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Carta Pastoral con ocasión del Centenario de la Diócesis



¡Estimados Hermanos y Hermanas en Cristo!
1.- Por la gracia de Dios y la maternal protección de Nuestra Señora del Valle, hemos llegado a nuestros primeros cien años de vida diocesana. Te Deum laudamus, te Dominum confitemur…(A Ti, oh Dios, te alabamos; a Ti, oh Señor, te reconocemos…).


Año Jubilar


2.- Con esta solemne celebración de la Inmaculada Concepción de la Virgen María damos inicio a nuestro año jubilar. *Año de Júbilo porque podemos y debemos alabar y dar gracias al Único y Verdadero Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, por tantos favores recibidos; *Año de Júbilo porque hemos crecido como Iglesia de Jesucristo con un marcado sello mariano que nos distingue en medio de tantos pueblos de la Patria y del mundo; *Año de Júbilo porque tantos hermanos y hermanas sueñan con verse libres de ataduras materiales y espirituales, estructurales y subjetivas por medio del arduo y fecundo camino de la conversión y la experiencia del perdón fraterno; *Año de Júbilo porque con toda la Patria vamos a celebrar el Bicentenario en Justicia y solidaridad; y, *Año de Júbilo porque juntos como hermanos, con generosidad y creatividad, queremos ser una ‘Iglesia discípula-misionera’, atractiva ‘casa y escuela de comunión’ y verdaderamente ‘samaritana y cordial’.

