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Mons. Urbanc en el homenaje del Ambito de la Cultura a la Virgen

“La fe es luz que ilumina y penetra el sentido profundo de la vida humana”

El jueves 7 de abril, en el quinto día del Septenario en honor a Nuestra Madre del Valle, rindieron su homenaje funcionarios provinciales y municipales de la Cultura, el Ministro de Gobierno de Catamarca, Dr. Gustavo Saadi, miembros de la SADE, la SALAC y la Junta de Estudios Históricos, Damas Belgranianas, Instituto Sanmartiniano y de Cultura Hispánica, representantes de bibliotecas públicas y museos y a la Asociación Catamarqueña de Buenos Aires.

En su homilía, Mons. Urbanc afirmó que “la fe en Jesús, el creerle a Él y seguirlo, nos descubre esa otra dimensión de la vida humana: la ‘trascendencia’, lo que está más allá de las cosas de este mundo, la vida eterna. Pero también la fe nos acerca esas realidades a este mundo porque la fe es luz que ilumina y penetra el sentido profundo de la vida humana; la fe es esa sabiduría del Espíritu que ayuda a discernir entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, lo verdadero de lo falso; la fe es esa fuerza que robustece al creyente para dar testimonio de Jesús; la fe crea convicciones profundas que difícilmente se doblegan ante los poderosos ya que el creyente ha descubierto que no hay nada más cierto y seguro que Dios y obedecerle a Él por encima de los hombres es lo más importante y
beneficioso. La fe es ‘el tesoro escondido’ y ‘la perla preciosa’ de que habla el Evangelio por la que uno da todo lo que posee por conseguirla, incluso la propia vida, como los mártires”.

En otro tramo remarcó que “la vida eterna no es algo sólo para el más allá; la vida eterna es ya ahora “la levadura” que transforma la masa; nos cambia a cada uno por dentro y cambia la sociedad también. La vida eterna la empezamos a vivir aquí y ahora y tendrá su culminación en el más allá. Por eso los cristianos ‘no somos del mundo, pero estamos en el mundo’ para ir transformando este mundo en ‘la tierra nueva y el cielo nuevo’ de que habla el libro del Apocalipsis. Jesús vino a este mundo no para condenarlo sino para salvarlo, pero desde dentro; la revolución de Jesús se da al interior de las personas. Él comenzó su predicación diciendo ‘conviértanse’, convencido de que si la persona cambia, el entorno también mejora”.