domingo

Mons. Urbanc en la Misa Solemne de las fiestas marianas

 “Que la Virgen conceda a los laicos la fortaleza, la claridad y el gozo de anunciar la presencia operante del Reinado de Dios”

Esta mañana, el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc, presidió la Misa Solemne de las festividades en honor a Nuestra Madre del Valle, en el altar mayor de la Catedral Basílica, acompañado por sacerdotes de Capital y del Interior de la Diócesis de Catamarca.
La ceremonia se llevó a cabo con la participación de fieles devotos y peregrinos, que colmaron el Santuario Mariano para tributarle honores a la Madre Morena.
En su homilía, el Obispo recordó que “esta celebración acontece a cuatro meses de haber dado inicio al Año Diocesano dedicado a los Fieles Laicos, o sea, a ustedes”, mencionando la cita bíblica “Vayan también ustedes a trabajar a mi viña”, mandato de Jesús que fue elegido como lema para este año, en la Asamblea Diocesana.
Refiriéndose al tiempo pascual que vivimos los cristianos, Mons. Urbanc afirmó que “la resurrección de Jesús es el fundamento para diagramar una lucha frontal contra el pecado. Y cuando se ha vuelto a pecar, tener la certeza de que Jesús es nuestro defensor ante el
Padre Eterno, pues es la Víctima ofrecida para la remisión de los pecados de todos. Pero para ser beneficiarios de esta gesta salvífica de Jesucristo, tenemos necesidad de conocerlo. Y lo conoceremos en la medida en que cumplamos sus mandamientos. Por eso, Juan afirma que todo aquél que no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y el amor de Dios no ha llegado a su plenitud”.
En otro tramo de su predicación, resaltó parte de su carta pastoral con ocasión del Año de los Laicos, en el marco de la Misión Diocesana Permanente, en la cual expresa que “dentro del Misterio del Pueblo de Dios y procurando indicar la raíz sacramental de su condición, el fundamento de su incorporación a Cristo y a la Iglesia, y su apostolado característico, podemos decir que
‘fieles laicos’ son aquellas personas que, habiendo recibido la gracia del bautismo y estando por ello plenamente incorporadas a Cristo y a la Iglesia, poseen como vocación propia y específica buscar el Reino de Dios, transformando las realidades temporales según Cristo”.
“Según san Juan Pablo II, los laicos son plenamente Iglesia, por lo que no pueden considerarse a sí mismos ni pueden ser considerados cristianos de segunda o como meros destinatarios de la acción evangelizadora; y son también plenamente Mundo, por lo que deben involucrarse en las realidades temporales con las que su vida está entretejida, asumiendo toda realidad verdaderamente humana como algo propio, conocido y amado”, afirmó.
También pidió “a la Santísima Virgen del Valle que derrame abundantes gracias divinas sobre todos los laicos que aún no se percatan de la sublime vocación que tienen desde el día de su bautismo, y que les conceda a ustedes que la honran en esta Misa la fortaleza, la claridad y el gozo de anunciar la presencia operante del Reinado de Dios”. Además, rogó “que las familias de ustedes sean auténticas y generosas promotoras de las vocaciones sacerdotales, misioneras y consagradas”.
Luego de la liturgia eucarística, el Obispo veneró a la Santísima Virgen del Valle ante su trono y dio la bendición final a todos los presentes y a quienes participaron de la Santa Misa a través de la transmisión en directo de Radio María.


