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domingo

Mons. Urbanc en la misa de homenaje de los medios de comunicación social

“Le pidamos a la Madre del Valle que nunca abandonemos la alegría pascual”

En la noche del sábado 2 de abril, rindieron su tributo a Nuestra Madre del Valle, los medios estatales y privados de comunicación social, tanto televisivos como gráficos, digitales y radiales; voluntarios de Radio María y Comunicadores de María, y miembros de la Pastoral Diocesana de Comunicación Social.
La Santa Misa fue presidida por el Obispo Diocesano, Mons. Luis Urbanc; el Rector del Santuario Mariano, Pbro. José Antonio Díaz; y el Asesor de la Pastoral Diocesana de Comunicación Social, Pbro. Marcelo Amaya.
Los trabajadores de los medios de comunicación social y voluntarios, junto a sus familias, ingresaron procesionalmente al templo catedralicio, y en la parte inicial de la
celebración se leyó el decreto de creación de la Pastoral de la Comunicación Social de la Diócesis de Catamarca, con el nombramiento de los miembros del Primer Equipo de Pastoral de la Comunicación Social: Alvaro Barrionuevo (coordinador), Adriana Romero (sub-coordinadora), María Eugenia Villagra (secretaria), Adriana Cuello (sub-secretaria), Eugenia Arrosas, Carlos Díaz, Sergio Arévalo, Rocío Bulacios y Orieta Vera (vocales), a quienes se exhorta a “asumir con espíritu cristiano y eclesial esta nueva función, fomentando en sí mismos un gran amor a la sociedad, de la cual están llamados a ser sal que conserve los valores de hoy y de siempre, luz que aclare el camino de la peregrinación del hombre y fermento de una vida que se nutra de lo antiguo y de los nuevo en la continua renovación

del mensaje eterno de salvación”.
Durante la misa, los alumbrantes proclamaron la Palabra de Dios, leyeron la oración de los fieles, acercaron las ofrendas al altar y guiaron la ceremonia.
En su homilía, Mons. Urbanc dijo que luego de la Resurrección “los discípulos estaban atemorizados por lo sucedido con Jesús y por lo que podría sucederles a ellos. No cuesta imaginar esos rostros tristes y angustiados, esos corazones dolidos y desesperanzados. La situación era por demás agobiante y dramática pues habían perdido sus trabajadas ilusiones y malogrado sus prometedores proyectos.
Pero se les aparece Jesús Resucitado, de ahora en más el Señor, dándoles la Paz que estaban necesitando para cambiar esos sombríos rostros y reconfortar sus heridos corazones, insuflando confianza y esperanza”.
Y continuó afirmando que “la Paz es maestra de vida, encauza y orienta los sufrimientos y hace que nuestros ojos vean a Dios en lo cotidiano y que descubran al Dios de la Vida. Esta Paz posibilita que no caigamos en la patológica duda de Tomás: si no veo, no creo, si no toco, no creo, es decir, ser presa de la tiranía de los sentidos. En Tomás no había paz, sólo duda,
sospecha y miedo. El miedo es una enfermedad muy común del corazón humano que paraliza por completo, anula e impide amar de verdad y con plena libertad”.

“A la luz de estas palabras, aliento en particular a todos los sacerdotes, y les pido a todos que recen, a seguir el ejemplo del santo cura de Ars o del Beato Brochero, quienes supieron en su tiempo transformar el corazón y la vida de muchas personas, pues les hicieron percibir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio semejante y un testimonio tal de la verdad del amor. Así haremos cada vez más familiar y cercano a Aquél que nuestros ojos no han visto, pero de cuya infinita Misericordia tenemos absoluta certeza. Y a la Virgen María, Madre del Valle, le pidamos que sostenga la misión de la Iglesia y que nunca abandonemos la alegría pascual”, expresó el Obispo.