El Obispo Diocesano, Mons.
Luis Urbanc, presidió la misa de acción de gracias por el 7° aniversario de su ordenación
episcopal, que fue concelebrada por sacerdotes del clero local y de la Arquidiócesis
de Tucumán.
La celebración eucarística
se llevó a cabo el lunes 10, en el Altar Mayor de la Catedral Basílica de
Nuestra Señora del Valle, y contó con la presencia del Intendente de Capital,
Lic. Raúl Jalil, y su señora esposa, laicos de diferentes instituciones,
movimientos y áreas pastorales, delegaciones gauchas y fieles en general,
quienes colmaron el templo catedralicio.
Durante su homilía, Mons.
Urbanc agradeció a Dios por “este
servicio tan delicado como es conducir toda una diócesis, ser pastor en nombre
de Cristo, Buen Pastor, de esta porción de su Iglesia, la Iglesia de Catamarca.
Y qué hermoso celebrar hoy la Eucaristía a los pies de la Santísima Virgen del
Valle, acompañado por ustedes que han venido a participar de esta santa
liturgia”.
Luego, tomando el texto del Libro
del Levítico leído, explicó que se trata de “un libro que está lleno de leyes que
debe observar ese pueblo que viene peregrinando por el desierto y tiene que
introducirse en la tierra que Dios les ha prometido. Y la primera
afirmación de
este texto es la siguiente: ‘Yo soy Santo, por tanto ustedes, mi pueblo, tienen
que ser santos’. Sencillas palabras, pero comprometedoras. Un pueblo que debe
ser santo porque su Dios es Santo, y esto no dejó de tener actualidad, a tal
punto que San Pedro en su primera carta en la catequesis bautismal que da a los
neófitos, va a retomar este texto. Ustedes tienen que ser santos, como dice la Escritura,
porque Dios es Santo. Es decir que los bautizados, nosotros, los cristianos,
también tenemos que ser santos. Y una vez que se da esta afirmación que tenemos
que ser santos como Dios, comienzan una serie de prescripciones, o mandamientos,
que las conocemos”.
Llamados
a ser santos
Continuando con su predicación,
el Obispo afirmó que “en esta Cuaresma, estamos invitados, más aún estamos
convocados por Jesús a ocuparnos de nuestros semejantes, cada uno en la función
que tiene, en el ámbito donde nos encontremos, tenemos que ocuparnos de los más
necesitados. Y eso significa ser santo. Lo que decía el texto del Levítico,
capítulo 19, versículo 2: ‘Ustedes serán santos porque Yo, su Dios, soy Santo’.
¿Cómo vamos a ser santos nosotros? Dando de comer al hambriento, vistiendo al
desnudo, visitando al enfermo y al preso, dando alojamiento al forastero,
corrigiendo al que está equivocado, saciando la sed de
amor de Dios, que tanta
gente tiene, porque no se trata sólo de que me voy a limitar a las cosas
materiales. Estas palabras hay que interpretarlas también en un sentido
espiritual. Cuántos forasteros hay en nuestra querida Catamarca, que no entran
a nuestro templo porque nos los invitamos, porque no les permitimos entrar,
porque son forasteros. Y necesitan escuchar la Palabra de Dios, participar del
canto, de la alabanza y no los invitamos, los dejamos afuera, a la intemperie.
Lo mismo podemos decir del que está preso, cuánta gente está presa del odio,
del rencor, de la sed de venganza, de la
ignorancia, están presos y no los
vamos a visitar, y no somos capaces de ir a romper esas cadenas que los tienen
aprisionados. Necesitan tener un hermano que les abre una ventana de esperanza
para que cambien. Cuánta gente está enferma del alma y no hacemos nada por
curarlos, enfermos de la mente y tenemos que curarlos, cuidarlos, visitarlos,
tenemos que estar al lado de ellos para que sanen”.
Finalmente, exhortó a todos
a que “nos aferremos a la Cruz de Jesús, porque es el signo más grande de amor
que la humanidad ha podido tener. Dios ha dado la vida en la Cruz por nosotros,
por nuestra liberación, para que nosotros nos podamos ocupar con convicción,
con decisión, en amarnos los unos a
los otros como El nos ama. Que Nuestra
Madre del Valle nos recuerde, nos ayude, haga despertar en nosotros estas
enseñanzas de la Palabra de Dios y ponerlas en práctica todos los días de
nuestro peregrinar por este mundo”.
Continuando con la
celebración, se elevaron las súplicas en la Oración de los Fieles, se consagró el
Pan y el Vino, que luego se dieron como alimento.
Al finalizar la Santa Misa,
el Pastor Diocesano fue saludado por las autoridades presentes y los fieles en
general.