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domingo

Bajo una persistente llovizna, miles de devotos y peregrinos rindieron tributo a la Virgen Morena

Este domingo 10 de abril, las calles del centro de San Fernando del Valle de Catamarca fueron escenario de una multitudinaria y colorida manifestación de amor a la Santísima Virgen, en su advocación de Nuestra Señora del Valle. Bajo una persistente llovizna, fieles devotos y peregrinos caminaron junto a la Sagrada Imagen, en una expresión de amor incondicional a la Reina del Valle.
La Solemne procesión, que marcó el cierre de las festividades marianas, estuvo enmarcada por grandes acontecimientos: el Año Diocesano del Compromiso Cívico y Ciudadano, dentro de la Misión Diocesana Permanente, el 125° aniversario de la Coronación de la venerada Imagen de la Virgen del Valle -que se cumplirá este 12 de abril-, los 100 años de la construcción del Camarín de Nuestra Madre Morena -que celebraremos
el 5 de mayo próximo-, el XI Congreso Eucarístico Nacional, que se realizará entre el 16 y el 19 de junio en Tucumán, en el Bicentenario de la Independencia argentina, y el Año Jubilar de la Misericordia convocado por el Papa Francisco, que motivaron reflexiones especiales durante la realización de la procesión.
La ceremonia, que tiene una tradición de siglos, dio inicio a las 18.00 con la salida de la Imagen de la Santísima Virgen en brazos del Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanč, acompañado por el clero diocesano, desde el presbiterio hasta el atrio del Santuario, donde recibió el emocionado saludo de las delegaciones de peregrinos, misachicos, parroquias, instituciones civiles y eclesiales, que pasaron frente a la Madre Morena rindiéndole un cálido y emocionado homenaje. Entre cantos y vivas se desplazaron por Sarmiento continuando por República hacia el oeste.
Poco después, Mons. Urbanč colocó la Sagrada Imagen en la urna adornada con flores, para dar inicio a la Solemne Procesión. El Obispo se encolumnó junto con los sacerdotes del clero catamarqueño, y de otras diócesis que llegaron para estas fiestas, religiosas y seminaristas para caminar junto a la Madre del Valle.

Desde Casa de Gobierno, se sumaron a la marcha procesional la Gobernadora de Catamarca, Dra. Lucía Corpacci; el Intendente de la Capital, Lic. Raúl Jalil, junto a miembros de sus respectivos gabinetes, autoridades legislativas provinciales y municipales, judiciales y de las fuerzas de seguridad.
Durante todo el recorrido se meditó sobre el compromiso cívico y ciudadano de los cristianos, rescatando fragmentos de la Carta Pastoral del Obispo Diocesano, se rezó por la Patria en el Bicentenario de su Independencia, se contemplaron los misterios gloriosos del Santo Rosario y se meditó profundamente sobre la misericordia de Dios, tomando palabras del Papa Francisco.
La alegría del encuentro con la Madre se expresó a través de los cantos acompañados por los aplausos, que se hicieron sentir a lo largo del trayecto, que comprendió calle República hasta el Paseo General Navarro o Plaza de la Coronación (La Alameda, actualmente en remodelación), regresando por San Martín, Rivadavia y República hasta el Paseo de la Fe.
Durante la marcha procesional, la Reina y Señora de este Valle recibió homenajes de gratitud, pedidos, alabanzas y muestras de profundo amor. Luego de girar alrededor de la plaza 25 de Mayo, fue recibida por la Banda de Música de la Policía de la Provincia, entre pañuelos al viento, vivas pronunciados entre lágrimas de emoción, oraciones y cánticos.
Ya frente a su Santuario fue traslada desde la urna procesional hasta su trono. Allí presidió la parte final de los actos, con el mensaje de cierre del Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanč, la entonación del Himno Nacional, el arriamiento de la Bandera argentina y la bendición papal.

El momento culminante se dio cuando el trono con la venerada Imagen fue trasladada hacia el interior del templo catedralicio, desde donde fue llevada de regreso a su Camarín, donde día a día sigue exhortando a todos sus hijos que amen y sigan a Jesucristo, Nuestro Señor.

Mensaje de Mons. Luis Urbanč

¡Gracias Bendita Madre del Valle! ¡Muchísimas gracias! te dicen todos tus devotos y peregrinos que a lo largo de este septenario te vinieron a visitar para verte, saludarte, agradecerte, suplicarte, confiarte sus vidas y renovarte su cariño y filiación. ¡Cuánto te emocionará vernos reunidos en torno
a Ti, venidos de todas las latitudes de nuestra patria! ¡Bendícenos y acógenos para que podamos ser alegres testigos de tu Hijo Resucitado para tantos que aún no lo conocen, o lo ignoran, o son indiferentes o directamente lo rechazan!
La pertinaz llovizna de estos días no nos ha asustado, todo lo contrario la hemos tomado como una especial y constante bendición desde tu corazón de Madre. Estamos convencidos que has obtenido del Buen Padre Dios una lluvia de bendiciones y favores para toda nuestra Patria, que mucho necesita de la ayuda divina para ir superando tantos obstáculos que la tienen sumida en la postración, sin poder lograr la tan anhelada reconciliación nacional; la tan necesaria calidad educativa; la justa y generosa distribución de los bienes para que cada
argentino pueda vivir sin sobresaltos y angustias; la inclusión de todos a los beneficios de la salud, el trabajo y la vivienda; la vida digna y tranquila de nuestros ancianos; la estabilidad afectiva y espiritual de los esposos; el cuidado y la dedicación responsable en relación con los hijos por parte de los padres, ayudados por todos los actores de la sociedad; el respeto por el Bien Común; el cumplimiento de los deberes para con la familia, la patria, el trabajo, las obligaciones cívicas y religiosas, y el cuidado del medio ambiente y, por ende, de la tierra de la que obtenemos los alimentos y el agua, que en muchos lugares ya se ha vuelto un elemento escaso o, lo peor de todo, contaminado… La lista es más larga, pero Tú sabes mejor que nosotros el orden prioritario de nuestras necesidades, así que lo dejamos en tus manos para que nos ayudes a ir encarando los problemas con la confianza puesta en Dios y ofreciendo lo mejor de nosotros mismos.

Madre querida del Valle, te pido de corazón, que acompañes a todos los peregrinos para que vuelvan seguros y reconfortados a sus lugares de origen. Que al llegar a sus hogares encuentren a los seres queridos y vecinos en paz, y les comuniquen las gracias recibidas en estos días de oración en tu tierna compañía. Por eso, Madre, dales tu bendición, asegúrales tu cuidado y líbralos de todo mal de cuerpo y alma. Así sea.