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sábado

Quedó inaugurada la casa de recuperación de jóvenes con adicciones

“Es una obra de la misericordia de Dios” puesta bajo la protección de la Virgen

La soleada mañana del sábado 10 de junio acompañó un acontecimiento de gran trascendencia para la Diócesis de Catamarca y para la sociedad: la apertura de la casa de rehabilitación de jóvenes con adicciones, puesta bajo el patronazgo de Nuestra Señora del Valle, y atendida por la Comunidad Cenáculo, con el apoyo de la Pastoral de las Adicciones Diocesana.
La obra, que comenzó a ejecutarse  el 15 de enero de 2015, fue realizada con el aporte del Papa Francisco en un predio donado por el Obispado de Catamarca, ubicado en el puesto Los Molles, distante a 2 kilómetros y medio campo adentro, antes de llegar a la caminera de El Rodeo, en el departamento Ambato.
En ese amplio predio, rodeado de montañas, y a cielo abierto, se ofició la misa de acción
de gracias presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el responsable de la Pastoral de las Adicciones en Catamarca, Pbro. Antonio Bulacio, el sacerdote belga Michel Gerard, quien acompañará a los jóvenes  en su camino de recuperación, el Pbro. Fabián Nieva, de Tucumán, y varios sacerdotes de la diócesis local.  
Participaron de la ceremonia el Vicecónsul Honorario del Reino de España, Prof. Walter D’Aloia Criado, el Secretario de Seguridad de la provincia, Dr. Marcos Denett, religiosas y miembros de la Comunidad Cenáculo de distintas provincias del país, quienes se sumaron con alegría a esta celebración, miembros del grupo Amigos de Cenáculo de Catamarca, familiares de los chicos en recuperación y ya recuperados, y colaboradores.
Durante su homilía, Mons. Urbanc agradeció a quienes “vinieron de lejos a compartir este momento tan importante para la Iglesia y para el mundo, porque lo que aquí acontece
cambia el mundo, y tenemos que agradecerle a Dios por este don que lo tenía presente desde toda la eternidad. Nosotros somos los que disfrutamos de este don, de esta gracia”, afirmó, remarcando que “ésta es una obra de Dios, porque ha habido personas, desde la Madre Elvira y tantos otros, que han acompañado este proyecto y que lo siguen haciendo para que el plan de salvífico de Dios se vaya haciendo realidad”.
“Agradezco a esta comunidad que comienza acá y van a hacer esta experiencia de aprender a crecer con lo poquito que se les puede ofrecer, porque la terapia para salir de la esclavitud tiene tres patas en este servicio que presta Cenáculo, que son la vida comunitaria en la que Jesús será el centro”, dijo, apuntando que “el gran mal de este mundo es el individualismo, la familia rota, los vínculos sociales rotos, y eso genera las adicciones; la adicción es fruto de individualismo que se vive en nuestros tiempos”.

Y continuó: “La otra pata importante será la oración, orar es hablar con Jesús, el liberador de la humanidad, el que devuelve la dignidad al ser humano; una oración hecha con gozo, metódica, que se hace con tenacidad, venciendo el desgano. La otra pata es el trabajo, que es mancomunado, es el ejercicio de la tarea más importante que Dios le ha dejado al hombre, que es cuidar la Creación. Van a tener un hermoso lugar para encontrarse con la Creación, donde uno puede descubrir la belleza del poder de Dios”.
En otro tramo de su reflexión, manifestó que “estamos abriéndole nuestro corazón a Dios, destinando este espacio de tierra para que aquí haya una comunidad orante y
P. Michel.
laburante, ora et labora; una comunidad, porque Dios es comunidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y la amalgama de una comunidad es el amor, y Dios es amor. Esto es lo que vamos a tener acá, en este rinconcito del mundo, un cenáculo, Jesús y los apóstoles, y donde está Jesús está María”.
Luego recalcó que “esto es una obra de la misericordia de Dios y sabemos que quienes están acá están llenos de El porque lo buscan, lo aman. Esto es una bendición, y la Providencia se hará presente. Aquí está también San José, que es el gran cuidador, que seguro los va a ayudar. María será la mamá de todos ustedes, que los orienta junto con José, para que nunca les falte el pan de la Palabra de Dios y el pan que alimente sus vidas materiales, nunca les faltará el pan del amor de Dios”.
P. Bulacio.
A tono con la línea pastoral de la diócesis, pidió “que Nuestra Señora del Valle, quien debe estar sumamente contenta en el Cielo y con nosotros aquí, nos siga acompañando y así podamos homenajearla en el 2020, celebrando simbólicamente los 400 años del hallazgo de su bendita imagen, que nos acompaña desde hace un tiempo en este valle. Que Ella siempre abra sus manos y con su manto cobije a cada una de las personas que vengan a este lugar”.
Al finalizar la celebración eucarística, dos jóvenes de la comunidad acompañaron el Santísimo Sacramento llevado en procesión por el Obispo y los sacerdotes presentes hasta el sagrario ubicado en la casa, donde recibe la adoración de sus moradores.