Los contenidos del Año Jubilar


Profesión de fe eclesial en Jesucristo
3.- En este año Jubilar deberemos realizar una profunda, convencida, responsable y duradera profesión de fe en Jesucristo: ‘Camino, Verdad y Vida; Dios, Hermano, Amigo, Maestro y Salvador de todos los hombres’; y, a la vez, internalizar la índole eclesial de nuestra fe, por medio de una comunión afectiva y efectiva con el Papa Benedicto XVI, fundamento visible del Cuerpo Místico de Jesucristo, la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.
Discípulos-misioneros de Jesucristo
4.- También, la de asumir de un modo permanente el mandato misionero de Jesús: ‘Vayan por todo el mundo y hagan que todos los hombres sean mis discípulos’ (cf. Mt 28,19). Así estaremos en sintonía con lo resuelto en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrado en Aparecida, entre el 15 al 31 de mayo de 2007: ser discípulos-misioneros que lleguemos a todos, empezando por los últimos y excluidos, y llegando con la fuerza del Evangelio a todos los ambientes donde vive y actúa el ser humano, de cualquier raza, cultura y nación.
Estilo evangelizador mariano
5.- Como supe decirles al inicio de mi ministerio episcopal, en este año Jubilar hemos de profundizar y comprometernos a que todos, personalmente y como miembros de instituciones eclesiales y, por qué no civiles, demos un neto corte mariano a nuestra vida cristiano-eclesial. Es decir, que no podemos concebir, en la Diócesis de Catamarca, una vida y compromiso cristianos que adolezcan del estilo evangelizador que vemos en la Santísima Virgen María. Para ilustrarlo me remito a algunos pasajes de las Sagradas Escrituras.: a) Ante el mensaje del ángel Gabriel dirá: ‘Soy la esclava del Señor, que se haga en mí lo que has dicho’ (cf. Lc 1,38), es decir, disponibilidad incondicional para hacer la voluntad de Dios. b) Con premura y ya embarazada irá a ayudar a su prima Isabel, la que exclamará: ‘¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a visitarme? (Lc 1,43). Aquí tenemos un hermoso ícono (modelo) para que todos los bautizados seamos discípulos-misioneros. c) En las Bodas de Caná, al acabarse el vino dirá a Jesús y se lo sigue diciendo: ‘No tienen vino’ (Jn 2,3); cabe acotar que el concepto vino significa hoy: amor, paz, trabajo, alegría, unidad, justicia, inclusión, educación, salud, respeto, vida, esperanza, diálogo, perdón, verdad, fe, compromiso, responsabilidad, lealtad, fidelidad, civilidad, amistad, etc. Asimismo, a los que servían en la fiesta, que ahora somos nosotros, dirá: ‘Hagan lo que Él les diga’ (Jn 2,5). Por eso, mis queridos hermanos, hoy y siempre quien quiera ser un fiel hijo de María, cuando la invoque o la contemple deberá escuchar de sus maternales labios: ‘Haz lo que mi Hijo Jesús  te dice’. d) Por último, junto a la Cruz y ante su Hijo agonizante, escuchará de Él, refiriéndose al ‘discípulo amado’: ‘ahí tienes a tu hijo’ (Jn 19,26). No pudimos recibir mejor herencia, después de la filiación divina, que la maternidad de María.
Vínculo entre evangelización y promoción humana
6.- El año Jubilar nos tiene que hacer ver, de una vez para siempre, el estrecho vínculo que existe entre evangelización y promoción humana. ‘La Iglesia cuando evangeliza, civiliza; y cuando civiliza, evangeliza’. El carácter jubilar con que celebraremos el Centenario nos debe llevar a gestos concretos de liberación según el espíritu bíblico: ‘liberación del pecado’, ‘liberación de esclavitudes y de diversas formas de opresión’ y ‘liberación de deudas injustas’.
       De un modo particular, por ser miembros de la sociedad civil, la vivencia del Centenario de nuestra Iglesia particular nos convoca a trabajar por el Bien Común, erradicando los intereses sectarios y mezquinos que nos vienen dividiendo y enfrentando; y apostando por el diálogo fraterno, respetuoso y generoso para reconstruir una Patria para todos, sin excluidos de ningún tipo.
Festejos y examen de conciencia
7.- Si bien, el Jubileo, con ocasión del Centenario, nos hace pensar en festejos, que debe haberlos, no obstante necesitamos, sobre todo, hacer un profundo examen de conciencia, personal y colectivo, para animarnos al arrepentimiento y a la penitencia por nuestros innumerables y gravísimos pecados, tanto de obra como de omisión. No dejemos de escuchar a Dios que nos dice: ‘Si dicen que no tienen pecado, se engañan a ustedes mismos y la verdad no está en ustedes’ (1 Jn 1,8)... Por cierto, no es la Iglesia, somos sus hijos quienes pecamos y la manchamos; nosotros debemos hacer penitencia y purificarnos, para que Ella resplandezca como la Esposa incontaminada de Jesucristo.
       Hoy, de nuevo, tenemos que hacer nuestras las palabras de Juan Pablo II: ‘A las puertas del nuevo milenio los cristianos debemos ponernos humildemente ante el Señor para interrogarnos sobre las responsabilidades que tenemos en relación con los males de nuestro tiempo, como ser: *La indiferencia religiosa que lleva a muchos a vivir como si Dios no existiera y a conformarse con una religión vaga, incapaz de enfrentarse con el problema de la verdad y con el deber de la coherencia. *La pérdida del sentido trascendente de la existencia humana y el extravío en el campo ético, incluso en los valores fundamentales del respeto a la vida y a la familia. *El haber ido creando una atmósfera de secularismo y relativismo ético. *La cooperación que hicimos a la desbordante irreligiosidad por no haber dado una auténtica y madura muestra de fe que transforma nuestra vida personal y social según los valores evangélicos. Y, por último, *en el escaso conocimiento y puesta en práctica de las enseñanzas del Concilio Vaticano II y otros documentos magisteriales (cf. TMA 36, 12).


La respuesta de la Iglesia de Catamarca


8.- Frente a este panorama nos corresponde dar una respuesta como Iglesia de Catamarca en base a las siguientes coordenadas: 1.- Que nuestra Diócesis se convierta, toda ella, en misionera, para ser fieles al impulso de toda la Iglesia. 2.- Que inspiremos nuestro modo de vivir la fe en el ejemplo de María, para ser fieles a nuestra identidad diocesana.

