Mons. Urbanč comentó que “Pablo mandó a mucha gente a la muerte”, entre ellos al diácono Esteban; y cómo este hecho “sirvió para la conversión de Pablo, porque toda sangre derramada por amor sirve para la conversión del mundo. Sirvió para que se convierta de perseguidor en anunciador de Cristo”.
Asimismo, enfatizó que “junto con Pedro, tenemos en estos dos hombres a las columnas de la Iglesia”.

Tenemos que ser servidores
“Pablo -apuntó- llegó a entender el servicio, que tenemos que ser servidores. Servir es dar la vida sin esperar nada a cambio, sólo el amor de Dios, el amor que es imperecedero. Y el que reflexionó profundamente en este misterio del amor de Dios es Pablo. Este misterio es el que nos ha hecho formar parte de la Iglesia… El servicio de la transformación del mundo se da cuando estamos dispuestos a morir por el mundo. Cuando aceptamos el estilo de Cristo hasta dar la vida para que el mundo se convierta… Sólo por el camino del amor es posible un mundo mejor”, enfatizó el Obispo.

Actuación del Coro Polifónico
Finalizada la Santa Misa, se presentó el Coro Polifónico, dirigido por la profesora Cecilia Cola, cuyos integrantes ofrecieron un bello repertorio para el deleite del público presente, que retribuyó con cálidos aplausos la brillante actuación.
Además de este espacio cultural, hubo momentos para degustar un sabroso locro, servido en los mesones ubicados en el amplio predio adyacente a la capilla, que permitió a los peregrinos y a los vecinos del lugar compartir momentos de confraternidad.

Agradecimiento
Por su parte, el Pbro. Oscar Tapia, responsable del Equipo de Animación Bíblica de la Pastoral, responsable de los actos de clausura del año dedicado al Apóstol de los Gentiles, agradeció a quienes contribuyeron a la concreción de esta actividad, entre ellos a la comunidad de San Pablo, al párroco de la zona, al director provincial de Transporte, al director del Servicio Penitenciario provincial, y los propietarios de vehículos particulares, por su disposición para el traslado de las personas que se sumaron esta manifestación de fe, en torno a la figura Pablo.