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sábado

El Obispo llamó a los jóvenes a “ser servidores de los demás, único camino para ser felices de verdad”

En el sexto día del Septenario, el viernes 17 de abril, los jóvenes rindieron su homenaje a Nuestra Madre del Valle durante la misa de las 21.00, presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz; el Responsable de la Pastoral Juvenil Diocesana, Pbro. Lucas Segura; y Sacerdotes Redentoristas que sirvieron en nuestra diócesis.
En el inicio de la celebración eucarística, se proyectó un video con testimonios de jóvenes laicos comprometidos y otros que están en la etapa de formación para una especial consagración, que fue preparado por los integrantes de la Pastoral Juvenil
Diocesana. Un momento que fue seguido por todos los presentes con mucha atención.
Luego continuó la celebración con la proclamación de la Palabra de Dios, a cargo de los alumbrantes, tras lo cual el Obispo se dirigió a la asamblea, en especial a los jóvenes, muchos de ellos pertenecientes a movimientos e instituciones, como también a la Pastoral Vocacional y de ayuda a la formación de los seminaristas, a quienes les dio la bienvenida y rogó a la Virgen que los cobije bajo su manto. También comentó que durante este día rindieron su homenaje con una pequeña peregrinación niños de la escuela primaria y adolescentes de las escuelas secundarias.

Tomando  la lectura de los Hechos de los Apóstoles, que ponía de realce la sabiduría de un rabino, Mons. Urbanc dijo: “Hoy, queridos jóvenes, son muchos los que se proponen luchar contra Dios, cuando persiguen o pretenden marginar a lo privado a la Iglesia y a la misma fe con sus valores y moralidad propia”, frente a esta realidad, afirmó que “ustedes tienen el desafío de hacer una correcta, liberadora y dignificadora elección, a ejemplo de este sabio rabino que supo poner ante todo pensamiento a Dios y su señorío”.

“Busque a los sabios para descubrir la verdad”

Siguiendo con su exhortación a los chicos expresó: “Ustedes ya tienen que tomar decisiones profundas y trascendentales para su vida; no les conviene conformarse con un estilo de vida anodino, licuado e inconsistente, dependiendo de la moda reinante. Lo peor que les está pasando es que no se dan cuenta que son como una pluma llevada por el viento y a eso le llaman ser ‘auténticos’ o ‘tener personalidad’. Cuando se den cuenta ya será tarde… Les aconsejo que busquen a los sabios y con ellos descubran la verdad, cuanto antes, porque la vida es corta y no tiene segundas vueltas”.
En otra parte de su predicación, el Pastor Diocesano resaltó: “A lo que están invitados por Jesús, el único Sabio con mayúscula en la historia humana, es a ser servidores de los demás. Es el único camino para ser felices de verdad y para siempre. Jesús los convoca al servicio como acabamos de escuchar en el evangelio”.
Al comienzo de la Liturgia de la Eucaristía, simbolizando el lema del Año de los Laicos: “Vengan también ustedes a trabajar a mi viña”, representantes de movimientos e instituciones juveniles fueron colocando sobre una estructura metálica, que simulaba las ramas de la viña, las hojas de la planta confeccionadas con cartulina donde escribieron las peticiones para esta celebración. Luego acercaron las ofrendas particulares y los dones del pan y del vino, que fueron depositados en el altar para su consagración.
Luego de la comunión, el Obispo y los presbíteros concelebrantes se ubicaron delante de la Sagrada Imagen, para cantarle junto al pueblo reunido en el templo catedralicio, que recibió la bendición final.


TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA

Queridos devotos y peregrinos:
                                                              En este sexto día del septenario rinden su homenaje los jóvenes, por eso están presentes miembros de la pastoral juvenil y de movimientos e instituciones afines, también de la pastoral vocacional y de ayuda a la formación de los seminaristas. A todos les doy mi cordial bienvenida y que la Virgen María los cobije siempre bajo su manto.
            La temática que se meditó a lo largo de esta jornada nos hacía reflexionar sobre el rol de los laicos en la viña del Señor. Vamos por partes.
            En la lectura de los hechos de los apóstoles se ponía de realce la sabiduría de un rabino, Gamaliel, contemporáneo a Jesús y los apóstoles, incluso fue uno de los maestros de San Pablo durante su juventud cuando se estuvo formado en Jerusalén. Hoy diríamos un laico muy respetado por los demás y miembro del alto tribunal, llamado Sanedrín. Éste se puso en pie y emitió su sabia opinión acerca de cómo obrar en el caso de los apóstoles que no paraban de anunciar en todas partes y a cualquier hora la maravilla de la Resurrección de Jesús y del poder que ésta daba a quienes creían en Jesús. Su consejo consistió en partir del sentido común, que lamentablemente se ha vuelto lo menos común en nuestros tiempos. Él aconsejó: “No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer es proyecto humano, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra el mismo Dios” (Hch 5,38-39).
            Hoy, queridos jóvenes, son muchos los que se proponen luchar contra Dios, cuando persiguen o pretenden marginar a lo privado a la Iglesia y a la misma fe con sus valores y moralidad propia: la ciencia, la técnica, los gobiernos, los grandes centros de poder, los laboratorios farmacológicos, la justicia, las leyes positivas, diversas religiones, la cultura, el dinero, el placer, la visión inmanentista de la vida, los diversos tipos de adicciones, el consumismo, la impiedad, la ignorancia y por cierto que detrás de todo esto está el mismo demonio, que no para de hostigar. Ustedes tienen el desafío de hacer una correcta, liberadora y dignificadora elección, a ejemplo de este sabio rabino que supo poner ante todo pensamiento a Dios y su señorío.
            Por otro lado, a ejemplo de los apóstoles, si están apoyados en Dios y Él es lo único importante en sus vidas, estarán dispuestos a recibir todo tipo de injurias, desprecios y marginaciones. Y en medio de estas calamidades se sentirán dichosos por haber recibido la gracia de padecer por el nombre de Jesús (Hch 5,41) y seguir enseñando y anunciando la Buena Noticia.
            Ustedes, queridos jóvenes, ya tienen que tomar decisiones profundas y trascendentales para su vida; no les conviene conformarse con una estilo de vida anodino, licuado e inconsistente, dependiendo de la moda reinante. Lo peor que les está pasando es que no se dan cuenta que son como una pluma llevada por el viento y a eso le llaman ser ‘auténticos’ o ‘tener personalidad’. Cuando se den cuenta ya será tarde… Les aconsejo que busquen a los sabios y con ellos descubran la verdad, cuanto antes, porque la vida es corta y no tiene segundas vueltas. Quien se equivocó por caprichoso, por no querer escuchar, por creer sabérselas a todas, porque quiere echar la culpa a los otros de sus males, no tiene remedio, ‘va al pisadero’ o ‘retortero’.
            A lo que están invitados por Jesús, el único Sabio con mayúscula en la historia humana, es a ser servidores de los demás. Es el único camino para ser felices de verdad y para siempre. Jesús los convoca al servicio como acabamos de escuchar en el evangelio. Cada uno de ustedes hoy es el apóstol Felipe, a quien Jesús le pregunta: ¿Dónde compraremos pan para darles de comer? (Jn 6,5). Seguro que Felipe le habrá dicho a Jesús: “¿Señor, supongo que es una cargada?”, “¿no me lo estarás diciendo en serio?” “¡Vos sabes que guita no tenemos, y con la misidura que hay en la bolsa, ni qué hablar para tanta gente!”… (ésta suele ser la situación de los jóvenes, máxime cuando prefieren siempre depender de los padres como si fueran un mini banco y tener la escusa para no generar recursos y para no comprometerse).
            No obstante, Jesús va para adelante, no lo frenan las evasivas y cómodas excusas. Y así se encuentra con alguien que busca sumar, el apóstol Andrés, que si bien no es él que pone, pero si hace participar a un niño que puede aportar cinco panes y dos peces. Los niños no son calculadores, sencillamente hacen. Y esto produce milagros.
Jesús no se enoja con los desaprensivos, sino que los hace participar: “Hagan sentar a la gente…. Distribuyan los panes y los pescados…. Recojan lo que sobre” (cf. Jn 6,10-13). Es aquí donde Jesús se dirige hoy a ustedes, los jóvenes: Él les permite que lo sigan con la curiosidad propia del que está buscando un sentido a la vida; Él los invita de repente a ser servidores; ustedes arrugan ante la inesperada propuesta de no jugar en la vida, sino de tomarla en serio, es decir, de tirarse a la pileta, de jugarse; Él quiere un respuesta positiva y generosa, ¡ya!, porque hoy hay que cubrir una necesidad, no mañana,…el eterno mañana, que nunca llega,… y cuando les caen las fichas, el tren ya se fue y los lamentos son inútiles.
Por tanto, hoy, en nombre de Jesús, los invito a que vean con el corazón a la multitud de jóvenes que están a su alrededor buscando algo en Jesús y lo acompañan, pero el mundo los va consumiendo, debilitando y desorientando. A ellos los envío para que les den de comer el Pan de la Palabra de Dios y el pescado del ejemplo de una vida coherente de ustedes. Con la entera disposición de ser cada uno de ustedes uno de esos cinco panes o dos pescados que el Señor toma totalmente y reparte como si fuera el mismo que se parte y reparte para que el mundo tenga Vida en Él. Así los estoy convocando a decidirse por dejar todos sus proyectos personales, que no son más que signos de que no se fían realmente de Dios, para caminar detrás de Jesús como hombres y mujeres consagrados a la Misión que el Padre le confió al Hijo y que la continúa en y por la Iglesia hasta el fin del mundo en todos los continentes del mundo.
Pongamos todo esto en el corazón de nuestra Madre del Valle para que lo presente ante su amado Hijo en bien de todos. Y que Ella custodie y promueva las vocaciones de especial consagración dentro de nuestra Iglesia.
¡¡¡Nuestra Señora del Valle!!!  ¡¡¡Ruega por nosotros!!!