1º Iglesia Misionera


El acontecimiento de Aparecida
9.- El acontecimiento de Aparecida ha sido para la Iglesia una invitación a renovar nuestro ardor apostólico y nuestro fervor, en clave de misión.

El contenido esencial de la misión
El anuncio de Dios
10.- Por tanto nuestra tarea permanente será “anunciar a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas” (DA 30).

Los agentes de la misión
Discípulos-misioneros
11.- Los cristianos, por y desde el bautismo, tenemos una única vocación discipular y misionera al mismo tiempo: el discipulado nos lleva a la misión y la misión nos modela como discípulos.
Presencia y acción del Espíritu Santo
12.- En esta tarea no estamos solos, todo lo contrario, quien impulsa la misión es el Espíritu Santo. Él nos ayuda a encontrar lo nuevo en lo ordinario, renovando lo cotidiano. Él es quien ‘acompaña a las comunidades diocesanas y parroquiales y a los ámbitos y áreas pastorales en la apasionante tarea de reflotar el celo evangelizador, en el horizonte exigente y comprometido de la pastoral ordinaria’ (NMA 70).

Misión permanente
13.- La Misión que propone Aparecida no está limitada en el tiempo, sino pensada de forma tal que después que se inicie continúe, que sea una misión permanente.
        Por tal motivo fue madurando la necesidad de una “conversión pastoral” y un estilo misionero en toda actividad pastoral ordinaria. Así la misión no aparece como punto de partida, sin tener en cuenta el camino anterior, sino que potencia y renueva lo que se viene haciendo.
Signos de contradicción
14.- El anuncio integral de la verdad de Jesucristo es y será siempre “signo de contradicción”. Hoy abundan modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y dignidad del hombre. Por ello, la tarea misionera nos exigirá coraje y espíritu profético, conscientes de que la fe deberá engendrar modelos culturales alternativos para la sociedad actual.
Conversión pastoral
15.- Si hablamos de “conversión pastoral”, es porque reconocemos que hubo “errores, infidelidades, incoherencias y lentitudes” pastorales que hay que abandonar para que la transmisión del Evangelio sea más fecunda. Ello exige del misionero, la acogida cordial, la disponibilidad, la pobreza, la bondad y la atención a las necesidades de los demás (cfr. Mt 10, 5-10). Por este motivo la ‘conversión pastoral’ tiene que tocar la pastoral ordinaria, empezando por la parroquia, las capillas, las comunidades, la catequesis, la celebración de los sacramentos, las estructuras diocesanas, decanatales, etc.
Abandonar estructuras caducas
16.- Y es allí, en nuestra tarea pastoral ordinaria, donde debemos reconocer que hay “estructuras caducas” y que es necesario abandonarlas, para favorecer la transmisión de la Fe. Es necesario comunicar los valores evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como ésta es presentada (DA 497). Hemos de liberarnos de la explícita o implícita actitud del ‘mantengamos las cosas como están’. ‘Muchas comunidades necesitan despojarse de arraigadas formas de clericalismo, que distraen valiosas capacidades de los presbíteros y de los diáconos, e impiden el despliegue de las energías latentes en el laicado’ (LPNE 41).
Interlocutores de la misión
17.- La “conversión pastoral”, también, pasa por el modo de relacionarnos con los demás, sobre la base de una espiritualidad de comunión que lleva a la santidad, la cual nos permite descubrir al ‘prójimo como un don de Dios para mí’. La riqueza del hermano enriquece al evangelizador. Por tanto, más que hablar de “destinatarios” de la misión, tenemos que pensar en “interlocutores”.
Características de la misión


Relación comunional con el prójimo
18.- El fuerte de la pastoral son los vínculos y las relaciones, a fin de que los programas pastorales no terminen siendo “máscaras de comunión”. Antes de la organización de tareas, importa el “cómo” las voy a hacer, el modo, la actitud, el estilo. Las tareas deben ser herramientas de un estilo comunional, cordial, discipular, que transmite lo fundamental: la bondad de Dios. Luego, no habrá misión si no me relaciono con el prójimo. La misión necesita de la cercanía cordial. Y el desafío, desde esta cercanía, es llegar a todos sin excluir a nadie. La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9).