TEXTO COMPLETO DE LA HOMILIA


Queridos devotos y peregrinos:
                                                              Nuevamente estamos culminando con esta Santa Misa solemne las honras que le debemos a nuestra Madre del Valle.
            Hoy es tercer domingo de Pascua, en el que todo nos habla de Cristo Resucitado y de los efectos que esta realidad produce en aquellos que de verdad creen que Él está vivo y operante en el mundo por medio de la Iglesia.
            Esta celebración acontece a 4 meses de haber dado inicio al Año diocesano dedicado a los Fieles Laicos, o sea, a ustedes.
            La carta pastoral que les he dirigido comienza así: “El Reino de los Cielos es semejante a un propietario, que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña.
Habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia las nueve de la mañana, vio a otros que estaban en la plaza desocupados y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’… Así al mediodía y a media tarde… Todavía salió a eso de las cinco de la tarde, vio a otros que estaban allí, y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día parados?’ Le respondieron: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Y él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña” (Mt 20,1-7), (n° 1). Este mandato de Jesús fue elegido como lema para este año, en Asamblea Diocesana.
Y continúo: “Del Señor nace la apremiante y amorosa invitación dirigida a todos sus discípulos a participar en su misión evangelizadora y en la edificación el Pueblo de Dios, obrando según la diversidad de ministerios y carismas, pero en unidad de mente y corazón” (n° 2).
En el contexto de la Resurrección del Señor, la Palabra de Dios nos enseña que todo bautizado debe ser un testigo de la victoria de la Vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado. En la primera lectura escuchamos el tenor de la predicación de san Pedro a sus paisanos, esos que enviaron a la muerte a Jesucristo a pesar de que Pilato había resuelto dejarlo en libertad. Es muy fuerte en la acusación, pues les achaca que renegaron del Santo y del Justo, pidiendo a cambio la libertad de un homicida. Sin embargo, Dios resucitó de entre los muertos a Aquél que no podía ser retenido en el reino de la muerte, y que él y otros eran testigos de este acontecimiento único en la historia de los hombres. Que esta verdad no podían callarla pues todos debían conocerla a fin de ser salvos por la fe. Esta gracia de la resurrección es la que cura a los enfermos y resucita muertos. Sólo el hecho de la resurrección puede fundamentar que una persona adhiera a Jesús por medio de la fe, que esté dispuesto a cualquier tipo de sufrimiento por Él y que se disponga al camino de la conversión por medio de la penitencia.
La resurrección de Jesús es el fundamento para diagramar una lucha frontal contra el pecado. Y cuando se ha vuelto a pecar, tener la certeza de que Jesús es nuestro defensor ante el Padre Eterno, pues es la Víctima ofrecida para la remisión de los pecados de todos. Pero para ser beneficiarios de esta gesta salvífica de Jesucristo, tenemos necesidad de conocerlo. Y lo conoceremos en la medida en que cumplamos sus mandamientos. Por eso, Juan afirma que todo aquél que no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y el amor de Dios no ha llegado a su plenitud.
Es interesante notar cómo el saludo de Jesús resucitado de ahí en más será: “La paz esté con ustedes” (Lc 24, 37). Puesto que Él restableció la paz entre Dios y los hombres. Cobra mayor relieve el saludo por el contexto que origina el saludo. Los discípulos se encuentran profundamente perturbados, no pueden creer lo que están viendo y oyendo: el Maestro está allí, bien vivo e infundiendo vida en los creyentes. Y dejándoles la consigna que también ellos están llamados a ser testigos de su victoria por medio de la resurrección
De igual modo, cada uno de nosotros, ha de asumir esta peculiar tarea de anunciar la presencia actuante de Cristo resucitado por medio de nuestro renovado modo de vivir, dispuestos a amar a los demás como Cristo nos ama.
Volviendo a la carta pastoral, allí digo que ‘dentro del Misterio del Pueblo de Dios y procurando indicar la raíz sacramental de su condición, el fundamento de su incorporación a Cristo y a la Iglesia, y su apostolado característico, podemos decir que “fieles laicos” son aquellas personas que, habiendo recibido la gracia del bautismo y estando por ello plenamente incorporadas a Cristo y a la Iglesia, poseen como vocación propia y específica buscar el Reino de Dios, transformando las realidades temporales según Cristo’ (n° 10).
“Según san Juan Pablo II, los laicos son plenamente Iglesia, por lo que no pueden considerarse a sí mismos ni pueden ser considerados cristianos de segunda o como meros destinatarios de la acción evangelizadora; y son también plenamente Mundo, por lo que deben involucrarse en las realidades temporales con las que su vida está entretejida, asumiendo toda realidad verdaderamente humana como algo propio, conocido y amado” (n° 13,b).
Por último, le pidamos a la Santísima Virgen del Valle que derrame abundantes gracias divinas sobre todos los laicos que aún no se percatan de la sublime vocación que tienen desde el día de su bautismo, y que les conceda a ustedes que la honran en esta Misa la fortaleza, la claridad y el gozo de anunciar la presencia operante del Reinado de Dios. También le roguemos que las familias de ustedes sean auténticas y generosas promotoras de las vocaciones sacerdotales, misioneras y consagradas.
¡¡Nuestra Madre del Valle!!   -  ¡Ruega por nosotros!!