miércoles

Mons. Luis Urbanc, en el Solemne Te Deum por el 25 de Mayo

“Si vivimos las obras de misericordia seremos excelentes ciudadanos, constructores de paz”

El miércoles en horas de la mañana se llevó a cabo el Solemne Te Deum, como parte de los actos por los 206 años de la Revolución de Mayo, que tuvo como escenario el templo parroquial de la Sagrada Familia, ubicado en el barrio Villa Cubas, en la zona sur de la ciudad capital, donde se concretaron los festejos patrios.
La ceremonia religiosa fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, acompañado por el Párroco, Pbro. Daniel Pavón, y contó con la presencia de la Sra. Gobernadora, Dra. Lucía Corpacci, junto con miembros de su gabinete, funcionarios municipales, autoridades legislativas y de las Fuerzas de Seguridad, abanderados y escoltas, quienes brindaron un marco especial a la celebración.
En su mensaje, Mons. Urbanc  expresó: “Nos hemos congregado una vez más para dar gracias a Dios por los 206 años del primer grito de libertad, ese primer grito organizado de querer ser una nación soberana, que se fue gestando progresivamente, hasta concretarse en el Noroeste, en Tucumán, esa independencia real de nuestra Patria hace doscientos años”.

Consideró que hoy “es muy importante hacer un camino de madurez. Es bueno que lo celebremos y estemos dando gracias al Señor porque hubo hermanos nuestros hace doscientos años atrás, y más, que fueron gestando en los siglos pasados ese deseo de querer consolidar un nuevo país con una identidad, fundamentalmente cristiana. Porque aquellos, que han ido consolidando esta gesta han tenido la fe cristiana, han querido pedirle a Dios que les diera la posibilidad de formar una nueva identidad en el mundo”.
Tomando el texto de la Carta a los Gálatas escuchado, el Obispo se refirió a la libertad, indicando que “Jesucristo trae la verdadera libertad al hombre, la libertad de la esclavitud del pecado que nos produce dolores, como el egoísmo, la violencia, las mezquindades, la envidia, la pereza, el odio. Y Jesús vino a liberarnos, y para poder vivir esa libertad nos da
el Espíritu Santo, que es el espíritu del amor”.
En este sentido advirtió que “el gran peligro es caer en el libertinaje, que significa utilizar mal la libertad, es decir que si a esta capacidad que me da Dios de elegir no la pongo al servicio de los demás, se convierte en libertinaje, y volvemos a la esclavitud. Y la peor esclavitud que tiene el ser humano es la que tiene adentro del corazón. Jesús dice en un pasaje del Evangelio de Marcos que no es lo que entra en el corazón del hombre lo que lo mancha, sino lo que sale de él”.
“Nos dice la Palabra de Dios que nos tenemos que hacer servidores los unos de los otros, porque hemos sido liberados, porque hemos sido purificados por el amor de Dios. Y debemos compartir eso con los demás. El amor nunca hace el mal a nadie, siempre hace el bien. El amor busca engrandecer al otro, y nos dice el texto que en nosotros hay una lucha entre la carne, que expresa nuestra debilidad y el espíritu que nos da fortaleza. Los frutos del espíritu son amor, alegría, paz, magnanimidad, afabilidad, bondad, confianza, mansedumbre, templanza”, manifestó.

Continuando con su prédica, el Pastor Diocesano dijo que “tenemos que pedirle al Espíritu Santo que nos dé el don de Ciencia para saber descubrir auténticamente ese camino que nos lleve a poder construir una Patria más justa, más soberana, más inclusiva. Esto solamente es posible si nos apoyamos en los valores en que se apoyaron nuestros antepasados cuando decidieron embarcarse en esta gesta de la independencia. Se apoyaron en los valores cristianos, por eso del Cabildo han ido a la Catedral al Te Deum, lo mismo en Tucumán cuando fue la Independencia, fueron al Te Deum, la gratitud a Dios. Han pedido las luces al Espíritu Santo para saber hacer las cosas bien, y nosotros tenemos que volver
siempre a nuestros orígenes, no podemos salirnos del camino o estaríamos cayendo nuevamente en la esclavitud del pecado”.

Año de la Misericordia
En los tramos finales de su homilía, el Obispo puso énfasis en el Año de la Misericordia, que estamos viviendo a propuesta del Papa Francisco, quien “nos ha pedido que reflexionemos, instalemos en nuestra sociedad que tenemos un Dios misericordioso. Él ha puesto este lema, ‘Misericordiosos como el Padre’, porque Dios Padre es misericordioso”. En este plano afirmó que el Sumo Pontífice “nos ha propuesto algo muy sencillo, que son las siete obras de misericordia corporales y las siete espirituales. Las obras de misericordia corporales son muy sencillas y están al alcance de la mano para que las podamos hacer. Si Dios es misericordioso conmigo yo puedo ejercer esa misericordia con mis semejantes poniendo en práctica dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, visitar a los presos, asistir a los enfermos y dar sepultura a los muertos”.

“Y las obras de misericordia espirituales, que son muy importantes, dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que está equivocado, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y los difuntos. En la medida en que pongamos en práctica las obras de misericordia seremos excelentes ciudadanos. Ese ciudadano construye una Patria mejor, una Patria de hermanos, ése está propiciando que haya un lugar para todos, ése es un constructor de paz. Esto no lleva a la guerra, no lleva al conflicto, no lleva a la descalificación, no lleva a marginar a nadie, todo lo contrario, lleva a incluir, y si queremos tener un Patria hermosa, una Patria acogedora, donde todo el mundo sueñe poder vivir. Esta Patria que ha recibido a tanta gente refugiada, tiene que seguir siempre abierta para albergar al hermano que sufre. Pidamos al Señor un corazón grande para poder acoger a todos los hermanos”, dijo.

Antes de la bendición final, las autoridades presentes y pueblo en general elevaron la Oración por la Patria, en un nuevo aniversario de la gesta de mayo.