PALABRAS
Javier
“Soy feliz porque reencontré mi vida”

Javier es el responsable de la casa y expresó su testimonio ante los presentes:    
“Estoy muy contento, tenemos muchas cosas para hacer en esta casa. Cada uno experimentó el vacío en su corazón y ese vacío sólo lo llenamos con Jesús, quien hoy nos trae acá. Conocí la misericordia y el amor que Dios tiene conmigo. Soy un pecador feliz porque reencontré mi vida. Vine a la Comunidad Cenáculo y me cambió la vida. Todos los días tengo que agradecer este gran regalo, este privilegio de ser parte de esta familia. Me siento amado por Jesús, y lo veo en el amor que ustedes nos brindan. Muchas gracias por haber venido”.
“Andaba detrás de muchas estupideces que me hicieron mal, que me llenaron el corazón de tristeza, y voy llenando ese vacío con la oración. Les agradezco por sus oraciones, sé que hay mucha gente que rezó para que esto sea una realidad, y a seguir rezando porque esto recién comienza y es un camino duro, para los chicos, para los papás, para los amigos. La comunidad está guiada por el Espíritu Santo y eso nos reconforta”.

Pbro. Antonio Bulacio
Una enorme gratitud

“Sólo quiero agradecer a Dios, a la comunidad, a la Madre Elvira, quien dio el ‘sí’ hace treinta y tantos años y fundó esta comunidad, que se extendió por todo el mundo, prestando su servicio a muchos chicos; al Obispo, al Papa Francisco, que nos regaló la casa, a mis hermanos sacerdotes, a los amigos de Catamarca, de Buenos Aires, Tandil, Trelew, Comodoro, que hoy nos visitan; a las autoridades que nos han colaborado, al Vicecónsul; a los padres que han colaborado mucho; también a muchos comercios que nos han apoyado, a mucha gente nos ha dado una mano”.

“Le pido a la gente de Catamarca que nos sigan colaborando, esto recién comienza. La comunidad  es gratuita, tiene 18 chicos catamarqueños en Pilar, en Mercedes, uno en Brasil, dos en Perú, es todo providencia. Chicos que andaban haciendo daño por la droga, hoy están liberados, tratando de salir adelante”.

Padre Michel Gerard
“Soy un sacerdote feliz que busca
entregar vida a los jóvenes”