Plasticidad y agilidad pastoral
19.- En los tiempos que vivimos tenemos que lograr una mayor plasticidad en toda la pastoral y una mayor agilidad en las propuestas pastorales, con tiempos breves, densos y significativos. Evitemos la imagen o sensación de que ‘se secuestra el tiempo a las personas’. La consigna sería: ‘poco, bueno y significativo’, que la gente pueda marcharse con silencio gozoso, y no atosigada de cosas.

Mirar la realidad con espíritu de fe
20.- La relación que une al ‘discípulo-misionero’ con Jesús no es, en primer lugar, de orden intelectual, sino la adhesión a su Persona por la fe. La fe nos libera del aislamiento, porque nos lleva a la comunión: al encuentro con Dios y al encuentro con los hermanos; es un acto de unificación y de responsabilidad hacia Dios y hacia los demás. Y nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica. De allí que debemos partir de una mirada de la realidad con espíritu de fe, sobre todo, en un tiempo en el que la sociedad, en su conjunto, se ha vuelto impersonal, competitiva y hasta despiadada. Nuestro servicio a la dignificación de la vida en Cristo estará en los ejes ‘inclusión - exclusión’; ‘comunión - aislamiento’, puesto que la gente busca y necesita ámbitos de acogida y confianza.

Prioridades
21.- En fin, para que la Misión no quede sólo en un gesto misionero, es preciso que  subraye algunas prioridades, a saber:

a.- La parroquia
22.- Es fundamental poner la mirada en la Parroquia como institución pastoral privilegiada en la tarea evangelizadora. Tendremos que ‘ajustar sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean discípulos-misioneros de Jesucristo en comunión” (DA 172).
        Cada parroquia ha de renovarse en orden a aprovechar sus potencialidades pastorales para llegar efectivamente a cuantos le están encomendados (NMA 72), fortaleciendo, sobre todo, la acogida cordial de quienes se acercan a nuestras comunidades y yendo al encuentro de los más alejados y excluidos.
        Aquí se nos presenta el desafío de pensar en serio una pastoral urbana.

b.- La pastoral bautismal
23.- Todos somos conscientes de la dificultad que existe en la trasmisión familiar de la fe. Por eso, se impone encarar con fuerza una decidida pastoral bautismal. La novedad misionera debe estar en agregar a la preparación pre-bautismal, una pastoral post-bautismal, donde la Iglesia haga visible que se hace cargo de los hijos que engendra, sosteniendo a lo largo de la vida la conciencia de la vocación bautismal de ‘discípulos-misioneros’, por medio de la recepción asidua de los sacramentos y el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios, de Jesucristo vivo, en la Iglesia, que es nuestra casa.
        Ello implica, por cierto, una continua animación bíblica de toda la pastoral.

c.- La Doctrina Social de la Iglesia
24.- Trabajar desde la Doctrina Social de la Iglesia en un camino formativo y de compromiso con la construcción de la sociedad y en especial poniendo énfasis en la pastoral familiar y educativa (cf.NMA 97; HB 32). La misión, desde esta perspectiva, debe ayudar a revertir la carencia importante de participación de los cristianos, y la ciudadanía en general, como agentes de transformación de la vida social, económica y política del país, alentando el paso de habitantes a ciudadanos responsables (HB 34) y ‘saliendo como buenos samaritanos, al encuentro de las necesidades de los pobres y los que sufren para crear las estructuras justas que son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad’ (DA 537) y desde aquí proyectar, “como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos” (HB 5).
      En este contexto tendremos que encontrar nuevas formas de cercanía con los pobres y opciones más decididas por la promoción social, superando el asistencialismo.