El sacerdote Michel Gerard es oriundo de Bélgica y acompañará a los jóvenes en este desafío de reconstruir sus vidas. Amablemente compartió su experiencia en la Comunidad Cenáculo y su vocación al sacerdocio.
“Llegué a los 22 años a la Comunidad, después de hacer una peregrinación a Medjugorje, era estudiante, estaba buscando algo más profundo para mi vida y fui a pedirle a la Virgen que me muestre el camino, y sentí en mi corazón el llamado al sacerdocio. Junto con eso encontré la Comunidad Cenáculo, y escuchando los testimonios, vi a la Madre Elvira, los chicos estaban haciendo el recital, eso me iluminó el corazón, sentí un gran deseo de quedarme en comunión con los demás, con los chicos, porque también tenía una gran tristeza en mi corazón. Estaba buscando algo y encontré esta luz de la comunidad, fue la providencia de Dios que me mostró este camino”.
“Ingresé a la comunidad, hice el camino como los otros chicos, y después Madre Elvira aceptó mi pedido de ingresar al Seminario, y antes de ordenarme me mandó junto con un hermano a la Argentina. Estuve en Pilar, Buenos Aires, casi dos años viviendo con los chicos, fue una experiencia muy fuerte. Soy un sacerdote feliz, lo más importante es entregar la vida a los jóvenes; es un milagro de Dios poder ser un instrumento débil en sus manos, porque es de la mano del sacerdote donde los chicos encuentran la fe, sanan sus heridas; es Dios el que sana y a nosotros esos milagros nos hacen muy felices”.
“Tengo la expectativa de que la casa pueda llenarse de jóvenes, que pueda estar llena de vida, que se pueda testimoniar a través de los trabajos que los chicos van a hacer acá, de la huerta, de la fruta, de los animales, de la carpintería, lo que van a hacer para la gloria de Dios. Es un lugar hermoso y se va a alimentar de la presencia de los jóvenes, la sonrisa que van a volver a los rostros de ellos es lo que nos impulsa a abrazar este proyecto”.
“A las familias les decimos que tengan confianza en Dios, en la Virgen María. La Comunidad Cenáculo es muy exigente, pide mucho, más permite a los jóvenes sanar su corazón. Pide mucho a los jóvenes que están adentro, a los padres, participar de los grupos de oración, hay encuentros que se hacen tres veces al año, un camino de resurrección de toda la familia”.

Hna. Verónica
“Es una esperanza ver que
la obra de Dios es posible”

La Hermana Verónica pertenece al Instituto Mater Dei de San Luis, y llegó a Catamarca para participar de la apertura de la casa en El Rodeo. Esto compartió:
“Nuestro Instituto acompaña a la Comunidad Cenáculo, que hemos conocido hace seis años desde Buenos Aires, donde tenemos un convento. Nos gustó mucho la obra y hemos visto plasmado lo que la misericordia de Dios hace en aquel que se deja hacer, y es una esperanza también para nosotras poder estar con estos chicos y ver que la obra de Dios es posible”.
“En nuestra diócesis estamos trabajando con los coloquios, que son reuniones previas que ellos hacen antes de la internación, nos juntamos dos veces por mes, para trabajar con los chicos que tienen esa debilidad y buscan una salida, una ayuda. También atendemos a los papás de los chicos que están en Buenos Aires”.
“En San Luis hace algunos años que estamos trabajando codo a codo con ellos, son unos 7 u 8 chicos y por la gracia de Dios hemos podido rescatar no solamente a chicos que están en la droga sino que han estado en penitenciarías con este mismo flagelo adentro. Acá me encontré con tres chicos que conocía de antes, y la verdad que son creaturas nuevas”.

La Comunidad Cenáculo: Historia
La Comunidad Cenáculo nació el 16 de julio de 1983, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, en la colina de Saluzzo (Cuneo, Italia), por iniciativa de Rita Petrozzi (Madre Elvira). Después de años de espera y oración, Madre Elvira recibió las llaves de una casa abandonada, que abrió para acoger a aquellos jóvenes, que veía vagar tristes y desilusionados por las calles ante las falsas propuestas del mundo, drogados y perdidos. Comenzó esta “aventura” sin seguros materiales, pero con la única gran certeza de la fidelidad de Dios y con la intuición profunda de que lo que buscaban estos jóvenes no era algo, sino Alguien: ¡el rostro del Padre! Eran cada vez más las personas que pedían ayuda, por lo que surgió la necesidad de abrir más casas, primero en Italia y después en diferentes países del mundo. Se abrió así, de par en par, un horizonte misionero inesperado y nunca programado. Con el pasar de los años, se formó un grupo de personas de varios países que, sostenidas por el mismo carisma inspirador, caminaban juntas “de las tinieblas a la Luz”. La primera aprobación de la autoridad eclesiástica como asociación de fieles tuvo lugar en la fiesta de Pentecostés de 1998. El 16 de julio de 2009, el Consejo Pontificio para los Laicos decretó el reconocimiento de la Comunidad Cenáculo como asociación internacional de fieles.