d.- Pastoral diocesana de conjunto
25.- Para lograr una diócesis en permanente estado de misión debemos llevar adelante una pastoral diocesana de conjunto. Es el obispo junto a todo el presbiterio, consagrados, consagradas y los fieles laicos, quienes decidimos cuáles van a ser las características de esta misión ya que es un servicio a la Iglesia toda, a la diócesis. Todos: parroquias, movimientos laicales, comunidades educativas en todos sus niveles, pastorales específicas, grupos de lectura orante de la Palabra de Dios, Catequistas, etc., debemos participar con gestos misioneros comunes.
       En este marco urge que tomemos decisiones más valientes en lo que respecta a la administración económica y la comunión de bienes, procurando implementar el ‘Plan Compartir’

2º Ejemplo de María

La presencia de María Santísima
26.- Nuestra ciudad de San Fernando del Valle y la Diócesis de Catamarca han nacido bajo el amparo ininterrumpido de la Santísima Virgen María, en su advocación del Valle. Ella es parte esencial de nuestra identidad como pueblo y como creyentes. Ella estuvo acompañándonos en las buenas y en las malas. Siempre al lado de sus hijos. Con su sencilla imagen morena ha sido, es y será el faro que orienta a las generaciones de catamarqueños que pueblan este bendito suelo. Ella asumió un compromiso de honor a favor nuestro; nosotros hemos de corresponderle con generosidad, valentía y fidelidad, tanto en las horas prósperas como en las difíciles de nuestra historia.

Imitar a María
27.- Por cierto, hoy más que nunca se nos pide que la contemplemos e imitemos como hombres y mujeres de esperanza, como ciudadanos comprometidos con la Provincia y la Patria y como discípulos-misioneros para que todos los hombres en Cristo tengan vida plena.
El ejemplo de su fe sencilla y comprometida, su caridad incansable y creativa y su esperanza viva y alegre tienen que inspirar el cultivo de la fe, esperanza y caridad de cada uno de los bautizados que formamos esta querida Diócesis de Catamarca. Su figura señera es el emblema de nuestra diocesaneidad. Ciertamente cada hijo e hija de este suelo catamarqueño no puede ir hacia Cristo si no es de la mano de nuestra Santa Madre, la Virgen del Valle. Por eso, no pocos trovadores, escritores y poetas han cantado loas, ensalzando a la Bendita entre todas las mujeres, porque Bendito es el fruto de su vientre.


Conclusión


28.- Por último, los invito a que durante todo este año Jubilar recen personalmente, en familia, en el trabajo y en las comunidades la siguiente oración con la que pedimos que Jesucristo sea Todo en  todos y que, bajo el cuidado materno de la Virgen del Valle nos conduzca diocesanamente a ser una Iglesia incansablemente misionera.

Dios y Padre nuestro, impulsados por tu Espíritu hemos llegado a nuestro Centenario, jubiloso encuentro con Jesucristo, tu amado Hijo y nuestro Señor.
+Por Él, con Él y en Él, te bendecimos y te damos gracias por el regalo de la fe cristiana, por el anuncio continuo del Evangelio y por la maternal presencia de la Virgen del Valle.
+Por Él, con Él y en Él, imploramos que perdones nuestras dudas y miedos, nuestras infidelidades y nuestras indolencias.
+Por Él, con Él y en Él, te suplicamos que renueves nuestra condición de ‘discípulos-misioneros’, nuestro original rostro mariano y nuestro compromiso con el Bien Común.
Que esta Iglesia Centenaria dé nuevo vigor a la patria Bicentenaria, y que la Gracia y la Alegría de nuestra Iglesia sea una esperanza para toda la Nación.
En la maternal compañía de la Virgen del Valle, te lo pedimos, Padre, por tu Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
AMÉN


Siglas
Documento de Aparecida (DA)
Tertio Millennio Adveniente (TMA)
Navega Mar Adentro (NMA)
Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización (LPNE)
Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad (HB)